“Los felices ochenta”: una evocación histórica e íntima de Vázquez Sallés

El hijo del escritor y novelista Vázquez Montalbán repasa la primera etapa de su vida en el contexto de la España que le tocó vivir y enjuicia a muchos personajes famosos a los que tuvo el privilegio de conocer personalmente
 

|
Libros.Los felices ochenta

 

Siempre me ha parecido tarea difícil la de los hijos de personajes que fueron famosos por alguna razón puesto que deben enfrentarse permanentemente a la memoria o legado de su/s padre/s y tienen, por tanto, que soportar la inevitable comparación que hacen los demás. Lo ha asumido no sin elegante valor Daniel Vázquez Sallés, quien eligió ser periodista y escritor como lo fue su padre, Manuel Vázquez Montalbán. “Tener a un tótem del periodismo y la literatura como padre me amedrentaba y no me dejaba respirar, quizá fue esa la razón de mis huidas constantes al extranjero, mi verdadero aprendizaje existencial, libre de la mirada inquisidora de los que aborrecían a mi padre y de los que lo idolatraban hasta la vergüenza ajena” confiesa el autor en “Los felices ochenta. Crónica de una generación desconcertada” (Folch & Folch) al punto que recuerda haber visto el despacho de su padre en la vivienda familiar de Vallvidrera convertido en un museo.

Vázquez Sallés repasa sus recuerdos contextualizándolos en el propio desarrollo de la España que vivió durante su infancia y juventud, así como sus estancias en Madrid, París, Londres o Nueva York. Perspectiva que tiene un valor relativo porque evoca situaciones, momentos y acontecimientos que son de sobras conocidos. Pero paralelamente hay que reconocer que mucho más interesantes resultan las citas que hace sobre personajes concretos, la mayoría de los cuales tuvo ocasión de tratar personalmente, a los que valora y sobre los que apunta juicios en ocasiones curiosos. Así Carrillo le parece “más carrillista que marxista, menos comunista que carrillista”, Alfonso Guerra es “más bufón que hombre de Estado”; Mario Vaquerizo “un patán”; Loquillo “un tipo siniestro”;  la pintora Doris Malfeito, “mujer de pocas luces” pero de afortunado éxito comercial cuando mandaba su marido, Macià Alavedra, quien por cierto intentó seducirle (políticamente); Ferrusola fue una “loba mayor”; Samaranch según su padre era el prototipo del “hombre aguarrás” es decir, el hombre “capaz de borrar su pasado”; García Márquez le pareció “un tanto altivo, quizá porque estaba demasiado marcado por sus orígenes humildes”; y Juan Pablo II un “agente secreto al servicio del capitalismo”. 

No faltan quienes merecieron su admiración como Jordi Pujol, un “tipo brillante el cual, tras su aspecto de vendedor de mercería, guardaba al mejor estadista de España”; Carmen Balcells, que fue la agente literaria de su padre y en cuya oficina trabajó durante algún tiempo Vázquez Sallés para acabar mal, pero de la que “echo de menos su dureza, su ternura y sus consejos a media tarde”. Aunque su mayor admiración se dirige hacia el futbolista Maradona “el pibe de oro o la mano de Dios”, “que se ganó el cielo como tantas otras personas que lo idolatraron” y del que lamenta no haber encajado en el Barça como hubiera merecido.

El ateísmo acaso genético de Vázquez Sallés no implicó seguidismo ideológico de su progenitor. “Nunca he sido comunista y mi nihilismo combativo suele desorientar a mis interlocutores, ya que en algunas causas soy izquierdista irredento y en otras un derechista que defiende sus propiedades con la vehemencia de un latifundista”. Para mayor inri “de jovencito fui casi tan de derechas como ahora”, al punto que fue votante del CDS, lo que motivó que su padre le explicara no sin resignación: “me parece bien que a tu edad pongas en duda todo lo que te hemos enseñado en casa”. Una respuesta acaso resignada, pero sin duda inteligente.


 

Sin comentarios

Escribe tu comentario




He leído y acepto la política de privacidad

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes. Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
AHORA EN LA PORTADA
ECONOMÍA