Chile: Política Exterior y Nueva Constitución

Jaime Ensignia
Jaime Ensignia, sociólogo, Dr. en Ciencias Sociales y Económicas de la Universidad Libre de Berlín

Jaime Ensignia, sociólogo, Dr. en Ciencias Sociales y Económicas de la Universidad Libre de Berlín. Fue director sociopolítico de la Fundación Friedrich Ebert en Chile (1994-2014). Director del Área Internacional de la Fundación Chile 21. Colaborador del Barómetro de Política y Equidad.

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Contexto

 

En la historia reciente de Chile, la posibilidad de reconstruir la matriz social y democrática del Estado de Derecho con un nuevo contrato social reconoce tres hitos: el estallido social del 18-Octubre 2019, el “Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución” de noviembre del mismo año, y la convocatoria del llamado Plebiscito Nacional o de Entrada, donde la ciudadanía fue llamada a votar para aprobar o rechazar una Nueva Constitución elección que se realizó el 25 de octubre del 2020. La alternativa de aprobar logró un 78,28% versus el 21,72% del rechazar en dicha votación. En la misma papeleta se le preguntaba a los electores si deseaban una constitución mixta redactada por el parlamento (50% elegidos por los miembros del legislativo y 50% de parte de la ciudadanía) o bien una redactada 100% por integrantes electos por la ciudadanía, contemplando paridad de género y representantes de los pueblos originarios. Esta última alternativa fue la que triunfó con el 79% de los votos versus el 21% que cosechó la opción mixta. La elección de los Convención Constituyente (CC) se llevó a cabo entre los días 15 y 16 de mayo 2021, y los sectores de izquierda y progresistas lograron una amplia mayoría. La CC se instala en su trabajo el 1° de julio del 2021, con un plazo de un año para redactar la NC. Esta propuesta es entregada a la ciudadanía el 4 de julio de 2022 y debe ser aprobada o rechazada en el Plebiscito de Salida este próximo 4 de septiembre. El proceso constitucional chileno es mirado con admiración y simpatía por la opinión pública internacional. Son innumerables los medios de comunicación de fuera de Chile que observan con mucha atención e interés los resultados de este plebiscito de salida, valorando enormemente el debate constitucional, el logro de una propuesta de una NC y, por cierto lo inédito de la conformación paritaria de la Convención y la participación de los pueblos originarios.

 

La política exterior  no ha sido ajena a estos procesos, requiriendo nuevos conceptos para la nueva etapa iniciada a partir del trabajo de la CC. En la Nueva Constitución(NC) las relaciones internacionales dan cuenta del cambio de paradigma que se observa tanto a nivel nacional y regional latinoamericano, como a escala internacional.

 

UNA POLÍTICA EXTERIOR QUE DEJE ATRÁS LOS CANONES DEL SIGLO XX

 

La política exterior de Chile desde el retorno a la democracia no estuvo al nivel de las transformaciones requeridas por los desafíos de los tiempos actuales. Atrapada en lógicas y estructuras propias del silgo XX, la política exterior estuvo basada en la consecución de innumerables Tratados Económicos Comerciales Internacionales (TLC) que, sin dejar de reconocer su importancia, resultan insuficientes como objetivo primordial de cara al siglo XXI.  Así, por ejemplo, la diplomacia política, la cultural, la paradiplomacia, fueron, a lo sumo, de baja intensidad, o incluso inexistentes. Todo lo anterior no significa que no haya habido avances y éxitos en la política exterior de estos últimos treinta años como, por ejemplo insertar nuevamente a Chile en el concierto de la política exterior luego de haber vivido un profundo aislamiento internacional producto de la dictadura cívico-militar de Pinochet, que se extendió por diecisiete años.

 

Los cambios requeridos deben ser parte de una política exterior cualitativamente diferente del anterior período (1990-2021) en tanto se enfrenta a las complejidades e interacciones de un mundo globalizado, en constante cambio -contradictorio e incierto-, marcado por luchas hegemónicas, por el resurgimiento de populismo autoritarios y por las presiones políticas de una sociedad democrática, madura y demandante. La política exterior tiene un tratamiento relevante en el nuevo texto constitucional y explicita los intereses fundamentales, los valores, las visiones del mundo y los conceptos que la guiarán frente al siglo XXI. Una política exterior acorde a los tiempos que estamos viviendo debería entregar la posibilidad de jugar un rol en la conformación del nuevo escenario internacional. La posibilidad de colaborar en la democratización de las decisiones y de sus instituciones se abre, por ejemplo, a través de esquemas multilaterales y de la utilización de herramientas conceptuales más allá del Derecho Internacional (DI), como la soberanía inteligente, la responsabilidad internacional con desarrollo en función de la paz y la seguridad internacional.

 

HITOS CENTRALES DE LA NUEVA CARTA MAGNA EN POLÍTICA EXTERIOR

 

De ser aprobada la Nueva Carta Magna este próximo 4 de septiembre, los nudos centrales de la política exterior del país se encuentran en los siguientes artículos del Capítulo I, Principios y Disposiciones Generales: 

 

-Artículo 14, inciso 1, define que “Las relaciones internacionales de Chile como expresión de su soberanía, se fundan en el respeto al derecho internacional los principios de la autodeterminación de los pueblos, no intervención en asuntos que son de la jurisdicción de los Estados, multilateralismo, solidaridad, cooperación, autonomía política e igualdad jurídica entre los Estados”. Esta propuesta constitucional es una real revaloración de una política exterior democrática y de valores universales.

 

-Artículo 14, inciso 2, consagra que Chile se “compromete con la promoción y el respeto de la democracia, el reconocimiento y protección de los derechos humanos, la inclusión, la igualdad de género, la justicia social, el respeto a la naturaleza, la paz, la convivencia y la solución pacífica de los conflictos y con el reconocimiento, el respeto y la promoción de los derechos de los pueblos y naciones indígenas y tribales conforme al derecho internacional de los derechos humanos”. Aquí la NC hace suya la defensa irrestricta de los sistemas democráticos, el respeto por la paz y pone fin a la exclusión de los pueblos originarios en el contexto del principio de los DDHH. 

 

-Artículo 14 inciso 3, señala que “Chile declara a América Latina y el Caribe como zona prioritaria en sus relaciones internacionales”, un punto de importancia estratégica que impulsa la integración regional, política, cultural, económica y productiva entre los Estados, y facilita el contacto y la cooperación transfronteriza entre los pueblos indígenas”. Al priorizar a la región de América Latina y el Caribe, la Nueva Constitución asume una realidad inherente a la nación como parte de esta región del mundo, con su hábitat en Latinoamérica, y no delineada exclusivamente según los requerimientos de los TLC. Aboga por la concreción de una integración regional como una de las políticas a fortalecer en el corto y mediano plazo.

 

-Artículo 15, inciso 1, establece uno de los principios centrales de una política exterior del siglo actual: “Los derechos y las obligaciones en los tratados internacionales de derechos humanos ratificados y vigentes en Chile, los principios generales del derecho internacional de los derechos humanos (…) forman parte integral de esta Constitución y gozan de rango constitucional”. La importancia de este artículo radica también en la prioridad que le ha dado el gobierno del presidente Boric en su política exterior al tema de los DDHH como uno de los cuatro ejes centrales la visión internacional que ha propuesto este gobierno a ciudadanía del país. 

 

COROLARIO

 

Lo propuesto por la NC en materia de política exterior responde a los nuevos paradigmas en el escenario internacional y, de los requerimientos a nivel nacional en esta materia. Antes de la entrega del texto final, cuando recién se conocían los acuerdos votados por más de 2/3 de la Convención Constitucional, surgieron voces sumamente críticas, tanto de la derecha política económica -a través de sus organizaciones empresariales-, de ex cancilleres de los dos gobiernos del ex presidente Piñera, como también de antiguas figuras del ámbito diplomático de la otrora Concertación y de algunos académicos frente a las propuestas plasmadas en la NC. Las críticas apuntaron, sobre todo, a la priorización de la región América Latina y el Caribe, subrayando que el país lleva décadas de apertura al mundo por intermedio de los TLC y que la mayoría de las exportaciones de materias primas se dirigen al Asia – Pacífico.

 

Otras objeciones se vincularon con la mención a la cooperación transfronteriza entre pueblos indígenas en la política exterior. En mi opinión, estas críticas reflejan un repertorio añejo en cuanto al análisis de lo que es una política exterior moderna, la cual debe dar cuenta de las enormes transformaciones en el mundo tras el derrumbe del Muro de Berlín, la disolución de la Unión Soviética y, la nueva geopolítica internacional. Además, las opiniones señaladas reflejan una concepción principalmente economicista de las relaciones exteriores, que recortan sus horizontes y potencial. 

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