Comer sano es cada vez más caro en España: las familias se gastan 35 euros más por persona

La diferencia de precio entre elegir productos fresos y ultraprocesados va creciendo y restando derechos a las familias

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Comprar productos frescos y de calidad, cada vez más caro Foto: EP

 

Mantener una dieta equilibrada en España se ha vuelto más caro que nunca. Según un estudio reciente de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), priorizar alimentos de calidad y sanos, como lo son frutas, verduras, carne, pescado y lácteos, frente a alimentos ultraprocesados y de baja calidad nutricional añade un sobrecoste de 35 euros al mes por persona, en el mejor de los casos. Lo que, llevado a porcentajes, representa un incremento del 20% respecto a la cesta convencional. Además, si abrimos la mirada y nos fijamos en la evolución del coste de la comida, en apenas cuatro años, el precio medio de los alimentos ha subido un 36%. Aumentando significativamente el precio de la cesta de la compra de cualquier ciudadano.

Cesta saludable vs. cesta convencional

El informe publicado por la UCO compara dos tipos de cesta de la compra. Una cesta de la compra saludable, centrada en productos frescos, minimizando de la forma más realista y coherente posible los procesados. Concretamente, se destina un 75% del presupuesto de la compra a frutas, verduras, carne, pescado y lácteos, y solo un 8% a ultraprocesados. 

Por su parte, la cesta convencional y no centrada en buscar los alimentos de mayor calidad nutricional, incluye un 33% de ultraprocesados. Hablamos de productos como los platos precocinados, bollería industrial, snacks y bebidas azucaradas. Es decir, productos que no aportan demasiados nutrientes, van cargados de aditivos y suelen ser especialmente calóricos.

En 2025, las frutas, verduras, carne y pescado han subido un 6,7% y los huevos un 50% en solo seis meses, elevando el coste medio mensual de la cesta saludable a 216 € por persona, frente a 181 € de la cesta convencional.

Variaciones por supermercado y ciudad

OCU destaca que los supermercados más económicos para la cesta saludable son Family Cash y Alcampo, mientras que Sorli e Hipercor resultan hasta un 25% más caros, en comparación con el resto de supermercados.
En cuanto a las ciudades, las más baratas para comprar saludable son Valladolid, La Coruña, Cáceres y Almería. Por su parte, los núcleos urbanos más caros son Canarias, Barcelona, Girona y Huelva. El sobrecoste anual por familia en estas capitales puede llegar superar los 700 €. Es decir, más de 58 euros al mes. Y esto ya no depende solamente de lo que se meta en el carrito de la compra, sino de donde se reside.

Impacto en los hogares

Además, la encuesta incluida por parte de la OCU revela que hasta un 33% de las familias tiene dificultades para afrontar el gasto en frutas y verduras; el 30% en productos básicos como pan, pasta, arroz, aceite y lácteos; y hasta el 42% en carne y pescado. Lo que acaba derivando en una alimentación de mucha menor calidad y en un empeoramiento significativo de la calidad de vida de estas personas, que no están viendo satisfecho su derecho a una alimentación adecuada.

Derecho a la alimentación adecuada

No se trata solo de números en la cesta de la compra: la capacidad de acceder a una alimentación saludable es un derecho humano fundamental, reconocido en instrumentos internacionales como la Declaración Universal de Derechos Humanos (artículo 25) y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC, art. 11). Esto significa que toda persona tiene derecho a una dieta suficiente, segura, nutritiva y culturalmente adecuada, y que este acceso no debe verse limitado por factores económicos.

En la práctica, este derecho contempla varios aspectos clave:

  • Suficiencia: la alimentación debe garantizar que ninguna persona sufra hambre o desnutrición. No es solo disponer de comida, sino que esta debe ser suficiente para mantener una vida saludable.
  • Calidad y seguridad: los alimentos deben ser nutritivos e inocuos, libres de contaminantes o riesgos tóxicos que puedan dañar la salud.
  • Adecuación cultural: los alimentos deben respetar las tradiciones y costumbres de cada comunidad, evitando imponer productos contrarios a creencias religiosas o culturales.
  • Accesibilidad física y económica: la alimentación saludable debe estar disponible cerca del lugar de residencia de las personas y a un precio que no resulte prohibitivo. No puede ser más barato comer ultraprocesados que frutas, verduras, carne o pescado.
  • Sostenibilidad: los alimentos deben producirse y distribuirse sin comprometer los recursos naturales, garantizando que las generaciones futuras también puedan acceder a dietas saludables.

En este contexto, el sobrecoste de una alimentación equilibrada —que según OCU puede ser hasta un 20% más cara que una dieta basada en ultraprocesados— no es solo un problema económico: es un desafío de justicia social y de cumplimiento de derechos humanos. Garantizar que todas las personas puedan comer sano no depende únicamente de la voluntad individual, sino también de políticas públicas que protejan el acceso a alimentos básicos, fomenten precios justos y aseguren la sostenibilidad del sistema alimentario.

Propuestas de OCU al Gobierno

Para aliviar el sobrecoste de una alimentación saludable, OCU propone:

  • Rebajar temporalmente del 4% al 0% el IVA en alimentos básicos de primera necesidad (frutas, verduras, legumbres frescas, leche, huevos, aceite de oliva).
  • Reducir del 10% al 4% el IVA en carne y pescado.

 

Consejos para ahorrar y comer sano

  • Comprar productos de temporada.
  • Consumir alimentos congelados, que mantienen su valor nutricional a menor precio.
  • Comprar piezas enteras de carne y pescado para despiezar y congelar.
  • Aprovechar ofertas de productos próximos a caducar.

 

Así pues, con la constante subida de los precios, cada vez resulta más complicado que todas las familias puedan llenar, tal y como desearían, su cesta de la compra. Y ya no estamos hablando de permitirse un pequeño capricho para la comida del domingo o la cena del sábado. Se trata de la compra de productos básicos como lo son frutas, verduras y carne de calidad, sin que tengan que ser productos ultraprocesados, que, por la precarización económica, está ganando terreno en las cestas de la compra y menguando los derechos de los ciudadanos y ciudadanas del país.

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