El éxito y la efectividad de esta estrategia se evidenciaron de forma casi inmediata con la detención de uno de los fugitivos más destacados: Martiño Ramos Soto.
La Policía, junto con la Guardia Urbana y la Europol, comenzó la investigación tras inspeccionar un club barcelonés en el que varias mujeres denunciaron haber sido explotadas en un piso prostíbulo que las atrajo con una oferta de trabajo como modelo o en centros de masajes y spa.