Operación Kitchen: mandos policiales confirman que la cúpula ordenó espiar a la familia de Bárcenas

Un comisario revela ante la Audiencia Nacional que las vigilancias a Rosalía Iglesias fueron impuestas por la máxima autoridad operativa de la Policía Nacional

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El testigo relata como seguir a la mujer de Bárcenas era una "orden directa". Foto: Europa Press

 

El juicio por la 'Operación Kitchen' sigue arrojando luz sobre el presunto uso de recursos públicos para fines partidistas. Este miércoles, la Audiencia Nacional ha escuchado testimonios clave que apuntan directamente a la Dirección Adjunta Operativa (DAO), el corazón del mando policial en la etapa de Mariano Rajoy, como el origen de las órdenes para vigilar a Rosalía Iglesias, esposa del extesorero del PP, Luis Bárcenas.

 

Una orden directa desde la "máxima autoridad"

El comisario Mariano Hervás, quien fuera jefe de la brigada de Técnicas Operativas en 2013, ha sido tajante en su declaración. Según Hervás, el operativo de seguimiento no fue una iniciativa aislada, sino una "orden directa" de la DAO, órgano que entonces lideraba Eugenio Pino.

El testigo ha relatado que, al regresar de sus vacaciones en julio de ese año, se encontró con un servicio activo en Madrid destinado a controlar los movimientos de Bárcenas y su esposa. Según le comunicó su superior, Enrique García Castaño, se trataba de un "servicio rutinario" justificado por la supuesta dificultad de los investigadores para localizar el patrimonio oculto del extesorero.

 

La complejidad de un espionaje "incómodo"

Hervás ha reconocido que el dispositivo presentaba una "problemática grave" debido a la enorme presión mediática. La dificultad residía en mantener la discreción de los agentes con "tanta prensa alrededor" de la mujer de Bárcenas. El comisario ha explicado que la justificación oficial para este despliegue era la sospecha de que el matrimonio utilizaba testaferros y locales ocultos para esconder "muchos millones" de euros.

Sin embargo, el espionaje terminó de forma abrupta por un error humano. Una "mala praxis" de un funcionario provocó que uno de los policías fuera descubierto, lo que generó una fuerte reprimenda interna y el levantamiento inmediato del servicio.

 

El papel del chófer y el incidente en la farmacia

La jornada en la Audiencia Nacional también ha contado con el testimonio del comisario Francisco González, jefe del Área Especial de Seguimientos en aquella época. González ha aportado un dato crucial: García Castaño le habría confesado que Sergio Ríos, el chófer de Bárcenas, "colaboraba con el dispositivo" de vigilancia.

El agente ha humanizado el momento en que todo se fue al traste. Según su relato, Rosalía Iglesias detectó que era perseguida cuando un policía cruzó por un lugar inadecuado y quedó a su vista. Asustada, la mujer se refugió en una farmacia, cuya empleada llegó a llamar al 091 para denunciar el acoso. En ese instante, el operativo perdió cualquier sentido y se dio por finalizado.

 

Desconexión y responsabilidades

A pesar de la gravedad de los hechos que se juzgan —donde están acusados el exministro Jorge Fernández Díaz y el comisario jubilado José Manuel Villarejo—, algunos mandos han mantenido la estrategia del desconocimiento. El comisario Enrique Barón, entonces jefe de la Comisaría General de Información, ha asegurado al tribunal que no tuvo "ningún conocimiento" de estas maniobras en el entorno de Bárcenas, a pesar de que la unidad que realizaba los seguimientos dependía jerárquicamente de él.

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