¿Desaparecerá el móvil en 2035?

El futuro del móvil no es un sprint sino un viaje, ¿pero hacia dónde?.

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el smartphone parece encaminarse también hacia dispositivos más discretos, integrados y automatizados, Foto de archivo EP

 

Durante veinte años hemos vivido atrapados en un rectángulo luminoso. Cada gesto —buscar un restaurante, enviar un mensaje, pedir un coche, mirar un mapa— pasaba por abrir una app, pulsar iconos y encadenar pantallas. Pero la próxima década no será una evolución del móvil: será su superación. 

No vamos hacia un “smartphone más rápido”, sino hacia un mundo donde el teléfono desaparece como centro de gravedad tecnológica, según los expertos tecnológicos. 

Tres visiones —Bill Gates, Marc Zuckerberg y Elon Musk— están moldeando ese futuro, y lo sorprendente es que, aunque parecieran contradictorias, están convergiendo más de lo que pensamos, la gente de a pie, los destinatarios finales del desarrollo de sus ideas.


Bill Gates: los agentes de IA reemplazarán las apps


Bill Gates declaró en 2023: “Dentro de cinco años, la gente se sorprenderá de lo mucho que los agentes de IA habrán cambiado la forma en que usamos los ordenadores. No necesitaremos aplicaciones, bastará con pedir lo que queremos”. Su visión es clara: los móviles dejarán de organizarse por aplicaciones y pasarán a organizarse por tareas. El teléfono será solo micrófono, cámara y antena de ese agente siempre encendido.


Mark Zuckerberg: las gafas como sucesoras del móvil


En 2024, Zuckerberg afirmó: “Las gafas inteligentes serán la próxima gran plataforma tecnológica, después del smartphone”. Meta ya vende las Ray-Ban Meta Display, que integran cámara, micrófono y funciones de IA. Su apuesta es que en 2035 mirar un cartel, un producto o un edificio bastará para recibir traducciones, descripciones o instrucciones. El móvil quedará relegado a pantalla de respaldo.


Elon Musk: pensar en lugar de tocar


Elon Musk anunció este 2025 que “Neuralink ya ha implantado chips cerebrales en más de una decena de personas”. Su objetivo es que millones de personas puedan comunicarse con dispositivos directamente con el pensamiento. Aunque aún es experimental, marca una dirección: la interfaz más eficiente es la que desaparece.

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Oportunidades y riesgos: lo que opinan los expertos

 

Los analistas predicen que la integración de IA, gafas inteligentes y dispositivos wearables desplazaran al smartphone como eje, pero advierten que la transición está llena de retos técnicos, sociales y éticos. Gartner prevé que en 2030 más de la mitad de las interacciones digitales ocurrirán entre humanos y agentes de IA y no a través de apps, mientras que expertos en neurotecnología señalan que los implantes cerebrales, si bien prometen avances para la inclusión y la salud, presentan desafíos éticos y regulatorios inéditos, como la protección de la privacidad mental y la gestión de la autonomía personal.​

Además, la democratización de nuevas tecnologías no está garantizada: los wearables avanzados, las gafas de realidad aumentada y los implantes neuronales pueden incrementar la brecha digital y la desigualdad, haciendo que el acceso a estos beneficios esté, al menos en los primeros años, limitado por factores económicos, geográficos y educativos.​

En resumen:

Sobre IA y agentes digitales: Analistas de Gartner prevén que “para 2030, más del 50% de las interacciones digitales se realizarán a través de agentes de IA en lugar de aplicaciones”.

Sobre gafas inteligentes: El MIT Technology Review señala que “las gafas con realidad aumentada serán el próximo campo de batalla de la electrónica de consumo, aunque su adopción dependerá de resolver problemas de privacidad y diseño”.

• Sobre interfaces neuronales: Expertos en neurotecnología advierten que “los implantes cerebrales tienen un enorme potencial, pero su adopción masiva en la próxima década es poco probable por cuestiones éticas y regulatorias”.

• Sobre el futuro del smartphone: La consultora IDC concluye que “el smartphone no desaparecerá, pero perderá centralidad frente a un ecosistema de dispositivos inteligentes interconectados”.

Una transición llena de dilemas

Ante este panorama, lo que está en juego no es solo la eficiencia o innovación, sino la redefinición de la autonomía digital y la privacidad. Desde luego, el sueño de una “superinteligencia personal” no debe hacernos perder de vista la importancia de regular el uso ético de los datos, la protección contra la vigilancia y la necesidad de diseñar sistemas explicables y transparentes.​

 

 

El smartphone parece encaminarse también hacia dispositivos más discretos, integrados y automatizados, pero las preguntas sobre quién controla esa tecnología y cómo afecta nuestras vidas son, y serán, igual de importantes que el propio avance. En la próxima década, al parecer no será solo el fin de los móviles como los conocemos, sino el inicio de una nueva relación con la tecnología, más íntima y poderosa, pero también más compleja y desafiante.

El futuro del móvil no será entonces un sprint hacia pantallas más brillantes, sino un viaje hacia la paulatina pérdida de protagonismo en nuestras vidas, aunque los "gurús tecnológicos" advierten que la transición será gradual y llena de nuevos retos.
 

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