Shakespeare y Brecht en el Teatro Romea

|


Teatro   El rey Lear

El rey Lear - Pablo-Ignacio de Dalmases


Los clásicos, son para cualquier director teatral, como los monólogos para los intérpretes: una prueba de fuego. No es fácil hacer digeribles a un público de hoy aquellos dramas de los siglos XVI y XVII en los que intervenían numerosos personajes y se desarrollaban en tres o más actos. Todo ello sin contar con que el lenguaje, los sentimientos y las reacciones se manifestaban de forma harto diferente a como lo hacemos ahora mismo. Sin embargo, en aquellas obras subyacen temas y personajes intemporales que, despojados de la superficialidad de las formas y el vestuario, son expresión de un espíritu humano que no ha cambiado a lo largo de los siglos. Hay, eso sí, que prescindir de lo accesorio y traducir o adaptar el lenguaje, el ritmo y la escena para que el

espectador contemporáneo disfrute como lo hacían los que iban a ver aquellas obras en las corralas.


Todo hace pensar que Ricardo Iniesta es un profesional valiente. Lo ha demostrado a lio largo de una brillante ejecutoria profesional alfombrada de proyectos arriesgados, como cuando se propuso dirigir “La casa de Bernarda Alba” con ocho mujeres de etnia gitana. Fundador de la compañía Atalaya, que ha recorrido numerosos países, se ha asentado con sus artistas durante una brevísima temporada en el teatro Romea para ofrecer dos de sus producciones: “El rey Learde Shakespeare y “Madre Coraje” de Bertolt Brecht. Dos clásicos, sin duda, uno moderno y el otro, contemporáneo. Dos nuevos retos.


En el primero, el comediógrafo de Strafford on Avon quiso tratar de la relaciones familiares en las que, bajo la apariencia de un amor que es fruto de la consanguinidad, subyacen con harta frecuencia decisiones desacertadas delos progenitores y pasiones, intereses e ingratitudes por parte de algunos – no todos- descendientes. La versión de Shakespeare -y decimos versión porque de la historia o leyenda de Lear hubo relatos precedentes- se desarrollaba en cinco

actos que Iniesta ha convertido en un solo de algo menos de dos horas de duración. En “Madre coraje” Brecht, un debelador de las guerras y los enfrentamientos armados, quiso criticar -situando la acción dramática en la guerra de los treinta años- los intereses bastardos de carácter económico que se ocultan tras los combates y en los que gentes desaprensivas se benefician del conflicto mientras los combatientes se juegan la vida en los campos de batalla.


Iniesta ha tenido que reelaborar los textos originarios y los ha transformado en dos montajes arriesgados en los que los nueve intérpretes que intervienen tienen que ejercitar una asombrosa versatilidad interpretativa. Por una parte, diciendo textos que en ambos casos son broncos y desapacibles, desgarrados e hirientes. También cantando cuando se tercia y, en todo caso, moviéndose por el escenario con soltura coreográfica que no está exenta de gestos y acciones arriesgados e incluso violentos, lo que les exige un extraordinario esfuerzo físico. Deben, además, ejercer de utilleros del espectáculo y, por tanto manejar, trasladar, colocar, a veces incluso maltratar los sucintos elementos escenográficos -un carromato en “Madre Coraje”, nueve mesas bajas alargadas en “El rey Lear”- en un juego escénico complicadísimo pero que se ejecuta con precisión matemática.


Dos espectáculos rotundos, capaces de crear desasosiego pero, a la vez, de

maravillar al espectador.

Sin comentarios

Escribe tu comentario




He leído y acepto la política de privacidad

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes. Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
AHORA EN LA PORTADA
ECONOMÍA
Leer edición en: CATALÀ | ENGLISH