El Circo de Rosa Raluy presenta en Barcelona su espectáculo “Vekante”

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El circo es un caleidoscopio de artes varias veces milenarias y posiblemente el más puro e intrépido de todos, porque atraviesa el mundo como si no existieran las fronteras, ni pandemias. Bien lo ha demostrado la familia Raluy, una saga de artistas circenses que se extiende a lo largo de varias generaciones y que ha llegado a nuestros días con el nombre de dos hermanos, Luis y Carlos. Habiendo decidido hace algunos años trabajar separadamente con su propio chapitó, cuando falleció Carlos tomó el relevo su hija Rosa que tuvo el valor de producir, en plena pandemia y con vistas a mejores tiempos, un nuevo espectáculo titulado “Vekante” (“Despertad” en esperanto). Tuvimos ocasión de verlo en Castelldefels en los inicios de su singladura nómada en el verano de 2020 y llega ahora al Puerto de Barcelona para continuar con otra tradición: la de estar presente durante el invierno en la ciudad condal.


Raluy

Circo Raluy @Pablo-Ignacio de Dalmases


El Circo Raluy es un espectáculo que trasciende más allá de la carpa puesto que su estructura física está formada, además de por el habitáculo en cuyo interior se desarrolla la función, por una serie de carricoches y vehículos de carácter histórico que la familia ha ido adquiriendo por toda Europa, y cuando asienta sus reales en cualquier punto se convierte en un museo al aire libre. Pasear estos días por el extremo del muelle de Bosch y Alsina situado frente a Correos es todo un gozo en sí mismo. Y penetrar en su interior, supone sumergirse en el misterio, el encanto y la poesía de unas formas de expresión que, bajo el esplendor de los focos y el oropel del vestuario, esconden una preparación tenaz y exigente.


Con Rosa Raluy, primera figura de la compañía y que despierta admiración con su ejercicio de equilibrio transformado, están algunos miembros de su propia familia. Así Jillian y Kimberley Giribaldi Raluy haciendo acrobacia aérea y “wáter meteors” y el segundo, además, malabares musicales. También hay magia de grandes aparatos, siempre espectacular, con Jimmy Saylon, unos bellos y arriesgados ejercicios de cintas aéreas de Steacy y Mikhail Milla y la habilidad de Valentino Didone con la rueda acrobática.


Como es natural,  no pueden faltar los payasos, en este caso a cargo del trío de José Michel, cuyas desopilantes incidencias acuáticas provocan la risa del respetable… y a veces incluso alguna salpicadura, mientras que Sandra Mota es la criadita divertida que cubre los intermedios que exige la preparación de algunos números, tarea que desarrolla con el presentador, Aleix Gómez, en cuya intervención nos pareció que sobraban ciertos incisos de carácter político (sobre la CUP, Puigdemont, el rey o el 25 % en las escuelas) inapropiados bajo una carpa circense y un público mayoritariamente infantil.


De las coreografías, con dos vistosos números (presentación y final), han cuidado Elena Sofronova e Iveta Girtakovska y de la música en vivo, que nunca falta en este circo, Jaume Vendre, mientras que la batuta directiva ha corrido a cargo de Rosa Raluy y su marido William Giribaldi.


Siguiendo la tradición familiar, toda la troupe sale de la carpa al final de la representación para despedirse de los espectadores, aunque ahora mismo y por la anómala situación que nos ha tocado padecer, cubiertos todos con mascarilla y sin que podamos estrechar sus manos. Pero aquí está, pese a todo, el circo, para hacernos disfrutar, al menos durante un par de horas, y que todos volvamos a ser aquellos niños que se quedan estupefactos ante las habilidades de unos artistas merecedores de nuestro aplauso entusiasta.  

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