La oscura vida de Sigmund Freud: obsesión por la cocaína y sexo con su cuñada

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Sigmund Freud dedicó su vida a explorar los sentimientos de las personas, hizo de ello una nueva ciencia y, sin embargo, nunca lo supo aplicar consigo mismo. El padre del psicoanálisis nació hace 65 años y vivió durante 83, dejando este munto justo cuando estalló la Segunda Guerra Mundial. 


Freud estuvo casado con Martha Bernays, una mujer que siempre recordó con una sonrisa al científico hasta el día de su muerte. Pero la vida que tuvo que vivir junto a Freud no fue nada fácil: no pudo mantener relaciones con él desde que cumplio 40 años, ya que el decidió que nunca más volvería a tener contacto sexual con su mujer, con quien había tenido seis hijos. Ya no quería tener riesgo de tener más descendencia, y se negó incluso a usar los métodos anticonceptivos de la época. 


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Sigmund Freud - Wikipedia


Sin embargo, no tener relaciones con su mujer no significó que se pasara la castidad. La hermana de Martha Bernays, Minna, también vivía en casa de los Freud, y se acabó convirtiendo en la pareja sexual del científico. 


Hasta ahora todo habían sido rumores, pero hace cinco años Franz Maciejwski, sociólogo de la Universidad de Heidelberg, descubrió, y así lo reprodujo el diario alemán Frankfurter Allgemeine, que el 13 de agosto de 1898, en la zona alpina de Suiza Oriental, Sigmund Freud, de 42 años, se alojó en la habitación 11 del hotel Schweizerhaus, del pueblo de Maloja, junto a Minna Bernays.


En Austria, sin embargo, la historia no llamó la atención de la ciudadanía. La periodista Cornelia Vospernik, de la televisión austríaca reveló: “En Viena es un secreto a voces que Freud tuvo relaciones sexuales con su cuñada. Es parte de la leyenda local y no sorprende a nadie”.


UNA RELACIÓN ESTRECHA CON LA COCAÍNA


Siguiendo con sus esfuerzos para hacer algún descubrimiento que pasara a la historia, Freud se acercó a una sustancia que ahora es considerada una droga, pero que anteriormente se usaba en medicina: la cocaína. 


 “He estado leyendo acerca de la cocaína, el componente esencial de las hojas de coca que algunos indios mastican para poder resistir las privaciones y dificultades. Un alemán la ha estado empleando para sus soldados, y ha informado que, en efecto, aumenta la energía y la capacidad para la resistencia”, aseguró entonces el filósofo. Freud buscaba comprar cierta cantidad de cocaína para probarla con enfermos cardíacos o de agotamiento nervioso.  


Pidió una cantidad a la farmacéutica Merck, de Darmstadt, pero era carísima. Entonces decidió comprar solo un gramo y probarlo él mismo. Según describe, su mal humor se había trastocado en alegría y que tenía la sensación de haber comido bien, sin disminuir la energía con la que encaraba su trabajo.


El entusiasmo de Freud fue en aumento. Al considerarla una “droga mágica”, la ofreció a su mujer, Martha, “para hacerla fuerte y dar color rojo a sus mejillas”. También a sus amigos, a sus colegas y a sus pacientes. 


Pronto la comunidad científica empezó a ver que la cocaína no era tan buena y se publicaron informes sobre su potencial adictivo. Entonces Freud, uno de sus principales defensores, fue acusado de haber desatado sobre el mundo lo que sus críticos llamaron “el tercer azote de la humanidad”. Freud abandonó las experiencias con la cocaína, aunque la usó en sí mismo cuando el cáncer lo puso entre la espada y la pared.


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