¿El mundo entrará en 2026 con el freno de mano puesto?

El crecimiento se fragmenta como el propio orden global.

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Mundo, alerta   CANVA (1)
Un mundo endeudado y con miedo/ Foto de archivo

 

No faltan motores en el mundo —los hay, y potentes— pero nadie parece tener claro quién sostiene el volante. Que el 72% de los economistas relevantes anticipe un debilitamiento de la economía global no es una cifra más: es una señal de alarma. La combinación de incertidumbre política, comercio interrumpido y una revolución tecnológica acelerada de la mano de la Inteligencia Artificial está generando un clima donde empresas, gobiernos y ciudadanos prefieren esperar antes que arriesgar. Y cuando todos esperan, la economía se enfría.

Este enfriamiento, además, no es homogéneo. El crecimiento se fragmenta como el propio orden global. Mientras Estados Unidos avanza con paso corto y China resiste mejor de lo esperado, regiones tradicionalmente periféricas como Oriente Medio, el Norte de África o incluso África Subsahariana empiezan a mostrar un dinamismo que rompe viejos prejuicios. El mapa económico ya no se divide entre “centro” y “periferia”, sino entre quienes logran adaptarse a la nueva realidad y quienes siguen atrapados en esquemas del pasado.

El gran lastre común a nivel mundial es la deuda

 Cien billones de dólares de deuda pública mundial no son solo un número obsceno: son el síntoma de un modelo agotado, donde se ha comprado tiempo a crédito sin invertir lo suficiente en resiliencia. El diagnóstico del FMI es claro: la alta deuda y el bajo crecimiento es una combinación explosiva. Y para los países en desarrollo, el problema es aún más crudo: un déficit anual de financiación de tres billones de dólares que amenaza con hacer inalcanzables sus objetivos de desarrollo. Ajustar las cuentas públicas es necesario, sí, pero hacerlo sacrificando inversión y crecimiento sería cavar un agujero más profundo.

Los datos que sustentan este artículo se basan en el boletín Economic Trends del Foro Económico Mundial, publicado este 16 de diciembre de 2025. Este informe recoge las conclusiones de la última Chief Economists Outlook, una encuesta periódica a economistas jefes de los sectores públicos y privados, e incorpora además análisis de organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional, con el objetivo de ofrecer una visión agregada y prospectiva sobre los principales riesgos y tendencias de la economía global.

A este panorama descrito hasta ahora se suma el regreso del proteccionismo, una vieja tentación en tiempos de miedo. Los aranceles se venden como escudos defensivos, pero en la práctica funcionan como bumeranes: encarecen los productos, provocan represalias y fragmentan aún más un comercio global ya tensionado. No es casual que más del 80% de los economistas prevea una aceleración de la fragmentación geoeconómica. En este juego, nadie gana; solo se reparte el coste entre consumidores y empresas.

Y, sin embargo, en medio de este paisaje gris aparece la inteligencia artificial como promesa y amenaza al mismo tiempo. El 68% de los expertos espera un impacto comercial disruptivo inmediato revela tanto esperanza como ansiedad. La IA puede impulsar productividad y crecimiento, pero también agravar la brecha de las desigualdades si se deja únicamente en manos de sus creadores. Porque la pregunta clave no es si la IA cambiará la economía —eso ya está decidido— sino si los gobiernos y las instituciones serán capaces de acompañar ese cambio con reglas, inversión y visión a largo plazo.

El mundo necesita un liderazgo capaz de gestionar la transición: menos deuda y más inversión inteligente; menos muros comerciales y más cooperación; menos miedo a la tecnología y más políticas para que sus beneficios sean redestribuidos. Lo peligroso no es un mundo en transformación, sino uno paralizado, uno donde nadie se atreve a tomar decisiones necesarias. 

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