“El arte de crecer”: Juanmaricón reivindica con humor la condición gay

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“Soy un gay adolescente activista, con dependencia emocional de internet y adicto a la cultura pop y al vino. Me gusta mucho el perreo, el arte, dormir, la música, la fiesta, ser un zorrón de calidad e identificarme como máximo exponente de la juventud contemporánea. En cuanto a mi vida, una maldita trampa. Todos los días me tiene que pasar una desgracia que sólo se soluciona con otra peor”, dice Juanma o, como el propone que le llamemos, Juanmaricón, autor de “El arte de crecer”. Diríase, con este proemio, que la existencia de dicho autor es un cúmulo de infortunios, pero no es así porque “aunque todo me salga como un mojón y viva cogido de mano de la ley de Murphy, vivo contento gracias a la mejor droga: el humor”.


Un libro que llega muy oportunamente en estas fechas en que se recuerda el incidente provocado por la policía de Nueva York en 1969 en el bar Stonewall que dio origen al nacimiento del orgullo gay y de la reivindicación de la diversidad sexual, algo que pareció provocativo en un principio, pero que hoy se ha convertido en plenamente aceptado a nivel jurídico y, en buena medida, también social… al menos en el primer mundo. Porque, valdrá la pena recordarlo aquí y ahora, todavía hay países donde la diferencia es perseguida e incluso puede costar la vida y, sin ir más lejos, en la misma España todavía se dan con harta frecuencia lamentables agresiones callejeras.


El arte de crecer   dalmases

Juanmaricón no nos invita a teorizar y a ponernos solemnes, sino a tomarnos la diversidad con cierto distanciamiento y esto es lo que hace en este libro que es eminentemente gráfico. El autor describe situaciones que pueden ser intrascendentes, pero que siempre sirven para expresar sentimientos y sensaciones y de manifestar la alegría, pero también los problemas, de vivir en nuestro tiempo desde una perspectiva desacomplejadamente gay. Todo ello va complementado con comentarios, a veces irónicos, otros críticos, en ocasiones optimistas, pero también en algunos casos desesperanzados (“El dolor y la tristeza se convierten en tu mayor fuente de inspiración” o “Si las paredes hablasen, las de mi cuarto recitarían poesía de mis llantos y de mis momentos de alegría”).



Por todo ello la obra de Juanmaricón resulta creíble, veraz y representativa de una nueva forma de ver, desde la más rabiosa adolescencia, la diversidad sexual sin traumas, sin hipocresías y sin inhibiciones.



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