Reaparición de Lolita Flores en Barcelona con “Llévame hasta el cielo”

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El mejor premio que puede recibir un artista es la afección incondicional de su público y ciertamente Lolita Flores la consiguió con su reaparición en el Teatro Apolo de Barcelona. Esta vez ha cambiado de local ya que en ocasiones anteriores estuvo actuando en el Goya, pero ello no fue obstáculo para que sus admiradores -incluido su amigo Ángel Llácer- la arroparan con motivo del estreno de “Llévame hasta el cielo”, una comedia Nacho Llorente que ha dirigido Juan Carlos Rubio.


Bien, hemos dicho comedia, pero habida cuenta de su duración, poco más de sesenta minutos, más bien cabría clasificar esta obra como un “paso de comedia” o “pasillo”, tal como se decía en el lenguaje teatral tradicional. Pero ahora los textos dramáticos han acomodado su duración al de la dramaturgia audiovisual y de ahí esta duración más acorde con los gustos y preferencia de los públicos contemporáneos.


Llorente ha jugado con un espacio cerrado, el interior de un ascensor -bien que, por exigencias de la escenografía, en este caso, de caja bastante, por no decir muy, grande- en el que se encuentran un hombre, Marcelo, que trata de subir hasta el ático con el fin de ultimar a su mujer y a un amigo y Ángela, una sofisticada dama cargada de bolsas, por lo que supone que acaba de regresar de compras y que, por lo que parece, sabe bastante sobre la vida de la persona con la que ha quedado fortuitamente recluida. Dos seres, pues, enfrentados en este cubículo a los que una avería obliga a permanecer mucho más tiempo del imaginado. A partir de ahí, el autor juega con elementos fantásticos, tales el hecho de que la alusión siquiera circunstancial al demonio resulte siempre conflictiva y sobre todo el fenómeno de trasposición de identidades, en virtud del cual en un momento dado los dos intérpretes, Lolita Flores/Ángela y Luis Mottola/Marcelo, trastocan sus respectivos roles por el del otro.


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Dice el autor que “quizás, a primera vista, el holograma no sea demasiado evidente, pero detrás de Ángela y de Marcelo, hay varias reflexiones complejas sobre el concepto de libertad desde múltiples perspectivas. Las distintas imágenes de la historia, en superposición, harán que el espectador pueda crear sus propias imágenes sobre una fantasía que, en realidad, se encuentra en la rutina de nuestro día a día, en los telediarios y en las búsquedas personales”.


Comedia, paso de comedia y juguete cómico-dramático, con inserciones románticas, porque todo acaba bien, como debe ser, “Llévame hasta el cielo” es un entretenimiento que permite el lucimiento de sus intérpretes y en particular la demostración de su versatilidad actoral, todo ello actoral sin más complicaciones y sin más objetivo que el de entretener al público, algo siempre muy loable.


Más información en www.teatroapolo.com


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