Colapso ambiental

Lilia Cisneros Luján

En la escala animal, se dan ciertas conductas cuya explicación natural tiene que ver con mantener el equilibro y garantizar la sobrevivencia de la especie. La mayoría de los mamíferos por ejemplo, dejan a la hembra ocuparse de los cachorros y éstas además de alimentarlos son las responsables de enseñarles como proveerse cuando sean adultos, cazando, saltando, nadando, según sea el caso. Por su parte los machos guían manadas, se ocupan de la seguridad, proveen alimentos bien porque lo hayan conseguido de manera individual o en grupo aunque en caso de fracasar son capaces de intentar comerse a los más pequeños. Todo esto ocurre con reglas que por miles de años han funcionado, manteniendo ciertos equilibrios entre las especies y sobre todo con el medio ambiente.


Con toda una carga de “civilización”, los seres humanos matan solo para exhibir un trofeo, dañan a sus congéneres únicamente para “jugar” y destruyen el entorno terráqueo cuando de ganar dinero se trata.


Esta especie -supuestamente superior por contar con la posibilidad de comprender lo que hace y a su entorno- ha demostrado que frente a la tecnología es susceptible a la domesticación sobre todo cuando los teléfonos, tabletas, televisión, le dan poco peso a noticias como la sequía en Chiapas, frente al recuento de muertos, violados, y víctimas de los derechos humanos. Así las cosas poco les interesa cuántos ríos solo son una marca de polvo y piedras y mucho menos la cantidad de hectáreas que no producirán alimento para los próximos meses.


El drama de Chiapas, no es más que la continuidad del colapso ecológico de México, donde ni la tragedia de su ciudad capital ha servido para entender que la contaminación actual para nada tiene que ver con los vehículos particulares, sino con el entubamiento, desecamiento y en general desprecio por los 44 afluentes que alguna vez tuvimos y que han sido sustituidos por carrilles de circulación en viaductos, periféricos o ejes viales. ¿Cómo esperar un ambiente sano si en se mantienen enterrados ríos como el Mixcoac, el Churubusco, el Piedad? ¿Por qué en vez de entubar, no se rescataron las riveras para que estas fueran pequeños pulmones y espacio para el esparcimiento de los estresados capitalinos?


Ante cada tragedia, como la que poco se divulga de Chiapas, lo único que se les ocurre es “pidamos al gobierno federal que nos considere para otorgarnos recurso de emergencia” que como casi siempre no se repartirán entre los más afectados. Desde la ONG Comunicación Cultural A.C. se denunció en los años 90 el desbocado proceso de desertificación de las selvas mexicanas y pocos en México hicieron eco del tema. Hace tres años varios medios impresos dieron cuenta de la tragedia agropecuaria en Chiapas justamente por la sequía[1]. En aquel 2014, al igual que ahora, se exigió el apoyo del fondo de desastres naturales pero ¿disminuyó la tala criminal en la selva chiapaneca? ¿Que pesó más en el gobierno la crisis ambiental o la amenaza de movilizaciones?


Desde el 2001 se reconoció la pérdida de casi 500 mil hectáreas de selva lacandona por acciones como tala incontrolable, eco-turismo mal diseñado y cambio de uso de suelo para favorecer a desarrolladores de vivienda y otros giros ajenos a la zona, inclusive los criminales.


Esa Selva Lacandona otrora considerada como la porción selvática más grande de América Central y una de las regiones más diversas del planeta hoy agoniza. Se han secado muchos de los ríos prístinos, están casi agotadas la mayoría de las lagunas escondidas y se han incluido en las listas de los ejemplares en peligro de extinción a monos, jaguares, tapires, guacamayas, reptiles y otros centenares de especies fascinantes. ¿Qué dirían Humboldt, Rousseau o Darwin, ante este escenario? ¿Que castigo se da a quienes talan árboles de más de 70 metros? ¿Cómo es que la ambición tornó esta región vasta y productiva en yermos abandonados? ¿Por qué no se escuchó las voces de alerta que ante el desaforado impulso ganadero advertían que la existencia misma de la selva se estaba comprometiendo?


Hoy, igual que a lo largo de la historia desde hace más de 400 años, los discursos –sobre todo académicos- señalan como efectos de esta sequía, el aumento de la migración, la delincuencia y la cancelación del futuro para jóvenes que sólo en el crimen encuentran una salida. ¿Cuántos de los campesinos que se manifestaron hace tres años y los que realizaron foros siguen hoy en Chiapas? ¿Por qué solo se culpa al “fenómeno del niño” y se ignora todo lo mal manejado del tema desde hace décadas? ¿Se resolverá el problema del desabasto de agua, con pipas y comités estatales de emergencia? Otros de los efectos de esto será: resolver a quien se le da más o primero, a los que enfrentan desabasto grave -Arriaga, Tonalá y Pijijiapan- o los moderados[2].


Como más allá de los expertos y miembros de comités técnicos, la naturaleza no se equivoca, al igual que ha ocurrido en el DF o en otras grandes ciudades del mundo, el agua siempre buscará su cauce hacia abajo. Si las barreras naturales (bosque, selvas, etc) han sido destruidas, en el camino con fuerza se llevará, tierra, casas autos o lo que encuentre; sería bueno que en Chiapas se convenzan de que el mejor recurso para tener agua es rehabilitar la selva, no es necesario esperar a que el fracaso del no circula demuestre esto y si hay un rasgo de humildad, quizá el aspirante a la presidencia en el 2018, detenga la tala en la capital, suspenda las obras de asfalto y ¿por qué no? hasta se atreva a sacar a la luz del día los ríos entubados, desviados o desecados.[3] Mientras en otras latitudes –Corea por ejemplo- los segundos pisos y supervías se derriban para rescatar ríos y consecuentemente mejorar la calidad de vida de las personas, aquí se multiplican las obras que poco ayudan a la movilidad y si se convierten en pingües ganancias para los criminales –constructores y gobernantes- bien organizados.





[1] Más de ocho mil familias en 20 núcleos agrarios, de tan sólo tres municipios ubicados en una de las zonas de mayor producción, perdieron en 2014 la totalidad de sus cosechas, lo cual afectó a más de 68 mil personas”.


[2] Hay 36 municipios declarados con sequía moderada que son: Acacoyagua, Jiquipilas, Acapetahua, Montecristo de Guerrero, Amatenango de la Frontera, Mapastepec, Ángel Albino Corzo, Mazapa de Madero, Altamirano, Mazatán, Bejucal de Ocampo, Metapa, Bellavista, Motozintla, Cacahoatán, Ocozocoautla, Chicomuselo, Siltepec, Cintalapa, Suchiapa, El Porvenir, Suchiate, Escuintla, Villa Comaltitlán, La Concordia, Tapachula, La Grandeza, Tuxtla Chico, Frontera Hidalgo, Tuzantán, Huehuetán, Unión Juárez, Huixtla, Villa Corzo, La Independencia y Villaflores.


[3] “Ríos, Lagos y Manantiales del Valle de México”, Jorge Legorreta, edición UAM y GDF con fotos y mapas de ríos Puerta Grande y Puente Colorado en Tarango hoy entubados y desviados al drenaje o el rió magdalena que hoy mismo sufre vandalismo y sus piedras son usadas para una construcción sin permiso de SEMARNAT.

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