Berset alerta de que Oriente Próximo empuja a Europa a un punto de ruptura legal

El máximo responsable del Consejo de Europa, Alain Berset, advierte de que la ofensiva en la región del Golfo exige una arquitectura jurídica común entre los cuarenta y seis Estados miembros para evitar la parálisis y defender el derecho internacional frente al uso de la fuerza.

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Alain Berset
El Secretario General del Consejo de Europa, Alain Berset - Consejo de Europa

 

En una declaración difundida desde Estrasburgo, la Secretaría General sitúa la escalada bélica en las fronteras orientales de la organización como una prueba decisiva sobre el papel que el continente quiere desempeñar ante la erosión del orden global.

La intervención pública se produce en un contexto de creciente inestabilidad, con intercambios de misiles y acusaciones cruzadas, y coloca el debate jurídico en el centro de la respuesta política europea ante una crisis que amenaza con redefinir los equilibrios internacionales.

 

Una advertencia desde Estrasburgo

El secretario general del Consejo de Europa, Alain Berset, sostiene que Oriente Próximo se desliza hacia un conflicto a gran escala en las fronteras orientales inmediatas de la institución. Según expone, mientras los misiles impactan, el derecho internacional se instrumentaliza y la población civil en Irán y en el conjunto de la región soporta el peso de la violencia.

El dirigente recalca que esta escalada, unida a la sucesión de crisis recientes, evidencia la necesidad de un marco jurídico europeo común a nivel de los cuarenta y seis Estados miembros del organismo. A su juicio, dicho marco debe ser capaz de juzgar las violaciones y el uso de la fuerza y de las sanciones, garantizando decisiones continuas y coherentes sin caer en la parálisis. Lo que antes era un debate, afirma, se convierte ahora en un imperativo estratégico.

 

El riesgo de la descomposición del orden internacional

El responsable paneuropeo subraya que la situación no puede reducirse a una elección binaria entre condena o apoyo, con independencia del liderazgo y de la naturaleza del régimen en Teherán. En su análisis, el mundo atraviesa una fase de deconstrucción del orden jurídico internacional en la que los impulsos y la ley del más fuerte intentan gobernar las relaciones entre los Estados.

En esa lógica, advierte, no existe un orden jurídico real, sino únicamente fuerza y dobles estándares. También reconoce que nadie puede escudarse en la idea de que ese sistema nunca ha sido vulnerado o que las potencias no han impuesto su voluntad cuando les ha convenido. Sin embargo, señala que lo ocurrido en Ucrania, en Gaza, en Venezuela y, en otra forma, en Groenlandia refleja un deslizamiento hacia una ruptura total de ese marco normativo.

 

Fragmentación y falta de bases comunes

El secretario general alerta de que la seguridad paneuropea se apoya con demasiada frecuencia en formatos ad hoc, sin una base legal compartida, sin una autoridad permanente de decisión y sin estructuras que aseguren la continuidad. A su entender, esa fragmentación deja de ser sostenible en el actual escenario geopolítico.

Por ello, defiende que el conjunto de Europa debe actuar para desescalar el conflicto en el Golfo y, al mismo tiempo, proteger la seguridad de sus ciudadanos en la zona. Además, insiste en el respeto al derecho internacional, incluida la Carta de las Naciones Unidas.

En su declaración, hace un llamamiento explícito a un alto el fuego inmediato por parte de todos los actores implicados y anuncia que incluirá la escalada en Oriente Próximo en el orden del día de la próxima reunión del Comité de Ministros del Consejo de Europa, con el fin de iniciar una reflexión colectiva sobre la capacidad del continente para responder de manera coherente dentro de un marco jurídico común.

 

Una encrucijada para el continente

Para el dirigente, el tiempo resulta determinante. Advierte de que, si no se organiza la seguridad europea ampliada dentro de una estructura jurídica permanente y vinculante, el continente seguirá reaccionando a crisis definidas por otros. La única alternativa, sostiene, pasa por restaurar la seguridad y la autoridad bajo el imperio de la ley.

El conflicto que se desarrolla en Irán, en Israel y en el conjunto del Golfo se convierte así, en su planteamiento, en una prueba sobre si Europa aspira a moldear el orden emergente o se limita a observar su fragmentación. Y concluye con una advertencia tajante: “La inacción no es prudencia. Es una abdicación.”

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