martes, 19 de octubre de 2021

Atuendos indígenas, ¿nuestra segunda piel o nuestra segunda Biblia?

Ollantay Itzamná

En Los Andes, al igual que en el resto del mundo, el vestuario de los pueblos fue, es y será, producto del encuentro y desencuentro entre pueblos y culturas.


Anteriormente, aquí, como en cualquier otro lugar, los vencedores impusieron las vestimentas, en buena medida, como códigos de control y vigilancia poblacional (uniforme) sobre los vencidos… No existía pasaportes, DPI, CI…


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Pixabay


Antes, pueblos policromáticos. En las repúblicas, pueblo monocromático


Si durante la colonización europea el vestuario de los pueblos originarios se afianzó en sus particularidades visibles producto del cautiverio comunal obligado, durante la República (segunda Colonia para los pueblos originarios) los estados naciones intentaron borrar las diferencias culturales (incluido vestidos) afianzadas durante la primera Colonia e intentaron convertir en campesinos a todos los y las originarias.


La primera Colonia recurrió a uniformes multicolores, porque por los colores se identificaba quién y a qué finca o hacienda debían ir a servir los originarios. Durante la segunda Colonia, con la finalidad de construir una sola identidad cultural nacional, se impuso la vestimenta campesina (ropa mestiza, prendas simples de un solo color) a las y los originarios.


Los procesos de campesinación de los pueblos originarios fue impulsada en buena medida por los gobiernos/revoluciones liberales en los diferentes países. Los decretos presidenciales Rufino Barrios en Guatemala (en la segunda mitad del siglo XIX), sobre los trajes indígenas, son más que diáfanos al respecto.


Las repúblicas criollas crearon sistemas únicos de registro de personas y extendieron el documento de identidad a todos, en consecuencia, ya no necesitaban del traje diferenciado para controlar a su población. Más por el contrario, para construir la identidad nacional se requería borrar las diferencias y diversidad cultural del país. Hasta que apareció el multiculturalismo y la industria del folclore, en la última década del siglo pasado, y los códigos de vigilancia colonial se “comericializaron” como “piezas esenciales” de las culturas.


El discurso del traje indígena, la segunda piel del multiculturalismo apolítico


Tengamos cuidado con quienes nos dicen que nuestras vestimentas son NUESTRA SEGUNDA PIEL y que ella depende nuestra identidad existencial. No. Nuestra identidad existencial no depende del tejido con el que nos envolvieron o dominaron, sino de la conciencia y defensa política de nuestros territorios.


Durante la primera Colonia, los evangelizadores entregaron a nuestros padres la Biblia, les dijeron: de rodillas cierren los ojos, recen… pero, cuando abrieron los ojos ya les habían quitado los territorios.


Durante la segunda Colonia, las y los culturalistas nos dicen: defiendan el traje, el bastón, el sombrero, el poncho, son “lo esencial” de nuestra identidad, NUESTRA SEGUNDA PIEL, mientras, nuestros territorios continúan cercenados y saqueados por estados y empresas transnacionales que financian el culturalismo.


La diferencia entre los evangelizadores de la primera Colonia y las y los culturales de la Colonia republicana es que los evangelizadores no era ni genética, ni culturalmente de los nuestros. Las y los culturalistas, en muchos casos, son genética y culturalmente indígenas, con títulos académicos, consultoras internacionales…, pero, cuando les invitamos a que se sumen a las luchas comunitarias por nuestra emancipación sociopolítica, simplemente guardan silencio, o nos dicen que «no es el momento porque no tenemos la correlación de fuerzas a favor»…

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