Chile: el dilema de cómo enfrentar a la ultraderecha en el gobierno

El 14 de diciembre 2025, las organizaciones políticas, sociales, de la centro izquierda y del progresismo sufrieron un histórico y profundo revés político. No tan solo fue una derrota político-electoral sino también social y cultural. 

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El presidente electo de Chile, José Antonio Kast.

 

El 14 de diciembre 2025, las organizaciones políticas, sociales, de la centro izquierda y del progresismo sufrieron un histórico y profundo revés político. No tan solo fue una derrota político-electoral sino también social y cultural. José Antonio Kast (JAK) el candidato de la ultraderecha logra tener a toda la derecha tradicional tras sí, obtenía el 58,17% de los sufragios, y la candidata de la centro izquierda y el progresismo alcanzaba tan solo el 41,83% de los votos. Un gran porcentaje de la votación de JAK fue en comunas populares y rurales, en donde su discurso de lucha contra la inseguridad, su postura anti migración, el país que se cae a pedazos en lo económico, y una batalla cultural no tan sólo solapada, caló profundamente. Con esta elección presidencial se finalizaba la ruta de las alternancias de gobierno entre las históricas coaliciones (1990-2025), tanto de la derecha conservadora tradicional (los dos Gobiernos de Sebastián Piñera), como de la centro izquierda (4 gobiernos de la ex Concertación, uno de la Nueva Mayoría de M. Bachelet y el actual de G. Boric). El ocaso de las dos grandes coaliciones políticas, que habían dominado el escenario político del país, había llegado a su fin.

 

A partir del próximo 11 de marzo se dará el paso a una nueva coalición de la derecha, que gobernará el país por los 4 próximos años, liderada por la ultraderecha del presidente electo, JAK. Chile, con este gobierno se incorpora al club regional e internacional de la ultraderecha global. Así lo está señalando JAK, explícitamente en sus primeros viajes a los países vecinales a la Argentina de Milei, y al Perú, del reciente presidente, José Jeri. En Centro América, visita a Nayib Bukele, presidente de El Salvador, para traer las “positivas experiencias” de la lucha contra el crimen organizado y las cárceles salvadoreñas. Inicia una gira a Europa, en donde sus referentes son la extrema derecha del continente, como el español, Santiago Abascal, el húngaro; Viktor Orbán y Georgia Meloni de Italia. JAK pronuncia un discurso en Bruselas, en el Parlamento Europeo ante el Bloque Conservador y Reformista Europeo (RCR) junto a otros líderes de la derecha del viejo continente. En un discurso de trinchera, identitario e ideológico propio del lenguaje ultraderechista, arremete contra el feminismo, el ambientalismo, el animalismo, y el indigenismo -entre otros de aspectos-. Realza, la figura política de Jaime Guzmán, el ideólogo máximo de la dictadura cívico militar de Pinochet. 

 

En definitiva, JAK está señalando con estas giras políticas previo a la asunción como presidente en sus opiniones y discursos que él está dispuesto a reivindicar su rol de líder de la ultraderecha chilena, como así también de la ultraderecha a nivel mundial. Sus posturas actuales nos están retratando al verdadero presidente electo Kast, defensor de la dictadura cívico militar de Pinochet, amigo de los líderes de la alemana Colonia Dignidad, profundamente anti estado, anticomunista, seguidor de líderes autoritarios o dictatoriales, y con sesgos neo nazi. Qué lejos está, el accionar actual de JAK de su discurso en el día de la elección presidencial del 14 de diciembre pasado que, con un tono conciliador, empático políticamente y moderado, llevó a muchos analistas y políticos de la plaza a endulzar los pasos e dichos de este líder de la ultraderecha. 

Qué error profundo en estos análisis, los cuales en nada ayudan a enfrentar el estilo de política y liderazgo autoritario que se avecina en la sociedad chilena. No comprender, y no señalar cabalmente que estamos frente a un próximo gobierno ultraderechista con todos sus extremos bemoles, en nada ayuda a la futura oposición u oposiciones políticas y sociales de cómo deberían iniciar el debate, el análisis y el accionar en este nuevo escenario societal. 

 

Luego del triunfo electoral de la ultraderecha de Kast, como era previsible, ha habido, hay, y seguirá habiendo una importante producción intelectual, periodística y política sobre las causas de la derrota del progresismo y la centro izquierda. Es evidente, que todos estos insumos son bienvenidos siempre y cuando, el movimiento social en su amplio espectro, los partidos políticos que serán opositores a partir del 11 de marzo, inicien cabalmente un proceso intenso de debates, un balance profundo, democrático, reflexivo, crítico y autocrítico de estos 35 años de retorno a la democracia. Este proceso debe dar cuenta de los avances y retrocesos del período en cuestión. Pero, por, sobre todo, comprender que este nuevo escenario nada tiene que ver con los pasados años de la ex Concertación, de los dos gobiernos de la centro derecha, el segundo gobierno de la ex presidenta Bachelet y el de Boric. 

 

Queda, por tanto, el desafío de todas las fuerzas y partidos políticos, de los actores sociales opositoras de iniciar este imprescindible debate. De no hacerlo, se corre el riesgo, de tan solo ser vagón de cola de estos nuevos acontecimientos. Tal como lo señala un columnista del diario El Pais “el avance reaccionario ya no es una amenaza futura: es un proyecto político en marcha”, y frente a este avance, se debe reaccionar de manera unida y estratégica para bloquear a la ultraderecha nacional.        

 

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