jueves, 19 de septiembre de 2019

La batalla de Podemos

Manuel Fernando González Iglesias

Iglesiaserrejon


Anda el patio podemita revuelto y con ganas de gresca. El tic estalinista que ha provocado el cese del portavoz de la Asamblea de Madrid, Jose Manuel López, por el llamado sector pablista, ha colocado a la formación en clave belicista, enviando a la militancia un mensaje descorazonador: hay lucha por el poder.


Y en ese "y tú más" sorprendente, tiene un papel muy destacado el actual secretario de organización, el sinuoso Echenique, quien, en la pelea Iglesias-Errejón juega el papel de piedra angular de los dos contendientes para luego condicionar en un futuro inmediato la estrategia política del bando ganador. Por lo que parece, los errejonistas ya se han dado cuenta de la maniobra del dirigente "argentino" y le han dedicado "desaforadas críticas" en su hábitat natural que, como Vds. ya saben, es la red que todo lo puede. Falta ahora que Pablo Iglesias se dé también cuenta de la estrategia y pacte con su, hasta hace poco, amigo del alma y deje al "intrigante" aragonés con la brocha en la mano y sin escalera que lo sostenga.


En definitiva, lo de la guerra civil en Podemos es más que un acaloramiento de gallos de pelea que no alcanza todavía el nivel de un divorcio masivo de la militancia, que acude a Vistalegre con el asombro aún reflejado en sus rostros, ya que nadie quiere, ni ve oportuno, el desgaste al que sus jefes de fila han sometido a una organización que sabe que en su "muy difícil unidad" radica su supervivencia, algo que no desean ni los empresarios del Ibex ni los dirigentes populares con sentido aznarista que no rajoyano, ni tampoco los socialistas del PSOE de Susana, que esperan como agua de mayo que Iñigo Errejón se cepille a Pablo Iglesias, para poder cantar con más brío la Internacional en el próximo congreso de "la refundación".


¿Es bueno para la política española que se divida Podemos? Pues como dirían mis paisanos de Ourense: depende. O sea, que la respuesta cambia de matiz, según en qué lado de la bancada del Congreso hagan Vds. la pregunta, porque, que se sepa, nadie tiene la certeza absoluta de que la desaparición de una fuerza de izquierda impertinente y populista beneficie a las clases más castigadas por la crisis, sino todo lo contrario. Y si, en cambio, gana partidarios a centenares, el matiz errejonista que parece caminar hacia derroteros más socialdemócratas que acabarían por atraer a los seguidores anti-aparatistas del PSOE, con 90 mil afiliados a punto de romper sus carnés, dibujarían unas alianzas electorales en un futuro casi inmediato muy poco tranquilizadoras para la vieja política, ya que, ese tipo de pacto, no asusta a las grandes mayorías burguesas, como ahora sí lo consigue el pablismo con su posicionamiento tan altanero como revolucionario.


El año que entra nos dirá si la segunda pareja de Pablo Iglesias, la diputada Montero, ha acertado azuzando las redes contra su compañero Errejón, y si, por lo tanto, su marido ha perdido el "oremus" al dar el visto bueno a semejante iniciativa. Falta poco para que todos sepamos si Podemos se rompe o consigue dar un paso atrás y recomponerse enviando a cantar jotas al Pirineo aragonés al tal Echenique, recuperando de nuevo "la escena del pico" entre Pablo e Iñigo que tanto gustó a los suyos y que dio sentido al Podemos que todos conocemos y muchos votaron. Lo que no se sabe, ni siquiera se adivina es el rol que cada uno de los contendientes le tiene reservado a Alberto Garzón, perdido por algunos de los conventos que fundara Teresa de Jesús en busca de la esencia espiritual del "vivo sin vivir en mí" que tanto gustaba pregonar a la santa de Gotarrendura.

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