Mediapro se aprieta el cinturón antes del ERE: adiós a los bonus y revisión de los blindajes de la cúpula

La nueva dirección de la productora audiovisual activa un plan de contención ante unas pérdidas históricas y la presión de los acreedores

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La nueva dirección de la empresa catalana quiere volver a la estabilidad económica. Foto: Europa Press

 

La llegada de Sergio Oslé a la presidencia de Mediapro y de Carlos Núñez como consejero delegado marca un punto de inflexión en la mayor productora audiovisual de España. Con las cuentas de 2025 encaminadas hacia números rojos de gran magnitud, la nueva cúpula ha comenzado a aplicar medidas contundentes para intentar reconducir la situación financiera del grupo antes de afrontar un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) de gran alcance.

 

Fin de los bonus para la alta dirección

Una de las primeras decisiones adoptadas por los nuevos gestores ha sido la suspensión del pago de la retribución variable a la alta dirección. Se trata de una medida que afecta a más de una veintena de ejecutivos y que responde directamente al escenario económico adverso que la compañía prevé al cierre del ejercicio. La pérdida de contratos estratégicos, especialmente el de producción de LaLiga —uno de los principales motores de ingresos del grupo—, y el deterioro de varios negocios impulsados por la anterior dirección han dejado a Mediapro ante un ejercicio especialmente complejo.

Desde la presidencia se ha trasladado internamente un mensaje claro: el control del gasto será estricto, especialmente en el ámbito de personal. La eliminación de los bonus busca también enviar una señal a toda la plantilla en un momento en el que se prepara un ajuste laboral de gran calado.

 

Un ERE con alcance internacional

El ajuste de plantilla que Mediapro tiene sobre la mesa todavía no está cerrado en cifras definitivas, pero las previsiones sitúan el número de personas afectadas entre 800 y 1.000 trabajadores a nivel global. Actualmente, el grupo cuenta con cerca de 7.000 empleados repartidos en más de treinta países.

Además de la sede central en Barcelona, una de las divisiones que podría verse más impactada es la estadounidense, con centros de producción relevantes en Nueva York y Los Ángeles. El objetivo, según fuentes del sector, es adecuar la estructura del grupo a una nueva realidad de ingresos más ajustados.

 

Revisión de los blindajes millonarios

La contención no se limita a los bonus. La nueva dirección también ha puesto el foco en los blindajes contractuales que han protegido históricamente a la cúpula directiva y que suponen un elevado coste para la compañía. En este contexto, la salida de la anterior consejera delegada, Laura Fernández, se habría saldado con una indemnización cercana a los tres millones de euros, según fuentes del sector.

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El control del gasto será un factor a tener en cuenta para el futuro a corto plazo. Foto: Europa Press

A estas compensaciones se suman las de otros altos cargos que han abandonado o están a punto de abandonar la compañía, mientras no se descartan más salidas en los próximos meses. La intención de Oslé y Núñez es reducir este tipo de compromisos económicos para aliviar la presión financiera del grupo.

 

La presión de la deuda y los acreedores

El margen de maniobra de Mediapro es limitado. La empresa arrastra una deuda próxima a los 600 millones de euros, después de que su principal acreedor, el fondo Pimco, aceptara extender el vencimiento de un préstamo sindicado hasta 2029. A cambio, la productora debe cumplir con una serie de parámetros financieros exigentes.

Actualmente, la relación entre deuda y ebitda supera las cinco veces, muy por encima de lo que se considera una ratio saludable. Esta situación ha llevado a las agencias de calificación a rebajar la solvencia del grupo hasta niveles de “bono basura”, dificultando el acceso a financiación bancaria tradicional y obligando a recurrir a fondos de deuda con intereses elevados.

 

Un plan estratégico para volver a la rentabilidad

Ante este escenario, la nueva dirección trabaja en una hoja de ruta estratégica con un objetivo claro: recuperar la rentabilidad y generar caja suficiente para atender la deuda. El plan pasa por cerrar o desprenderse de negocios no estratégicos, como las apuestas online o los videojuegos, y concentrar los recursos en las áreas con mayor capacidad de generar ingresos estables.

Con este enfoque, Oslé y Núñez buscan ganar tiempo y credibilidad ante los acreedores, especialmente Pimco, que estaría dispuesto a conceder un margen razonable para que el nuevo equipo gestor enderece el rumbo de la compañía.

En un contexto de ajustes, sacrificios internos y máxima vigilancia financiera, Mediapro inicia así una nueva etapa marcada por la austeridad, la reordenación del negocio y la presión constante por garantizar su viabilidad futura.

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