jueves, 26 de noviembre de 2020

El futuro del libro

Pablo Rodríguez Canfranc
Economista


Libros2


Actualmente el mercado bibliográfico sufre, como el resto de las industrias culturales, los efectos transformadores de la revolución digital. Unos se rasgan las vestiduras mientras que profieren llantos y lamentaciones por la muerte del libro; otros celebran la desaparición del papel vaticinando que cualquier formato sobre unos y ceros siempre será preferible. Lo cierto es que la facturación del sector se contrae -hasta un 30% entre 2009 y 2013-, bien por el efecto de la crisis, bien por el efecto de la llegada de Internet y de la web social.


Pero parece ser que el cambio no va ser tan disruptivo, ni un nuevo paradigma va a sustituir al tradicional. De acuerdo con las conclusiones del monográfico El futuro del libro en la era digital, incluido en el número 104 de la revista TELOS de Fundación Telefónica, el papel coexistirá con los formatos digitales. Esto implica que el paradigma digital no tiene porqué sustituir al analógico sino que pueden convivir y complementarse.


Lo que sí parece urgente es descubrir nuevos modelos de negocio para el sector, que podrían venir de la mano del libro electrónico y de la edición bajo demanda. Cuando hablamos de libro electrónico nos referimos a algo más que los actuales formatos enriquecidos. Se trata de un soporte que verdaderamente incluya y combine de forma integrada distintos medios: texto, vídeos, URLs, imágenes… Por otro lado, la impresión bajo demanda basa su atractivo en la eliminación de costes, de riesgo y de necesidad de inversión que tienen las actuales tiradas en offset.


El panorama que se plantea para el sector editorial se puede resumir en varios puntos:


  • - La horizontalización de la demanda, pues los libros que se venden lo hacen de forma masiva mientras que el resto apenas tienen movimiento.

  • - Paralelamente se produce una polarización de la demanda editorial entre el mercado de consumo de masas y los micromercados de nicho hiperespecializados.
  • - Aparece la figura del prosumidor: los consumidores ahora son también productores, pues colaboran en el diseño, creación y producción de los productos a través de comunidades virtuales, intercambiando información, ideas, etc.
  • - Internet ha cambiado las prácticas de consumo de ocio cultural.
  • - La desintermediación. Numerosos agentes del sector editorial desaparecen puesto que su papel se vuelve innecesario o irrelevante en la economía digital.
  • - La horizontalización de la oferta y los cambios en los modelos de formatos comerciales, pues los grandes centros comerciales desplazan la oferta hacia la estandarización y homogeneización de la exposición y el fondo de productos.

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