Ilusionismo y transformismo en el Teatro Aquitania

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En tiempos pretéritos se denominaban “altas variedades” a aquellos espectáculos caleidoscópicos que incluían la ejecución de diversas especialidades teatrales o parateatrales. Podían constituir el contenido global de un espectáculo de teatro ser el complemento que ofrecían, tras la proyección de las películas, algunos cines. Estas fórmulas han desaparecido, pero no así las especialidades propiamente dichas que, en muchos casos, han adquirido singularidad propia. Y así ahora hay, por ejemplo, espectáculos completos de ilusionismo o de transformismo, por poner dos ejemplos.


Dalmases

@Pablo-Ignacio de Dalmases


Buena prueba de ellos es el que ofrece los jueves en el Teatro Aquitania Gerard Borrell. A diferencia de otros magos, Gerard huye de los grandes aparatos y opta por una magia cercana de la que, además, hace partícipe activo al público. También resulta destacable el hecho de que no lo fía todo al efecto sorprendente de las manipulaciones, sino que las subraya con un hilo interpretativo que hace que el espectáculo sea mucho más completo y pueda ser definido como un “show de magia y comedia” en el que el “ único propósito interestelar de este showman desvergonzado y provocador es "liarla parda" y, por ello, no es imprescindible haber estudiado, porque aquí no hay exámenes, ni universitarios frikis, ni juegos de rol; sólo se requiere un público predispuesto a todo, con ganas de pasarlo bien y, sobre todo, reír sin prejuicios”. Y aunque se define como un espectáculo para adultos, añadiríamos que para adultos dotados de una cierta ingenuidad, al menos la suficiente como para dejarse seducir por los juegos verbales y manuales de Borrell. Con una apostilla final: su último número, absolutamente inesperado y desopilante, es todo un feliz hallazgo.


Los viernes y sábados cambia la cartelera del Aquitania y se suben a su escenario “La chicas del coro”. Una verdadera comedia musical de no tan pequeño formato dedicada a hacer disfrutar, en este caso con las canciones de Ferràn González y, por supuesto, a reivindicar el derecho a la identidad de género. Como en toda comedia, hay un hilo argumental que gira en torno a tres drag queen, Cristal, Dina y Leo, que desean triunfar participando en un concurso de talentos que no ganan y se han de conformar en convertirse en coristas de una vedette veterana y semiolvidada, Blanca Tonegra, con la que realizan una turné. Este planteamiento da lugar a toda una serie de situaciones esperpénticas con mucha gracia, mucha pluma, extraordinario sentido de la caricatura, abundante buen humor y dosis ilimitadas de salero, todo ello bajo la dirección de Rubén Yuste. En definitiva, “una comedia musical para una actriz y cinco actores (entre ellos, Las Fernandas, o seaJavier Prados y Joan López Santos, a los que vimos en “Grindr”) pletóricos hasta el culo de brilli brilli, lleno de jiji y jaja y combinado con mucho boom, grrr y ñam ñam donde casi todo es absurdo”.


Todo se desarrolla con un ritmo enloquecido, con sketches muy bien hilvanados con las canciones y con situaciones que obligan a sucesivos y cada vez más increíbles cambios de vestuario, logrando con todo ello hacer que el espectador llegue al final de la obra sin haber pasado un minuto sin dejar de reír, asombrarse o incluso emocionarse.

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