“Donde navega el olvido”: novela de amores y lances de estudiantes calaveras y también de corruptelas burguesas

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Libros.Donde navega el olvido


Fernando de Artacho es un fecundo autor que incorpora a la larga lista de novelas publicadas una nueva titulada “Donde navega el olvido” (Algaida). En una época no claramente definida, pero que cabe presuponer situada en torno a la tardo restauración (hay teléfonos, pero muy pocos automóviles y se viaja principalmente en tren pero subsisten todavía los lances de honor) es decir, cuando España seguía siendo un país eminentemente agrario con ciertas islas urbanas desperdigadas en forma de ciudades de cierta importancia, tres jóvenes coinciden como alumnos en la Universidad de Salamanca. Uno de ellos, procedente de esa misma provincia y de familia hidalga, aunque carente de recursos económicos; los otros dos, primos, ricos por casa, tarambanas y desterrados de Sevilla por sus familias con el propósito de alejarles de las tentaciones de una vida muelle en la capital hispalense.


Quiere el autor que entre ellos surja una sólida amistad que permite al primero relacionarse con la familia salmantina de los segundos y a la postre también con las sevillanas, en las que acaba imbricándose; y que los otros dos protagonicen trastadas y peripecias que les ocasionan numerosos problemas, entre otros un duelo a causa de la discusión surgida en torno a los favores de una bailaora flamenca. La novela describe, por tanto, la azarosa vida estudiantil de tales personajes, sus amores venales y/o imposibles, y lo hace de forma coral puesto que, si bien el protagonista principal es el advenedizo Justo, sus amigos Pablo Y Gonzalo también adquieren un papel destacado en ciertos pasajes del desarrollo de la trama.


Todo ello hace de “Donde navega el olvido” un novela agradable e intrascendente, en la que sin embargo subyace una crítica evidente sobre el caciquismo, el favoritismo y la corrupción imperantes en la clase política y en la burguesía acomodada de aquella época. Dicho esto, el aroma novela romántica no puede evitar -salvadas sean las distancias- el recuerdo de la obra de Corín Tellado, con la diferencia sobre la de la autora asturiana -partidaria de la parvedad narrativa- de que esta alcanza casi el medio millar de páginas. Y ello es debido tanto a la inclusión de numerosos personajes secundarios como a la curiosa tendencia del autor a describir con frecuencia de forma exhaustiva y pormenorizada ambientes, paisajes, decorados o vestimentas. Y desde el punto de vista estilístico, una curiosidad añadida, cual es el frecuente uso de un signo ortográfico minusvalorado por los autores contemporáneos, como es el punto y coma.  

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