Tívoli: reaparición del Ballet de Moscú con “El lago de los cisnes”

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En el mundo del espectáculo hay valores seguros capaces de concitar la respuesta favorable del público invariablemente… siempre que se pongan en escena con dignidad. Y esto es lo que hace el Ballet de Moscú de Timur Fayziev, un hombre formado en el ballet estatal de la capital rusa, que formó parte de la compañía del Bolshoi moscovita y que en los años ochenta fundó primero su propia academia y luego el elenco que lleva su nombre. Con ella y llevando un repertorio que incluye los principales títulos de la danza clásica, va recorriendo países y ciudades, aunque ha hecho de Barcelona una de sus escalas más seguras pues son varias las ocasiones en los que hemos visto a su troupe en alguno de los teatros del grupo Balañá.


Dalmases

Pablo-Ignacio de Dalmases


Cuando parece que se empieza a superar ese año nefasto en que la pandemia obligó a restringir, cuando no a interrumpir, toda actividad cultural, el Ballet de Moscú reaparece en Barcelona con su tradicional versión de “El lago de los cisnes” según la coreografía inmortal de Petipà. Al frente, en los papeles estelares de la función, Cristina Terentiev y Aleksander Petrichenko; ella grácil, elegante e inspirada intérprete del cisne blanco/negro; él, con una sólida fortaleza que combina con una extraordinaria agilidad, que le permiten ejecutar tanto los bien coordinados pasos a dos con su partenaire, como a deslumbrar con algunos sorprendentes cabriolés. Lamentamos no disponer de los nombres de todo el elenco, porque nos hubiera gustado destacar también la actuación del arlequín, impecable en sus divertidos, y a la vez ágiles, movimientos, que demuestran una exigente preparación.


Con estos mimbres no es difícil colegir que el público que asistió a la presentación -e imaginamos que también el que acuda a las funciones que van a tener lugar hasta el 13 junio-, disfrutó de lo lindo y aplaudió con entusiasmo prácticamente todas las piezas de la obra cuyos cuatro actos ha agrupado Fayziev en dos partes.


Si se nos permite apuntar un único punto crítico, sería el referido a la utilización de unos decorados y fondos que no contribuyen en modo alguno a realzar la belleza de la danza porque son francamente extemporáneos, más propios de un folletín de Fola Igúrbide de principios del siglo pasado que de un espectáculo del siglo XXI. En la danza, incluso en la clásica, no es necesario más que una buena iluminación y unos fondos neutros, acaso meramente indicativos o sugeridores. Lo demás, sobra.


Cabe añadir que el Ballet de Moscú está desarrollando una turné de año y medio de duración por diversas plazas con el título de “Dance again tour” (“Volver a bailar”) con la que pretende demostrar su espíritu de supervivencia y la plena recuperación de normalidad después de la época aciaga que le ha -nos ha- tocado vivir.

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