“Papel”, una novela de Ruiz Mantilla sobre el paso del periodismo de papel al digital

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“Hay poderes políticos y económicos que actúan como vampiros e intentan chupar la sangre de los periodistas humillándonos y provocando dramas personales que han devaluado una profesión esencialmente vocacional”.


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Se dice que “no hay peor cuña que la de la misma madera” pero no tiene por qué ser cierto en todos los casos. Al menos entre los periodistas, entre los que siempre hay un hálito de complicidad gracias al cual el ejercicio de la misión informativa en relación con un compañero suele resultar una experiencia grata. Cual ha sido el caso del encuentro con Jesús Ruiz Matilla, autor de una novela titulada telegráficamente “Papel” (Galaxia Gutenberg).


Ruiz Matilla explica muy bien lo que es esta novela en el mismo texto del libro en la voz de unos de sus personajes: “No es un thriller, ni una novela de acción con periodistas. Esta es la historia de una transmutación sin rumbo. De una lucha entre el bien y el mal en medio de la época que nos había convertido hacia un sano relativismo y que de repente se vio atrapada entre dos términos absolutos. Este es el testimonio de la muerte de una forma de entender el oficio y la constatación de un nuevo camino de incertidumbres en el que se juega nuestra forma de vida, nuestras libertades”.


El autor ha pretendido reflejar la crisis que vive nuestra profesión común que ha estado motivada por varias concausas. Una inicial, que puede situarse en la crisis económica general de finales de la primera década del siglo actual. Pero también otras más específicas: la superación de un sistema económico que acabó con muchas cosas, la transformación del modelo empresarial y, en fin, la irrupción de internet. Este tránsito implica “la pérdida de nuestra independencia a manos de unos poderes políticos y económicos que actúan como vampiros e intentan chuparnos la sangre humillándonos y provocando dramas personales que han devaluado una profesión como la nuestra que es -¿o era?- esencialmente vocacional”. No es la menor humillación la de tener que aceptar retribuciones de miseria. Le recuerda a través de Luz Perea, la antigua becaria que logra que la contraten el diario “El Plural” y se manifiesta muy satisfecha porque le han consignado un sueldo de 1.200 euros. “Je, je -me dice Jesús-, pues no han faltado compañeros que han leído la novela y me han comentado que aún les parece ¡mucho dinero…!”


Consciente de que todo autor tiene que reflejar de alguna manera sus propias vivencias, le pregunto por si en “Papeles” hay muchas experiencias propias. Así es: “si es que no me he inventado casi nada, me he limitado a disparatar desde una base que muy real y he vivido, gozado y sufrido; aunque, claro está, la trama es en su conjunto imaginada”.


Denuncia que el mayor peligro que tenemos que afrontar los periodistas es el imperio de las noticias falsas, eso que ha venido en denominarse “fake news”. “A mis años he relativizado muchas cosas, he tratado de afrontar la realidad sin prejuicios, pero rechazo con absoluta firmeza la facilidad con la que se divulgan esos bulos que pretenden pasar como verdades. Porque además difundir una mentira es muy rápido, pero restablecer la verdad es algo muy lento”.


Me intereso por la forma en que compatibiliza los dos oficios, el de periodista y, por tanto, el de relator de la vida real y el de novelista o narrador de ficciones. “Los combino sin dificultad. De hecho, siempre estoy trabajando a la vez en un reportaje y en una novela, aunque en este segundo género ciertamente me desenvuelvo con mayor libertad porque no tengo obligación de ajustarme con rigor a la realidad. En ambos casos me pregunto siempre dos cosas: lo que voy a hacer (la ética) y cómo lo voy a hacer (la estética)”. Además “se habla mucho del “nuevo periodismo”, pero yo creo que no fue inventado por los norteamericanos de los años sesenta sin que para mí fue obra de Chaves Nogales treinta años antes. Esa es la tradición en la que yo bebo porque en ella hay frescura, belleza y libertad. Chaves no distinguía entre uno y otro género, entre periodismo y literatura”. No ha sido el caso de todos los que han cultivado uno y otro género y a Ruiz Matilla se le escapa calificar a Umbral de “farsante”.


Todavía le falta sorprendernos con la revelación de que siempre toma como referencia de su obra la poesía. “Un titular puede ser un verso” nos dice y añade que “en un tiempo de eufemismos y manipulaciones, el lenguaje poético es la clave del poder de la palabra en sus múltiples significados y de la belleza en sus formas de expresión”. A sus alumnos, porque también es docente, les obliga a leer poesía.


¿Ha podido reflejar en este libro todo lo que quería sobre el oficio periodístico? “No, ¡qué va! Es más, cuando releo la novela me enfado conmigo mismo porque detecto que falta cosas que me hubiera gustado explicar o reflexiones que me hubiera gustado formular”. Termina diciendo que “es ésta una novela oscura y cargada de pesimismo, aunque no sé cuál es la razón de que haya ocurrido así. El mundo que rodea a los personajes es oscuro, aunque por suerte en ellos se todavía se puede detectar el talento y el romanticismo de este oficio”.

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