“Casa de nines” de Ibsen en la sala Atrium

Un texto clásico de la literatura europea del siglo XIX que fue pionero en la defensa del feminismo.
 

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Casa de nines en la sala Atrium
Casa de nines en la sala Atrium

 

En una temporada como la presente en la que los escenarios barceloneses abundan en propuestas de autores contemporáneos, muchas de ellas banales -lo que no quiere decir poco interesantes-, la recuperación de textos clásicos es un dato reconfortante. Y ciertamente Ibsen hace tiempo que adquirió por méritos propios la condición de “clásico”, bien que del siglo XIX. Un título que sin duda nadie le puede negar, al igual que el de escritor avanzado a su época si tenemos en cuenta que fue capaz de romper moldes y estereotipos ancestrales, no sin polémicas y críticas aceradas. Cuando la sociedad europea era todavía fuertemente patriarcal, en la que el papel de la mujer casada era indiscutiblemente vicario del de su marido, Ibsen se atrevió a cuestionar tales roles con su drama “Casa de muñecas” que la sala Atrium recupera sobre una traducción al catalán de Feliu Formosa que Raimon Molins ha adaptado y dirigido.

Siguiendo una pauta hoy muy habitual con los textos considerados “clásicos”, la adaptación de Molins ha consistido en comprimir el texto, prescindir de algunos personajes secundarios e incluso cambiar el sexo de uno de los principales, lo que hace que este sea un montaje mayoritariamente femenino -tres de los cuatro intérpretes son mujeres-, circunstancia que le da pie a añadir otra licencia cual es la de una breve coda lésbica.

Pese a la prava disponibilidad del espacio escénico de la sala Atrium, en este caso se ha apostado por la utilización de elementos escenográficos más complejos sobre diseño de Kike Blanco. Si bien al principio estos resultan, si bien adecuados para contextualizar el texto más bien parcos, luego se enriquecen con la aparición de una aparatoso elemento que los aisla y sitúa al espectador en el exterior del lugar en el que discurre la acción. A ello se añade un efecto siempre espectacular: la ilusión de la nevada que cae sobre los protagonistas en un momento determinado de la acción dramática.

Con cuánto se ha dicho es fácil colegir que la puesta en escena de esta “Casa de nines” ha sido ambiciosa. A ello hay que sumar la interpretación de Jordi Llordella, Claudia Manini, Cris Martínez y Anna Maruny que resulta convincente y, en la escena final, particularmente dramática cuando Nora rompe las amarras que le atan a una subordinación que, si bien descubierta tardíamente, decide rechazar, abandonado la comodidad que le confiere su status social. Con dicha ruptura Ibsen puso en el último cuarto del siglo XIX una tesis en su momento revolucionaria, pero hoy plenamente aceptada, sobre el derecho de la mujer a no ejercer como “muñeca” del hombre y le granjeó con todo merecimiento la condición de pionero de lo que hoy denominamos feminismo.


 

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