Carles Sans debuta en solitario con “Per fi sol” (Borrás)

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Cuarenta años son muchos y más en el mundo del espectáculo en el que títulos, éxitos, compañías y alianzas suelen ser bastante efímeros, por lo que la continuidad durante cuatro décadas de “Tricicle” constituye, sin duda, una verdadera excepción. Pero todo llega a su fin y también este trio alcanzó un punto en que sus componentes llegaron a la conclusión que su quehacer había llegado a su término. Lo cual no significa que esta decisión fuese el resultado de una crisis o ruptura, sino más bien la interrupción de un ciclo vital o creativo, que no cerraba opciones de futuro.


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Carles Sans /@Elena Infante


El teatro Borrás ha reunido una vez más, al menos durante una noche, a los tres componentes de Tricicle, Joan Gracia, Paco Mir y Carles Sans, aunque lo ha hecho de forma distinta a la habitual: los dos primeros, cómodamente sentados en butacas de platea y el tercero, sobre el escenario para representar durante noventa minutos su primer espectáculo en el que actúa como figura única, el monólogo “Per fi sol.  Parecerá que quien estudió en el Instituto del Teatro -donde conoció a sus otros dos compañeros-, ha trabajado en pistas, escenarios, platós e incluso en la calle, lo tenía todo muy fácil, pero la realidad es algo distinta. En primer lugar, porque Sans ha asumido un rotundo cambio de género, puesto que durante toda la singladura de “Tricicle” dicho grupo cultivó, con extraordinaria calidad interpretativa y lucimiento, el mimo o gestualidad, obviando en cualquier caso el uso de la palabra, salvo, en algunos casos puntuales, en que añadió alguna expresión gutural. Y además porque, por primera vez, sale solo ante el público para desarrollar un monólogo que es, en nuestra modesta opinión, posiblemente el género teatral más difícil de todos.


Carles Sans ha recopilado para tal fin una serie de hechos, detalles, anécdotas y situaciones propias de su vida personal y profesional, con especial referencia a la trastienda de la larga experiencia compartida con Gracia y Mir y lo ha engarzado en un texto que se acompaña, cuando se da el caso, de imágenes conexas proyectadas sobre una pantalla que ejercía de telón. Por supuesto, a lo largo de toda la función Sans acredita su larga experiencia y no deja de moverse por el escenario de un extremo al otro, gira, danza y, en definitiva, mueve su cuerpo y cambia la expresión de sus rostros con absoluta e ininterrumpida facilidad.


Per fi sol”, que ha dirigido José Corbacho, es un espectáculo para hacer disfrutar al público, que ríe moderadamente porque no escucha groserías -aunque Sans utiliza alguna palabra malsonante, bien que de uso hoy común- o responde con una sonrisa complaciente y cómplice. Quizá resulta, en su conjunto, un monólogo un pelín largo, lo que acaso le producirá un cansancio excesivo. Cabe prever, además, que en sucesivas funciones y con menos nervios, irá adquiriendo mayor soltura y tratará de evitar el socorrido recurso de meter las manos en los bolsillos. En todo caso, es una experiencia no exenta de riesgo, pero que demuestra las versátiles capacidades interpretativas de Carles Sans.


Y, en fin, sólo nos resta añadir que el estreno fue una función de lujo, con asistencia de numerosos famosos que pasaron por el obligado “photocall”, algo que en el parvo vestíbulo del Borrás obligó a los compañeros fotoperiodistas a hacer encaje de bolillos. ¿”Per fi sol” Carles Sans? Vista la gente que le acompañó esa noche, no se diría.

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