miércoles, 23 de octubre de 2019

​Protejamos #MeToo del fanatismo

Carlos García-García
Doctor en psicología y psicólogo clínico

MeToo hashtag


La revista Time ha nombrado “personaje del año” al movimiento #MeToo que denuncia en la Red casos de acoso y abuso sexual. Todo movimiento social denuncia una injusticia y persigue un cambio, un verdadero punto de inflexión. Tiene su origen en décadas de opresión y estalla en un momento dado con una sola voz, la de las víctimas, apoyada por miles de personas. Ejemplos de ello sonel movimiento por los derechos civiles de los afroamericanos, el movimiento antipsiquiátrico o el movimiento LGTB.


Una característica fundamental de los movimientos sociales es que están participados por los ciudadanos con independencia de su sexo, raza, religión e ideología política. 


Un movimiento es, por tanto, aglutinador, plural y no sectario. Su objetivo no es otro que combatir la injusticia y culmina cuando sus acciones tienen resultados concretos en forma de aplicación efectiva de la ley actual y/o creación de una legislación específica. De momento, el resultado de #MeToo es el señalamiento y la condena de numerosos abusadores sexuales de hombres y mujeres como el productor Harvey Weinstein o el actor Kevin Spacey entre muchos otros. Bienvenidos sean los movimientos como#MeToo que defienden un principio básico para todas personas (no solo para las mujeres): no toquesla piel del otro sin su consentimiento. Bienvenidas sean las voces de las víctimasy bienvenida la condena públicay judicial de los abusadores.


Sin embargo, cuando el sectarismo se cuela en un movimiento social éste deja de ser plural y corre el riesgo de convertirse en una tendencia radical e inmoderada. Así parece estar ocurriendo en parte de#MeToo y otros foros equivalentes como el francés #BalanceTonPorc (denuncia a tu cerdo) que incita a la delación indiscriminada de los hombres y a la censura de cualquier acto masculino sobreentendido como machista. Se desarrolla así una hipersensibilidad feministoide cuyo epítome es la creciente lista de “micromachismos” (¿llegará el día en que un leve suspiro de amor masculino se entienda comoun atentado a la integridad de la mujer?).Iniciativas como #BalanceTonPorcinducen al maniqueísmo (mujer buena, hombre malo), la cerrazón y el revanchismo. Una vez, de niño, escuché a una mujerdecir: “el mejor hombre, colgado”. Probablemente la mala vida que tuvo le dio motivos para pensar asípero, con todo, no veo en dichos como éste ninguna diferencia con losde los machistas “mujer tenía que ser”, “todas putas” o “todas son iguales”.


MANIFIESTO


Contra el tufo represor de algunos testimonios de#MeTooy #BalanceTonPorchan protestado un centenar de mujeres, entre ellas la actriz Catherine Deneuve y la escritora Catherine Millet, y les ha caído la del pulpo o, en el ridículo idioma político-correcto, la de la pulpa. Lo más fino que les han dicho es “malas feministas”. Su delito:hablar de personas y no de sexos, no ser unas indiscriminadas castradoras de hombres.El manifiesto que han firmadopor el “derecho a importunar” es una declaración en favor de la libertad y la razón y en contra del puritanismo paranoide de algunas mal llamadas feministas. Y una llamada de atención sobre la posibilidad de que estén pagando justos por pecadores. El escrito no defiende a los hombres cretinos, mucho menos a los abusadores, sino la libertad y la responsabilidad de cada persona.Un abusador y un violador son criminales y deben rendir cuentas ante la justicia. Por el contrario, un hombre que le dice a una mujer algo de mal gusto es un grosero y un imbécil. También lo es una mujer que se ofende cuando un hombre le cede el paso. No debemos criminalizar a los (y las) imbéciles, es suficiente con dejarlos en evidencia.


El verbo “empoderar”, tan de moda, significa “hacerpoderosoofuerteaunindividuoogruposocialdesfavorecido”. Empoderar no es ejercer el poderindividual contra otros sino ganar para sí la valentía para defender sus derechos y su dignidad como ser humano.Desde sus inicios, el movimiento feminista ha luchado con coraje por la emancipación de la mujer y la igualdad de derechos. Hoy sigue combatiendo contra la violencia de género, la brecha salarial, el techo de cristal y en favor de la conciliación familiar y laboral. Es una lucha justa que debemos ganar entre todos, mujeres y hombres de la mano. No perdamos de vista que nuestros enemigos no son sólo los machistas, también las pseudofeministas radicales. Sonlas dos caras de la misma moneda, la del fanatismo de los sexos. Como titula un artículo del diario Libération: “Balance ton porc? Non merci!”


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