Maternidad, salarios y violencia: las deudas pendientes con la igualdad de las mujeres en Catalunya

El 8 de marzo de 2026 pone al descubierto cómo la brecha salarial, la penalización de la maternidad y la violencia machista mantienen a las mujeres catalanas en una situación de desventaja económica y social que el sistema sigue sin resolver.

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Imagen de una mujer trabajando mientras cuida a su hijo - Imagen cedida de V3rtice Comunicación

 

El 8 de marzo amanece en Catalunya no solo como un hito en el calendario de las conquistas, sino como una advertencia necesaria. Es el día en que la celebración de los avances se encuentra de frente con la cruda realidad de una economía que, en pleno 2026, sigue operando bajo lógicas que discriminan a las mujeres. En este escenario, la igualdad real se aleja de ser un concepto retórico para revelarse como una urgencia democrática y económica: una arquitectura social que no solo castiga las nóminas femeninas, sino que asfixia el talento y la autonomía de la mitad de la población.

La igualdad no es un ideal abstracto: es una necesidad económica, social y humana cuya ausencia nos perjudica a todas y todos. Y hoy las cifras hablan claro: las disparidades no son pequeñas ni temporales, son estructurales.

 

La brecha salarial: una realidad que cuesta más de 6.000 € al año

Los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE) no mienten: en Catalunya las mujeres ganan de media un 19,5 % menos que los hombres, lo que equivale a más de 6.000 € menos al año por persona. Esto no es un efecto estadístico menor ni motivado solo por sectores laborales distintos.

 

Incluso cuando se comparan empleos con responsabilidades y formación similares, la brecha persiste. Eso significa que, en igualdad de condiciones, una mujer en Catalunya sigue siendo remunerada significativamente menos que un hombre por el mismo trabajo.
Esta desigualdad no solo afecta a la economía de las mujeres, sino que limita su capacidad de ahorro, inversión, independencia financiera y seguridad en el largo plazo. Es un lastre que no solo pesa sobre ellas, sino sobre toda la economía catalana, que desaprovecha talento, ambición y rendimiento profesional.

 

Maternidad: el talento que se pierde y la carrera que se desdibuja

Si la brecha salarial ya es una desigualdad grave, el impacto de la maternidad en la carrera profesional de las mujeres es una injusticia aún más profunda. El I Barómetro sobre Conciliación de las Madres Profesionales en España (2026), publicado por Mamis Digitales, evidencia que la maternidad no es simplemente una elección biológica o personal, sino un punto de inflexión que cambia radicalmente las condiciones laborales de muchas mujeres.

El 78 % de las madres afirma que ha tenido que renunciar a oportunidades profesionales por motivos de conciliación. ¿Qué significa esto? Que una mujer tiene que elegir entre crecer profesionalmente o atender a sus hijas e hijos, porque las estructuras laborales siguen sin ofrecer maneras reales de compatibilizar carrera y cuidados.

El 43 % ha tenido que reducir su jornada laboral para intentar equilibrar trabajo y familia, y casi la mitad ha cambiado de empleo por ese motivo. No se trata de “decisiones personales”, sino de estructuras rígidas —de horarios inflexibles, de falta de corresponsabilidad en los cuidados, de modelos laborales pensados desde perspectivas que ignoran la vida real de las mujeres y las familias.

Grupo SPEC —empresa especializada en gestión horaria— denuncia que la igualdad real exige transformar estos modelos de trabajo: “La igualdad efectiva requiere revisar los modelos de trabajo e integrar sistemas que permitan desarrollar una carrera profesional en igualdad de condiciones antes, durante y después de la maternidad”.

Pero más allá de la tecnología o de las herramientas de planificación, lo que subyace es una pregunta profunda: ¿por qué el cuidado sigue recayendo mayoritariamente en las mujeres? ¿Por qué los entornos laborales no se adaptan para retener y potenciar talento que existe y que sigue brillando, pero que se ve obligado a frenar?

 

Techos de cristal y la dificultad de alcanzar el liderazgo

El avance hacia la igualdad no solo se mide en salarios o jornadas, sino también en la presencia de mujeres en los puestos de mayor responsabilidad. El Informe sobre Igualdad de Género en Empresas 2025 de la Comisión Europea muestra que aunque las mujeres representan cerca del 38 % de los consejos de administración en empresas cotizadas en España, su presencia en cargos ejecutivos decisivos sigue siendo muy inferior.

 

Esto no es casualidad: es un fenómeno conocido como techo de cristal, una barrera invisible que impide que las mujeres, incluso siendo igual de capacitadas, accedan a los niveles más altos. Estos techos no solo perjudican a las mujeres, sino que limitan la diversidad de pensamiento, la eficacia de gestión y el desarrollo estratégico de las organizaciones.

La desigualdad en el acceso al liderazgo no es un problema “solo de mujeres”: es una pérdida de talento para toda la sociedad y la economía catalana.

 

La violencia machista: una herida social y económica

Ninguna discusión sobre desigualdad económica puede ignorar la violencia de género, porque la violencia estructural también es un factor económico: limita la movilidad laboral, genera inseguridad, impone cargas adicionales y encarece la vida cotidiana de las mujeres.

En Catalunya, los últimos datos oficiales indican que en 2025 se registraron 11 feminicidios, incluyendo casos en contexto de violencia de género que también afectaron a menores. En lo que llevamos de 2026, se han registrado 4 feminicidios.

Los registros reflejaron en 2025 más de 14.000 denuncias por violencia machista entre enero y octubre, y casi 18.000 órdenes de protección están actualmente vigentes.

A nivel estatal, el 2024 los juzgados especializados registraron 199.094 denuncias por violencia machista, es decir, más de 500 denuncias al día. Aunque en 2025 España registró alrededor de 38 feminicidios, los casos de 2026 ya muestran que la violencia letal no ha desaparecido y que cada una de estas cifras representa una vida, una familia y una comunidad afectada.

La violencia contra las mujeres no es solo una tragedia personal: es un problema social que golpea la economía, las relaciones humanas y el bienestar colectivo. No se puede hablar de igualdad si la seguridad básica de las mujeres sigue en riesgo.

 

El coste económico de la desigualdad… y su impacto en la sociedad

La continua discriminación salarial, la penalización de la maternidad y la violencia machista constituyen no solo una injusticia social, sino un lastre económico para toda Catalunya. Expertas en economía de género han señalado que el cierre progresivo de la brecha salarial y la eliminación de barreras laborales a la maternidad podrían impulsar el PIB regional, ampliar la capacidad de consumo y fortalecer la sostenibilidad del sistema de bienestar.

Cuando las mujeres no pueden desarrollarse plenamente, la sociedad en su conjunto también se empobrece. No es solo una cuestión de justicia de género, sino una estrategia económica inteligente que beneficie a todas y todos.

 

Hacia una igualdad real: demandas feministas del 8M

Este 8 de marzo, los movimientos feministas no piden favores: piden políticas concretas y efectivas que transformen las condiciones de vida y trabajo de mujeres y familias.

Exigen auditorías salariales obligatorias que no permitan que las brechas continúen invisibles; políticas de corresponsabilidad real que compartan el trabajo de cuidado entre todos los géneros; permisos parentales igualitarios que no penalicen a nadie por ejercer la paternidad o maternidad; y medidas que reconozcan y compensen el impacto profesional de la maternidad.

Porque la igualdad no es una dádiva: es un derecho. Porque una sociedad en la que las mujeres ganan menos, son menos representadas, cargan con más cuidados y sufren violencia, no es una sociedad justa ni próspera para nadie.

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