El túnel de Rubí corta el tráfico ferroviario de mercancías entre Barcelona y Francia por daños graves

Un cierre de siete semanas afecta a trenes de contenedores y vehículos, obligando a reorganizar rutas y logística portuaria.

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Adif Acomete La Fase Principal De Las Actuaciones En El Túnel De Rubí - Europa Press

 

La interrupción del túnel de Rubí pone en evidencia la vulnerabilidad de la red ferroviaria catalana para el transporte de mercancías y fuerza a operadores y autoridades a buscar soluciones inmediatas para mantener el flujo comercial entre el Port de Barcelona y la frontera con Francia.

 

Un corte inevitable por deterioro estructural

El túnel de Rubí se encuentra cerrado desde la madrugada de este sábado 14 de marzo, tras detectar movimientos y grietas que comprometen la seguridad de la infraestructura. La empresa pública Adif explica que los trabajos de refuerzo que se ejecutan en el tramo son incompatibles con la circulación de trenes, por lo que se ha decidido suspender completamente el paso de convoyes de mercancías durante aproximadamente siete semanas.

Ángel Contreras, director de Construcción de Líneas Explotación Este de Adif, declara: “Lo primero que tenemos que hacer es asegurar la zona; no podemos tener ningún riesgo hacia los trabajadores ni hacia las circulaciones”. Los sensores instalados en la bóveda del túnel han registrado movimientos que superan los límites considerados seguros, aunque no existe riesgo de colapso inmediato.

 

Impacto sobre el tráfico de mercancías

El cierre afecta a los trenes de mercancías que transportan contenedores y vehículos desde el Port de Barcelona hacia Europa y Francia, una vía estratégica para la logística internacional. Según fuentes del puerto, alrededor del 8% del tráfico comercial que entra y sale de la instalación utiliza este túnel, lo que se traduce en tres convoyes diarios de mercancías que ahora deben ser redirigidos.

La consellera de Territorio de la Generalitat, Sílvia Paneque, advierte: “Se va a cortocircuitar un paso de mercancías muy importante”, y apunta que las alternativas disponibles son limitadas debido a la capacidad de las rutas por carretera y otros desvíos ferroviarios.

 

Alternativas y desvíos

Para los trenes de ancho ibérico, Adif propone el desvío por la línea Montcada-Manresa-Lleida, aunque con restricciones en longitud y peso de los convoyes. Los trenes de ancho internacional con destino a Francia deben llegar hasta la nueva terminal de mercancías de La Llagosta y desde allí distribuirse por carretera hacia la frontera.

Lluís Moreno, presidente de la Cambra de Contractistes y vicepresidente de Foment, explica: “Por cada tren que va hacia Europa, van cinco hacia el resto de España; la alternativa de ir al sur hasta Tarragona y luego remontar por Lleida es posible, aunque más larga, y ahora es la única opción para garantizar la entrega de mercancías”.

El transporte por carretera ya registra alta densidad de camiones, especialmente en la autopista AP-7, lo que añade presión al sistema logístico. Eduard Ayach, presidente de la patronal de transportistas Asetrans, comenta: “Lo que no puede salir por tren tiene que salir por carretera, pero hay mercancía que, por peso y dimensiones, no puede cargarse en un camión. Eso se quedará varado en el puerto o en el intercambiador de vías de Portbou”.

 

Repercusiones económicas

El Port de Barcelona despacha más de 220.000 contenedores y cerca de 295.000 vehículos al año mediante trenes. La paralización del túnel amenaza con ralentizar el flujo de mercancías y aumentar los costos logísticos. Entidades como Foment del Treball, Pimec y la Cambra de Comerç advierten sobre el impacto negativo que tiene para la economía catalana el deficiente estado de la infraestructura.

José Alberto Carbonell, presidente del Port, subraya que “el futuro es ferroviario” y reclama un plan de contingencia para evitar bloqueos similares en el futuro. La situación actual evidencia la necesidad de reforzar y modernizar la red ferroviaria que conecta el puerto con Europa.

 

Historia de un problema recurrente

El túnel de Rubí, construido en los años ochenta, ha sufrido varios cortes y reparaciones parciales desde su inauguración. Tras el accidente mortal de Gelida, la circulación se interrumpió en enero y la reapertura fue parcial, con tramos abiertos solo 12 horas al día mientras se ejecutaban trabajos de mantenimiento.

Ahora, la gravedad del deterioro obliga a un cierre completo de siete semanas, acelerando los refuerzos estructurales, que incluirán la instalación de arcos metálicos para garantizar la seguridad del túnel.

 

Preparación de los trabajos

Durante los primeros días, los equipos de Adif se centran en preparar el terreno y asegurar la estructura. Contreras insiste: “Estos condicionantes, junto a las propias complejidades técnicas del propio túnel, hacen incompatible desarrollar las obras manteniendo parcialmente abierta la circulación”.

El objetivo es evitar cualquier riesgo para los trabajadores y los convoyes, al tiempo que se garantiza que, una vez finalizadas, la infraestructura pueda operar de manera estable y confiable para los próximos años.

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