Náuseas

José Leal

Sin techo tatuajes benidorm 31072018


Náuseas, así tal cual, es lo que sentí al leer la noticia. Un grupo de ingleses que celebraba una despedida de soltero en Benidorm pagó a una persona que vive en la calle, si a ello puede llamarse vivir, "un sin techo" escribe el cronista, 100 euros por dejarse tatuar en la frente el nombre y dirección de uno de ellos, un tal Jamie Blake cuyo nombre espero quede grabado en el interior de cada uno de nosotros como un ejemplo más de la ignominia, la barbarie y de atentado a aquello más profundo de la humano que es la dignidad.


Me entero después de que parte de ese dinero le fue robado en la playa. Que de los pobres nunca, hay un amigo, cantaba el gran Labordeta.


Ya días antes venía predispuesto a esa especie de asco que, siendo moral, tiene una concreción corporal de repugnancia o aversión que genera algo y necesita sacar porque es incontenible. Me estuve resistiendo a escribir sobre ello porque no acababa de encontrar los modos de expresar la contradicción que me generaba lo que trato de contar. Hace unas semanas estuvimos conmocionados por la situación de unos adolescentes que al ir de excursión en Thailandia se metieron en una cueva para, al parecer, protegerse de las lluvias sin saber que se metían en una trampa. Todo el mundo se conmovió con la "odisea de los excursionistas" y sufrimos con su sufrimiento y disfrutamos con la feliz solución de su salida de la cueva. Días después la prensa nos mostraba a adultos y niños muertos flotando en las aguas del Mediterráneo que pronto tendrá más vidas segadas que peces. Su embarcación fue destruida sin piedad alguna por la gendarmería Libia y por la condescendencia, de nuevo, de muchos gobiernos europeos dispuestos a que muera todo aquel que amenace no se sabe bien que. No iban de excursion. Posiblemente no tuvieron ocasiones de hacer excursiones en su tierra inhóspita. Al igual que los jóvenes tailandeses buscando soluciones se meten en frágiles o caducas embarcaciones huyendo de las diversas inclemencias sin saber que les espera una trampa muchas veces mortal en el mar y en los paises de los que esperan acogida. Ya despiertan poca solidaridad y admiración.


Yo sé que comparar magnitudes de tragedias humanas puede ser inmoral. Qué tragedia es mayor, diez jóvenes atrapados en una cueva con grave riesgo de muerte o cientos, miles de niños muertos en los diversos mares. Solo imaginar una respuesta me da vértigo, me conmueve y llena de incertidumbres y deseos de huir de comparaciones que no llevan a nada. O sí. Con dolor. Porque quizás también sea obsceno soportar insensible el tratamiento desigual de la prensa ante diversas tragedias. Por estos días un grupo de héroes migrantes saltaron -es curioso, escribo asaltaron y el corrector de mi iPad lo sustituye por saltaron; lo dejo así. Saltaron las terribles vallas de Melilla en una gesta heroica. Sin soportes técnicos que no fueran los suyos. Alguna prensa tituló: '800 inmigrantes asaltan con violencia las vallas en varios intentos. Unos 140 indocumentados han logrado superar la separación fronteriza'. Los demás demás, parece, fueron devueltos en caliente , contraviniendo las convenciones internacionales, a la policía marroquí sin que sepamos cuál será su suerte. Podemos suponerlo. Cómo se puede saltar con suavidad y ternura unas terribles vayas cuyo resultado de la acción va a ser la violencia de los cuerpos de seguridad encargados de evitar el éxito de la hazaña? Cuánto me hubiera gustado leer que había equipos de emergencia encargados de evaluar las secuelas que provocaron los alambres y las caídas, el hambre de tantos meses, las heridas en el alma de tanto desamparo y maltrato, de abuso de las mafias y, a veces también, del abuso sexual sobre algunas mujeres llevado a cabo por compañeros en la misma situación de indefensión y lucha por vivir. Pero ya no es noticia. La noticia es el temple de unos adolescentes en espera de ser salvados con el empleo de tecnologías punteras y sabiendo que les espera un hospital bien cuidado, la simpatía de todo el mundo y el abrazo de sus familias. No quiero comparar magnitudes de tragedia porque una vida, solo salvar una vida vale todo el empeño posible. No hablo de magnitudes pero sí de las injustas diferencias en el trato de las tragedias humanas.


Llega un punto en que a muchos se nos hace indigesta tanta desigualdad en el trato y la condescendencia con que se aceptan. Ahí viene la náusea, el vomito como respuesta a unos comportamiento aceptados sin vergüenza alguna.


Y después de la náusea, el compromiso, luchar de nuevo, denunciar lo que pasa, dar testimonio.

Cuando pasa todo esto y me siento avergonzado, cuando veo el tremendo esfuerzo de tantos por obtener tan poco, cuando me duele el estómago ante noticias imposibles de aceptar me viene a la mente los verso de Bertolt Brecht:


"Ninguno o todos, o todo o nada.

Uno solo no puede salvarse.

O los fusiles o las cadenas.

Ninguno o todos, o todo o nada."


Desgraciadamente cada vez son más los que se ven abocados a esa situación porque quedarse quietos no es buena alternativa a tanto horror que cada día soportan mientras el mundo calla.

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