Las fracturas de cadera elevan el riesgo de mortalidad en personas mayores

La evidencia científica respalda esta preocupación. 

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Radiografía de reemplazo de cadera
La cadera afecta especialmente a las personas mayores/ Foto de archivo EP

 

 La fractura de cadera, una de las lesiones más frecuentes entre la población de edad avanzada, se asocia a un notable aumento de la mortalidad y a un deterioro funcional significativo en los meses posteriores al accidente. Diversos estudios clínicos y especialistas en traumatología advierten de que, aunque la lesión no suele ser la causa directa del fallecimiento, puede desencadenar un proceso de declive físico difícil de revertir en pacientes vulnerables.

La evidencia científica respalda esta preocupación. Una investigación desarrollada en el Hospital Universitario de Zelanda, en Dinamarca, que analizó más de 113.000 pacientes, observó que la mortalidad tras una fractura de cadera alcanza el 9,6 % a los 30 días, el 16 % a los 90 días y hasta el 27 % al año de la cirugía.

Un evento que acelera el deterioro en pacientes frágiles

Los especialistas subrayan que la fractura de cadera actúa habitualmente como un desencadenante de complicaciones médicas en personas que ya presentan fragilidad, enfermedades crónicas o limitaciones funcionales previas.

Según el traumatólogo Manuel Vides, jefe de cirugía ortopédica y traumatología en Hospiten Estepona, este tipo de lesión no debe interpretarse únicamente como un problema ortopédico. En pacientes de edad avanzada, explica, la fractura puede iniciar un proceso de deterioro global marcado por inmovilidad, pérdida de autonomía y descompensación de enfermedades previas.

El riesgo aumenta cuando coinciden factores como edad avanzada, enfermedades cardiovasculares o respiratorias, diabetes, demencia, mala nutrición o pérdida de masa muscular. También influye el tiempo que transcurre hasta la intervención quirúrgica: cuando la cirugía se retrasa más de 48 horas, el pronóstico suele empeorar.

Complicaciones frecuentes tras la lesión

Tras la fractura, el paciente entra en una fase crítica en la que pueden aparecer diversas complicaciones médicas. Entre las más habituales se encuentran infecciones respiratorias o urinarias, trombosis venosa profunda, embolia pulmonar y deterioro funcional prolongado.

La falta de movilidad es uno de los factores que más influyen en el deterioro posterior. La inmovilización dificulta la ventilación pulmonar y aumenta el riesgo de neumonía, mientras que la dependencia para actividades básicas puede favorecer infecciones urinarias o complicaciones derivadas del uso de sondas.

A ello se suma el impacto del trauma y de la intervención quirúrgica, que pueden descompensar enfermedades crónicas preexistentes, especialmente en pacientes con un estado de salud frágil.

Diferencias entre hombres y mujeres

Las estadísticas muestran una particularidad relevante: las mujeres sufren más fracturas de cadera, pero los hombres presentan una mayor mortalidad tras la lesión.

Este fenómeno se explica, en parte, porque muchos hombres que sufren este tipo de fractura presentan enfermedades crónicas menos controladas o diagnosticadas, además de un menor seguimiento preventivo de la salud ósea. La osteoporosis masculina, por ejemplo, continúa siendo una patología infradiagnosticada.

Cirugía precoz y rehabilitación, claves para mejorar el pronóstico

Los especialistas coinciden en que el tratamiento óptimo de la fractura de cadera debe abordarse mediante un enfoque multidisciplinar que combine cirugía, geriatría, rehabilitación y cuidados preventivos.

Entre las medidas que han demostrado mayor impacto en la supervivencia y recuperación de los pacientes destacan la cirugía precoz en las primeras 24-48 horas, la movilización temprana tras la operación, la prevención de trombosis, el control de infecciones y una rehabilitación intensiva desde las primeras fases del tratamiento.

También se considera fundamental el seguimiento nutricional, ya que muchos pacientes presentan déficits alimentarios que dificultan la recuperación funcional.

La prevención, clave en el envejecimiento saludable

Los expertos insisten en que la prevención es la estrategia más eficaz para reducir el impacto de estas lesiones en la población mayor. Las recomendaciones incluyen diagnóstico precoz de la osteoporosis mediante densitometrías, consumo adecuado de calcio y vitamina D, y tratamientos farmacológicos en personas de alto riesgo.

Asimismo, la actividad física desempeña un papel central. Los programas de ejercicio orientados a mejorar la fuerza muscular, el equilibrio y la movilidad contribuyen a reducir el riesgo de caídas, principal causa de fracturas de cadera en edades avanzadas.

Otras medidas preventivas pasan por adaptar los hogares para evitar caídas, revisar la medicación que pueda afectar al equilibrio y realizar evaluaciones geriátricas periódicas que permitan detectar de forma temprana situaciones de fragilidad.

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