El Roto: “La relación entre Cataluña y el resto de España es una alfombra bien anudada, no la destrocemos”

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Sergio Fidalgo.- Andrés Rábago (Madrid, 1947), es un triple artista que bajo las personalidades de Rábago, Ops y El Roto ha ido modulando su carrera plástica y gráfica. Sus trabajos más conocidos, por la repercusión del medio, los ha publicado en El País, diario en el que cada día ejerce de “vehículo de comunicación” que “canaliza” las ideas “útiles” que “están en el ambiente”. Hace unos días participó junto a Ignacio Vidal-Folch en un acto del Centro Libre de Arte y Cultura (CLAC) para mostrar su amor y su apego a Cataluña y, sobre todo, a Barcelona.

 

Usted ha venido a Barcelona a participar en un acto de CLAC. ¿Qué conoce de ellos?


Conozco a Miriam Tey desde hace algún tiempo y tengo simpatía por sus proyectos y su forma de entender la relación con la sociedad.


¿Hay más autocensura a la hora de afrontar una página en blanco, ahora que en la década de los setenta? ¿Se tiene más en cuenta en la actualidad a la dirección del medio que antes al Ministerio de Información y Turismo?


No puedo hablar de lo que opinan otros porque ignoro el nivel de eso que llamamos “autocensura”. Puedo hablar de mí mismo, y trabajo con toda la libertad sin pensar en las molestias que pueda causar. Mi forma de trabajar no consiste en provocar la indignación de nadie sino en clarificar las situaciones tal y como yo las veo.


¿Se es más pacato en la sátira en la España actual con respecto a la de la Transición?


Tampoco lo sé porque no sigo mucho la sátira, soy un lector de periódicos, pero moderado, hojeo cada día uno o dos, y no soy un experto ni un estudioso del tema. Creo que la sátira no es tan necesaria porque hoy en día se pueden decir las otras con otros lenguajes, con otras formas de análisis, que son mucho más útiles a la hora de plantear alternativas o de informar sobre la situación social, política o económica. Para mí la sátira tiene una función de limpieza, es una especie de servicio social que busca descontaminar.


¿Por qué en Francia se han podido desarrollar revistas y periódicos satíricos de largo recorrido, como Le Canard Enchaine o Charlie Hebdo, y en España cuesta mucho más?


Creo que tampoco están en su mejor momento, Charlie Hebdo es una revista en franca decadencia y los mejores dibujantes no están en estas publicaciones. O bien van por libre y hacen sus libros, o han desaparecido. La sátira no vive en ese país un gran momento. Lo que sí ha surgido son otras formas de expresión que también tienen un carácter satírico y que están más en la calle o en fórmulas distintas de la publicación.


Aunque se reconozca más como lector de prensa que como seguidor de la sátira, de lo que conoce, ¿qué es lo mejor que se hace en España en este campo?


Hay algún dibujante del que aprecio mucho su trabajo, como Miguel Brieva, y otro del que no recuerdo su nombre, que descubrí leyendo una revista china, y que hace trabajos de gran calidad en fachadas y papel. Ambos mantienen un excelente nivel de calidad gráfica.


¿Hay en los últimos años más debate político y crítica política desde las viñetas y las tiras cómicas que desde la tribuna del Congreso de los Diputados?


La crítica, e incluso la sátira, han impregnado todos los medios de comunicación. Es difícil encontrarse un periódico en el que algunos de los artículos no tengan una vena satírica. Incluso en los encabezamientos. La sátira ha impregnado otros lenguajes que eran muchos más serios en otros tiempos.


¿Es positivo para el periodismo?


No es conveniente confundir los lenguajes, cada uno tiene sus planteamientos y sus formas de expresión y no es adecuado que un artículo que quiere ser informativo esté demasiado impregnado de una característica cómica o humorística, porque lo desvirtúa. Y viceversa. El lenguaje satírico no ha de ser, como dicen algunos, una forma de editorial, es otra historia.


¿Es consciente que para buena parte de los lectores tiene más peso su viñeta que el Editorial del periódico?


Eso es en detrimento del Editorial, no es a favor mío. Si es así es porque quizás los editoriales deban reformularse.


¿Y esta responsabilidad de ser más influyente que algunos articulistas no le afecta?


Es que yo ignoro mi influencia, no va más allá del momento de plantearme el dibujo y buscar el resultado en la página del periódico y ver si está bien resuelto o no, si aquello que quería decir llega… Lo que ocurra después es algo que ni me interesa, ni me planteo.


¿Se pone algún límite a la hora de ejercer su derecho a la sátira?


Sí. Creo que los límites son los que deben darse en toda expresión pública, una forma educada de presentar las cosas y no pretender la herida gratuita. Las cosas se dicen porque se cree que es útil plantearlas, pero que no sean temas que solo tú pienses, que lo que tú estás planteando esté en el ambiente.


El dibujante como correa de transmisión…


Lo que busco es canalizar una opinión que está ahí, y tú eres un vehículo de esa comunicación y de esa idea, con unos medios que has ido desarrollando a lo largo del tiempo y que tienes capacidad técnica para hacerlo.


¿A qué tiene miedo cuándo se enfrenta a un papel en blanco?


El papel blanco no me produce miedo, siempre es una posibilidad, algo que está ahí abierto y puede desarrollar algo que está en tu cabeza y quieres decir. Es más una gran oportunidad que una ocasión de temor.


¿Cómo definiría la situación política de Cataluña? Para una persona que ejerce su derecho a la sátira debe ser apasionante.


Puede parecer un poco chocante pero hace tiempo que no sigo el día a día de lo que aquí ocurre, porque tengo la sensación que es una especie de cinta de Moebius, siempre están circulando las mismas ideas en una dirección y en otra sin que haya ningún encuentro posible. Es una situación que me entristece y mi presencia justamente aquí es porque cuando he oído el término “desconexión”, como si fuéramos una lavadora o un electrodoméstico, me he sentido aludido…


Y quiere dar su testimonio…


Lo que no quiero es que la sensación que tengo respecto a Cataluña, que es un lugar, sobre todo Barcelona, al que he venido y sigo viniendo asiduamente desde mi juventud, y donde tengo buenos amigos, se diga que es como un cable que se puede desenchufar, cuando es un continuo, una alfombra en la que hay muchos nudos, muchos hilos trenzados que están anudados, y no quiero que esos nudos se pierdan. Mi voluntad es mantener esa relación de afecto con mis amigos de aquí.


¿Sería usted capaz de resumir en una frase lo que es Artur Mas?


No sabría, y además no es un personaje que me interese en absoluto, nunca le he dedicado un dibujo a ArturMas. Creo que es una persona que ha hecho bastante daño y que debe ser desechada por los mismos que le han llevado a donde está. Es una responsabilidad de la sociedad catalana deshacerse de él. Y espero que igual que nosotros nos deshagamos pronto de Rajoy, espero que la sociedad catalana lo haga de Mas.


¿Cómo se ve desde el mundo de la sátira la reciente afición de los políticos a acudir a programas de entretenimiento?


No hago caricatura política, no me interesan los personajes públicos. Ellos buscan un público, y van donde esté. Son profesionales del poder y tienen ese tipo de presencia porque creen que allí pueden encontrar un caladero de votos. Pero creo que la persona que los está viendo son libres de apagar en ese momento la televisión y quitarlos de en medio. Tenemos una libertad que no ejercemos y es un problema que tenemos.


Igual es una percepción, pero sus trabajos como El Roto, cada uno de ellos, se podría considerar un tratado resumido de filosofía política o económica, y los que firmaba como Ops en los últimos años del franquismo, eran como más introspectivos, más angustiosos… Con la crisis, con el temor que hay en España y en el Mundo, ¿se está creando el caldo de cultivo para que vuelva Ops?


No. Ops es una personalidad que tuvo su tiempo y su manera de expresar una época…


Y no volverá esa época.


Las épocas no vuelven, las situaciones cambian y nada es igual a lo que fue. Insisto que tenemos la obligación de ejercer la libertad, y tenemos esa posibilidad de hacerlo. No estamos en la misma situación que en la época del franquismo. Aunque algunos insisten que estamos volviendo a esa época oscura. Estamos en otro momento histórico y ahora tenemos muchas más armas para luchar que antes.

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