“Una cançó llunyana” de Simon Stephens en Dau al Sec
Eduard Lloveras protagoniza un monólogo que el fecundo autor inglés escribió en colaboración con el músico Mark Eitzel.
Pocos autores contemporáneos pueden exhibir una nómina tan rica en títulos como la del escritor inglés Simon Steephens, bien propios, bien futo de adaptaciones, como fue el caso de la del “Ensayo sobre la ceguera” de José Saramago. Es un autor ya conocido por estos pagos merced a la puesta en escena de alguna de ellas en la Sala Becket y que nos llega ahora a Dau al Sec. Para los que no lo conozcan, les diremos que es un espacio escénico situado en el corazón de Pueblo Seco, allá donde la calle Salvá rinde a los pies de Montjuic. Pues bien, en dicho punto Óscar Fabrés ha dirigido la puesta en escena de “Una cançó llunyana”, monólogo que ha traducido al catalán Daniel Anglés y que interpreta Eduardo Lloveras, con Joel Riu al piano ejecutando la música de Eitzel, convenientemente adaptada.
“Una cançó llunyana” ha sido definida como “una obra que fa emergir, amb una mirada honesta i despullada, la humanitat, la quotidianitat i la cruesa que habiten circumstàncies com un retorn. Una peça íntima i precisa, que parla del que queda quan el so es converteix en silenci“. El protagonista lo hace a través de las cartas que escribe desde Amsterdam, ciudad a la que ha viajado desde Nueva York para reencontrarse con su pasado y en las que reflexiona sobre su relación con la familia, el amor que resultó esquivo y la identidad orillada por el camino, tratando con esta terapia de llegar a entenderse a sí mismo.
El espacio escénico aparece desnudo, sin más elemento de ambientación que el piano a cargo de Riu y una silla que Lloveras va cambiando de ubicación y utilizando cuando no se mueve. En semejante precariedad de elementos escenográficos adquiere un papel destacado y muy eficaz la iluminación de Sergio Gracia, que alcanza algunos momentos de singular belleza. Como es bien sabido, cualquier monólogo constituye la prueba del algodón de todo buen interprete, prueba en la que Lloveras acredita excelentemente sus capacidades dramáticas y su innegable versatilidad.
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