La fuerza de los "outsiders humanistas"

Necesitamos, mirar hacia el pasado para comprender el presente y anticipar, "un poco" el futuro que nos espera. 

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La tecnología juega un papel central en el mundo actual. Foto de archivo

 

En un mundo cada vez más polarizado y segmentado, los outsiders —esas voces que emergen fuera del círculo cerrado de poder y conocimiento— están reclamando un espacio vital en la esfera global. Este sistema milenario está viendo cómo las fuerzas exteriores, en su mayoría ignoradas o desestimadas, irrumpen con una fuerza que no puede ser ignorada por la inestabilidad mundial que han inyectado. Y en este panorama, es donde tienen una oportunidad única para redefinir el futuro de todos, inclinando las balanzas hasta lugares antes inexplorados.

El telurio encontrado en Canarias es un claro ejemplo de cómo la geopolítica está cambiando de forma drástica. Este mineral, clave para la industria tecnológica global, sitúa a las Islas Canarias en el centro del debate sobre los recursos estratégicos. El hallazgo no solo resalta la importancia económica de territorios hasta ahora considerados periféricos, sino que también pone de manifiesto cómo los actores fuera del ámbito de las grandes potencias tradicionales pueden disputar la soberanía sobre recursos fundamentales. Este tipo de descubrimientos refleja un cambio en la dinámica de poder global, donde las regiones y naciones fuera de los círculos de influencia tradicional comienzan a tener voz en la configuración del orden mundial.

 

 

Los conocidos como países BRICS, conformados por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, se han consolidado como actores clave en la economía global. Estos emergentes, que representan una parte significativa de la población mundial y una creciente cuota del Producto Interno Bruto global, están transformando el equilibrio económico. China e India, como potencias económicas, lideran este grupo con un crecimiento sostenido que impulsa no solo sus economías, sino que también redefine las dinámicas comerciales y financieras a nivel mundial. Rusia y Brasil, también siguen siendo importantes en sectores clave como la energía y los recursos naturales. Sudáfrica, por su parte, se mantiene como el puente entre el continente africano y el resto del mundo. En conjunto, los BRICS están promoviendo un orden económico multipolar, buscando nuevas formas de cooperación económica, lo que les otorga una relevancia creciente en un sistema global cada vez más interdependiente. Aunque es cierto también que los EEUU, con Donald Trump al mando y su estrategia arancelaria, se resisten a este cambio de rumbo de 365 grados, también con discursos outsiders. 

El mundo outsider quiere desmarcarse del orden occidental dominante

Lo mismo ocurre en el ámbito intelectual y político, que nos muestra que el sistema actual está en crisis. Las grandes transformaciones políticas y sociales recientes han venido precisamente de esos outsiders, que desafían el statu quo: desde el ascenso de figuras como Donald Trump, hasta el despertar de potencias como China y Rusia, que se han desmarcado de las reglas de un orden occidental dominante. Estas dinámicas, aunque a menudo caóticas, muestran una realidad incuestionable: los outsiders parecen estar tomando el control de la conversación en lo que parece ser un cambio hacia una civilización nueva

Las tensiones entre insiders y outsiders no son nuevas

 

A lo largo de la historia, las élites ("insiders") se han enfrentado a retos provenientes de movimientos populares y políticas externas. Sin embargo, lo que distingue a este momento es la conexión global de los outsiders. Con las nuevas tecnologías, las redes sociales y la interconexión digital, las ideas que surgen desde márgenes de poder antes invisibles se esparcen con rapidez y eficacia. Los outsiders, organizados en redes globales, tienen hoy la capacidad de generar cambios imprevisibles. Es una integración de fuerzas que está redibujando un nuevo orden internacional.

Necesitamos, por ello, mirar hacia el pasado para comprender el presente y anticipar, "un poco" el futuro que nos espera. Cabe recordar la Revolución Francesa, donde las clases populares derrocaron el antiguo régimen aristocrático y establecieron una nueva estructura política; o la Revolución Industrial, que, aunque impulsada por el capitalismo, también vio el ascenso de movimientos obreros que demandaban mejores condiciones laborales y un reparto más equitativo de la riqueza. 

Alimentando el descontento popular y la frustración, los "outsiders", han logrado alterar las reglas del juego, forzando a todo el ecosistema político, económico y social a adaptarse o desaparecer. 

En el ámbito de la diplomacia global, el tándem Moscú-Pekín es un claro ejemplo de cómo las potencias emergentes (en este caso, Rusia y China) han ido desplazando a las antiguas potencias hegemónicas, como Estados Unidos. Aunque aún no han alcanzado la misma capacidad de influencia de Occidente, el hecho de que China se haya aliado con Rusia para ejercer el veto en la ONU es una muestra de que los outsiders están cada vez más coordinados y dispuestos a cuestionar las normas establecidas. La cooperación entre estas dos potencias, aunque arriesgada y llena de contradicciones, es un indicio claro de que la hegemonía de las naciones del G7 está bajo amenaza.

La integración para mantener las democracias vivas

El futuro, sin embargo, no pertenece exclusivamente a los outsiders que rompen con el orden tradicional, sino también a aquellos que entienden la necesidad de integración. Y esa integración debe ir más allá de las alianzas estratégicas o los acuerdos temporales. Se trata de construir un sistema global más inclusivo, que reconozca el valor de la diversidad en todas sus formas: política, económica, social e intelectual. Estos representan la esperanza para un mundo más equilibrado, donde se valore la pluralidad y se promueva la cooperación. Porque cuando usamos la empatía, somos capaces de crear un espacio común mejor para todos, y especialmente para la convivencia pacífica, que cuida la democracia donde todos vivimos y nos desarrollamos. 

Es urgente que el sistema global entienda que la exclusión solo lleva a la fragmentación. Se avecinan grandes cambios sociales y políticos a los que debemos insuflar una integración genuina. Si no se logra, las "murallas" que separan a los insiders de los outsiders seguirán cayendo, arrastrando con ellas los viejos paradigmas y, posiblemente, el futuro de la misma estabilidad global, tal y como la conocemos actualmente.

El desafío es grande, pero la esperanza está en la integración de los outsiders. Si se logra, se puede construir un futuro más justo, más diverso y más equilibrado. La historia está escrita por aquellos que se atreven a desafiar las normas establecidas,  todas las innovaciones provienen de los "inconformistas". Y tenemos que incorporar fórmulas inconformistas integradoras frente a los que apuestan por fragmentarnos. Porque sobre todo lo que necesitamos con urgencia son "outsiders humanistas". 

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