“La vida en pedazos”: un puzle musical sobre la vida familiar

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No es necesario recurrir a grandes escenarios con aforos gigantescos para hacer teatro musical. Basta un tema atractivo, un buen libreto con sus correspondientes canciones y una música pegadiza. ¡Ah! Y también unos intérpretes que se muevan con soltura y sepan no sólo hablar, sino también cantar con una mínima dignidad. Esto es algo que saben muy bien en el Teatro Gaudí, uno de los locales de pequeño formato que ha demostrado una acreditada devoción por estos espectáculos musicales con algunos títulos memorables.


Teatro   La vida en pedazos

Justamente en el Gaudí se acaba de presentar un nuevo montaje titulado “La vida en pedazos”. Bien puede considerarse fruto de un trabajo de creación colectivo porque la idea fue de la productora “Suerte en mi vida producciones”, el libreto de Sergio Toyos, autor también de las letras de los cantables con la colaboración de Didac Flores que es, además, autor de la música y de Xenia Reguant, que ha ejercido a su vez como directora. El resultado de estos esfuerzos ha sido una comedia dramática musical cuyo núcleo argumental gira en torno a los conflictos que implica la vida en familia.


Los responsables explican que este “espectáculo nace de su necesidad de explicar el modelo de familia que han conocido desde la infancia”. En efecto, bajo la aparente normalidad de la convivencia entre una madre depresiva, su hija y el hijo varón que está pendiente de decidir su futuro porque se le ofrece la oportunidad de obtener un trabajo en destino lejano, surgen las tensiones, e incluso los secretos ocultos que tratan de emerger cuando muchas veces parece que lo mejor es no lo hagan. La vida de los cuatro protagonistas -el último es el novio de la chica, al que corresponde ejecutar la música de las canciones-, resulta ser lo más parecido a un puzle, el encaje de cuyas piezas exige conocer la adecuada colocación de cada una de ellas.


Si la creación fue coral, la interpretación también exige un tratamiento análogo y un ritmo trepidante. La estructura de la sala grande del Gaudí permite que la escena se sitúe en el centro de la sala y que las cuatro esquinas sean los forillos por los que los intérpretes, Marta Ribera, Marc Flynn, Clara Altarriba entren y salgan según lo va exigiendo el desarrollo de la acción dramática, mientras Flores permanece sobre el teclado. Como de lo que se trata es de materializar de la forma más verosímil posible las relaciones que se establecen en la intimidad familiar, ello hace que el tono y el clima de la comedia dramática tenga que ir variando desde los momentos de mayor fuerza afectiva a los de más trepidante carácter dramático. Puede que en algunas circunstancias el tono vocal sea excesivamente alto o que la interpretación de algunas canciones no permita captar perfectamente el texto de las mismas, pero son detalles accesorios que se disculpan con facilidad. Cabe añadir que el desarrollo actoral se complementa con algunos elementos audiovisuales que contribuyen a subrayar la acción dramática.


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