miércoles, 22 de septiembre de 2021

Doblete teatral en la Villarroel: “Començar” y “Sólo llamé para decirte que te amo”

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El teatro contemporáneo ha asumido algunas servidumbres procedentes de otros medios, particularmente del televisivo. Una de las más importantes es la duración de los espectáculos. Aquellas obras interminables de cuatro o cinco actos del teatro clásico que con el tiempo quedaron en tan sólo dos con descanso intermedio, han pasado a la historia y ahora casi no las hay que se prolonguen más allá de 90 minutos sin interrupción. La consecuencia es que, en algunos casos, hemos recuperado una antiquísima institución del XIX: el teatro por horas. Es decir, aquellos locales que ofrecen más de una función de poco más de sesenta minutos de forma sucesiva y en una misma jornada.


Dalmases

@Pablo-Ignacio de Dalmases


Bien, no hemos llegado al exceso del teatro Apolo madrileño, que durante los años de la Restauración ofrecía hasta cuatro funciones -la famosa “cuarta”, de madrugada- pero algunas salas barcelonesas sí programan dos títulos simultáneos. Ahora mismo es lo que ocurre en la Villarroel, donde se ofrece la versión catalana que Pau Carrió hizo del diálogo de David Eldridge “Començar” y la comedia de Nelson Valente “Sólo llamé para decirte que te amo”. La primera en turno ajustado al horario hoy convencional, es decir a las ocho de la tarde y la segunda, a las diez y cuarto.


Dijimos que la obra de Eldridge es un diálogo porque, en efecto, se trata de un texto con dos únicos intérpretes, chica y chico, Laura (Mar Ulldemolins) y Dani (David Verdaguer), aunque quizá haya otro que no tiene presencia física, pero sí figurada y muy reiterada en la acción dramática, un tal Javi que es quien ha hecho posible el encuentro entre los dos protagonistas. Dani permanece en el piso de Laura cuando ha acabado la fiesta inaugural de dicha vivienda y sin que se sepa muy bien la razón. A partir de ahí se desarrolla una trama en la que los dos van descubriendo los recovecos de sus respectivas personalidades.


Dice Carrió, seguramente con el propósito de explicar la intención del autor, que “últimamente demasiadas cosas se han tenido que interrumpir, detener, dejar pasar, perder, terminar... Estamos donde estamos, llenos de todos estos finales. Pero corren rumores, hay quien dice, que quizás se acerca, por último, el principio de la de esta larga cadena de males. No lo saben del todo, no hay más unanimidad, ni el éxito asegurado, pero hay unas cuantas voces que contagian la creencia de que ahora es la hora; de retomar, de arrancar, de recuperar, de ganar ... ¡Ahora, ya! En este preciso instante, ahora mismo. Ahora, es la hora de empezar. Empezar de nuevo. Llenos de todas las heridas, los dudas, con el paso cruzado, sin estar preparados y en contratiempos si es necesario. Quién sabe, antes de empezar, si era o no el buen momento para hacerlo. Aunque no las tengamos todas, venciendo el miedo, aunque nos tiemble el pulso de la voluntad ¡vamos!”.


No sé si esta explicación les dejará las cosas claras, que lo dudo, pero lo cierto es que sobre el escenario todo discurre parsimoniosamente con un diálogo que con frecuencia nos hizo recordar los de Armando Matías Guiu. Observen éste en el que hablan los dos protagonistas:


“-Oye, ¿tú tienes coca?

-No, no tomo ¿Por qué? ¿Tú tienes?

-No, no, es que yo tampoco tomo”


Entonces ¿por qué lo preguntas? cabe interrogarse…. Me llamó poderosamente la atención la función que ejercen los numerosos y no siempre breves momentos de silencio y me quedó la duda de si son fruto de la prescripción expresa del autor o de la iniciativa del adaptador y director. A destacar la larga parrafada de Laura, en la que expresa con notable hondura dramática e incluso lírica la necesidad de encontrar compañía, o acaso mejor compañero con quien superar su soledad y alcanzar la ansiada maternidad.


La segunda sesión estuvo dedicada a “Sólo llamé para decirte que te amo” de Néstor Valente. Un montaje surgido de la iniciativa ”El 25 va a tu casa” realizada en el barrio de Villa Urquiza de Buenos Aires para promover espectáculos susceptibles de ser desarrollados en diferentes espacios, incluso en el propio hogar. El que nos ocupa trata de las tensiones propias de toda relación familiar, sobre todo cuando la madre acaba reencontrando sorpresivamente un viejo amor porque, como explica el autor y director, “lo que marca la esencia de esta obra es la atmósfera de las acciones cotidianas y el desgano «chejoviano» que reina en el ambiente”. Todo ello plasmado con una estética realista. A diferencia de “Començar”, este montaje no repara en el aspecto actoral, puesto que hay siete intérpretes, aunque se aproveche -por fuerza- casi el mismo el decorado del anterior.

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