jueves, 19 de septiembre de 2019

Falcons vs Patriots: Super Bowl LI

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Super


Ya no queda nada. Es curioso cómo, durante 11 meses al año, el fútbol americano no es más que “esos que van con casco y se pegan de lo lindo”. Sin embargo, llega Febrero, y la fiebre de la Super Bowl se apodera de las televisiones y las bocas de medio mundo. Eso conlleva, como no puede ser de otra forma, a un caos inculto que desmerece completamente al evento deportivo, publicitario, y de entretenimiento en general, más exitoso del mundo.


Este año, la quincuagésimo primera edición de la final se celebra en Houston, Texas. El NRG Stadium, hogar habitual de los Texans, será el escenario de la séptima final en quince años para New England, o lo que es lo mismo: la séptima final para Tom Brady, uno de los mejores quarterbacks de la historia, persiguiendo su quinto anillo de campeón, nada más y nada menos.


Es la segunda aparición en la Super Bowl en la historia de los Falcons de Atlanta, que llegan con una potencia ofensiva de las mejores que se recuerdan, bajo las órdenes del quarterback Matt Ryan, también conocido como ‘Matty Ice’, por su temple y perenne tranquilidad bajo presión (4944 yardas, 38 TD, 7 INT). El receptor Julio Jones viene de hacer una temporada escandalosa, batiendo el récord de yardas en un partido (300), con un total de 1409 esta temporada. Pero tal vez, el factor x del ataque de los Falcons sea su dupla en el backfield, con los running backs Devonta Freeman y Tevin Coleman, capaces de conseguir yardas de carrera y de pase. Además, el linebacker Vic Beasley viene de liderar la liga en sacks (placajes al quarterback) con 15,5.


Por su parte, los Patriots de New England siguen en sus trece. Siempre eficaces, siempre ganadores. El mejor entrenador de la historia de la NFL y gurú defensivo, Bill Belichick, es garantía de defensa y frescura, con grandes especialistas como Devin McCourty, Rob Ninkovich o Dont’a Hightower. En ataque, tienen un problema muy grave: el mejor tight end del campeonato, y probablemente, el jugador más dominante de toda la liga, Rob Gronkowski, está lesionado, así que es Tom Brady o nada. Julian Edelman, un inesperado Chris Hogan, y el revulsivo Dion Lewis pueden ser útiles.


En New England pasa un poco como en el dicho: no se sabe quién vino primero, si el huevo o la gallina. Está claro que es un equipo de constante éxito, y conseguir ser candidato al título cada año es un síntoma del trabajo bien hecho. Pero en un deporte tan dependiente de un solo jugador, como es el quarterback, hace que no se sepa quién es el verdadero culpable de que todo vaya tan bien en la región norteña del país. No se sabe si es cosa de Belichick o de Brady; quién ha hecho mejor a quién. Lo que está claro es que destronar a un rey consolidado se mira con recelo. Por ello, la posibilidad de tener que admitir que Tom Brady puede ser, o es, mejor que Joe Montana, crea mucha tirria, o cuando menos, controversia. De todos modos, si gana el domingo, guste o no, será indiscutiblemente el mejor de todos los tiempos.


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