Neus Roig: "Un bebé en Barcelona en el año 68 costaba dos millones de pesetas"

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Neus Roig


La antropóloga Neus Roig ha convertido una exhaustiva tesis sobre los niños robados en España entre 1936 y 1996 en el libro 'No llores que vas a ser feliz' (Ático de los Libros) , en el que documenta las ilegalidades cometidas por religiosas y médicos. Insiste en que ni todas las monjas ni todos los curas estaban implicados, pero cree que la Iglesia no debería mirar hacia otro lado porque hay datos hospitalarios, judiciales y funerarios que justifican que hubo una auténtica red de tráfico de bebés.


¿Por qué no se investiga más el comercio de bebés entre los años 30 y 90?


En mi opinión personal, es porque al Estado no le interesa reconocer lo que pasó durante la Dictadura franquista.


Según tu investigación, no fueron casos aislados y hay monjas implicadas. ¿Hasta qué punto lo conocía la Iglesia?


Desde el inicio. Son las órdenes religiosas las que inicialmente empiezan a reprimir a las madres que están encarceladas, las que deciden que les quitan los hijos. Después, a partir del Concordato con la Santa Sede del año 53 que se les da el poder total y absoluto en cuanto a las maternidades españolas, son las monjas las que deciden que madre es digna y que madre no es digna para criar a sus hijos.


Y son ellas las que hasta que se secularizan los hospitales en el año 90, hasta el cambio de ley de adopción del año 87, las adopciones eran privadas, por lo tanto iban con la carta de recomendación del cura diciendo que esta familia es adecuada para criar un hijo, previo pago, claro.


¿Qué papel jugaban los médicos?


Eran de mucho prestigio, pero el dinero es dinero. En mi opinión, no hubo otra explicación, o eso o estarían muy vinculados a la idea de que una madre no era adecuada para criar a su hijo.


¿Cuánto se podía pagar por un bebé?


Un bebé en Barcelona en el año 68 costaba dos millones de pesetas.


¿De cuántos casos estaríamos hablando?


Hay unos 30.000 casos de niños robados hasta el año 52 según el auto del juez Garzón del año 2005, y a partir de ahí las 28 asociaciones de víctimas han cuantificado que puede haber hasta 300.000 los niños que pudieron ser traficados, pero exactamente no hay números, son aproximaciones. 


Hay hijos registrados como biológicos, como el caso que se está juzgando en Madrid con el doctor Vela; otros que están como adoptados pero con unas irregularidades fragantes y otros que están adoptados correctamente, aunque muchas veces no se sabe si la madre renunció o no renunció.


Entre los años 1961 y 1978 se hicieron cinco millones de adopciones en España. Claro que muchas fueron legales. Actualmente, está investigado el equipo del doctor Vela, y hay médicos denunciados por toda España y algún médico ha ido a declarar como testigo, como imputado.


¿Cómo es la frustración de los afectados que topan con las trabas burocráticas y judiciales?


Desde el Derecho Internacional se calcula que una persona que está sometida a un, no podemos decir secuestro porque no se ha pedido un rescate, a una desaparición forzada, tanto el desaparecido, porque no puede saber quién es y volver a su origen, como la familia del desaparecido, se considera que están bajo tortura psicológica. En mi opinión, lo están. Son personas que están sufriendo muchísimo.


El título del libro forma parte de una carta que recibían los niños para explicarles que supuestamente su madre les abandonó. Exactamente la misma en varios casos.


En la Maternidad de Peña Grande, que se pone en funcionamiento en 1952 presidido por Carmen Polo de Franco, ingresaban a las jovencitas que estaban embarazadas para ayudarlas. Se cierra en 1985, a raíz de que en 1983 una interna a quien le quitan a su hijo se tira por las escaleras y muere. A partir de ahí, se revisa qué está pasando y se cierran ese tipo de instituciones. Hoy en día todavía hay instituciones eclesiásticas de acogimiento a madres solteras, pero ya no pertenecen al Estado.


En este caso, era una institución estatal administrada por monjas. Esa maternidad se quemó dos veces y hoy en día está derruida, pero hay chicos y chicas que han pedido documentación y a algunos les llegó esa carta. A mí, cuando me llega la primera carta me pone la piel de gallina al ver el contenido de la carta y, con la persona en concreto le digo 'yo creo que no hay mujer embarazada' que pueda escribir esta carta'.


Lo que más me llamó la atención es que pone fecha abajo, puntos suspensivos y un espacio para la firma. La carta está firmada, nosotros hemos tapado la firma, pero ahí hay un garabato. ¿Eso lo firma la madre? ¿Quién lo firma? A través de los contactos con más personas, llego a pedirles si alguno más tiene cartas, no me esperaba cuatro. No sabemos en qué condiciones esas madres firmaban esas cartas.


Sorprende un caso de dos hermanos enfermos. El médico recomienda a la madre que los lleve al hospital y la madre va con la niña, a quien atienden y supuestamente muere. Con los años, el hermano ve un documento que acredita su propia muerte con la misma fecha de ingreso y defunción que la de su hermana.


Este señor, que ahora tiene unos 58, cada vez que hablamos con él nos dice, divertido, 'yo soy un ectoplasma'. Esperaban a los dos hijos. Al padre le dan el acta de defunción de la hija y cuando este chico se tiene que sacar el carné de identidad, van al registro civil y se encuentra que también está registrado como muerto. El padre les explica que la que murió fue la niña, el niño no. Lo vuelven a la vida, por decirlo de alguna manera, le dan el carné de identidad. Cuando tiene que ir a la mili, tampoco le llaman. Y cuando sale el tema de los niños robados, él empieza a investigar y se encuentra con el certificado de defunción de su hermana y con el suyo propio.


En otro caso, a una mujer le dicen a los ocho meses de embarazo que el bebé está muerto, pero esperan a que dé a luz de forma natural a los nueve meses.


Sí, la hacen aguantar un mes con el bebé supuestamente muerto. No le inducen el parto, no le hacen nada. Se pone de parto por sí misma y, en este caso, sí hay declaración del médico delante del juez y declara que tiró el bebé a la basura porque no sabía qué tenía que hacer con él.


En el juicio, ¿se cree antes a lo que diga el médico que al resto de pruebas?


Claro, porque en este caso los médicos declaran como testigos y, teóricamente, un testigo no puede mentir. Se junta la figura del médico como autoridad y como testigo. El juez entiende que la palabra del médico está por encima de todo. En este caso en concreto, en el de Ana, se archiva la causa al día siguiente de la declaración del médico y en la sentencia el juez lo que dice es que ve graves irregularidades pero que no sabe cómo tiene que seguir investigando, y archiva. Los motivos de archivo son tontos, son archivos provisionales y en algún caso, cuando la familia insiste mucho, se acaban encontrando con un sobreseimiento. No se puede reabrir el caso y no se puede juzgar.


En centros religiosos, convencían a muchas jóvenes para que cedieran a los bebés con el fin de darles una vida mejor y evitar el rechazo social. ¿Era el miedo un arma de control?


Sí, la represión de la mujer durante la Dictadura es absoluta. El Estado y la Iglesia las definían como ángeles o como putas. O pertenecías a un grupo o pertenecías al otro, era una clasificación femenina muy extremista. La mujer que cumplía como devota hija y amantísima esposa que todo lo hacía bien estaba considerada ángel, y la que protestaba estaba considerada en el otro lado.


No todas las monjas eran malas, no todos los curas eran malos, no todos los médicos están implicados, sino que hay unas personas concretas dentro de unas órdenes religiosas concretas y hay unos médicos concretos en unos hospitales definidos que actuaban a su libre albedrío, pero no significa que toda la profesión médica o todas monjas estén implicadas.


Esto no solo ha pasado en España, sino también en Sudamérica, que es otro nido de bebés, por decirlo de alguna manera, o de represión a las madres, Irlanda, Bélgica, Alemania... Nos estamos encontrando con que es algo que en los países católicos se ha dado. Para mí, es como el caso de la pederastia, que la Iglesia mira hacia otro lado, la Iglesia intenta taparlo. Si la Iglesia abriera archivos y la Iglesia ayudara, no estaríamos en la situación en la que estamos. Si el Estado abriera los archivos de hospitales públicos tampoco estaríamos donde estamos.


En el libro explicas que a una madre, su propio padre y abuelo de la criatura le dijo: "Olvida que lo has tenido". ¿Cómo influía la familia?


Una madre soltera en la sociedad franquista era una lacra para la familia. A la mujer que no tenía recursos la echaban de casa y a la mujer que tenía recursos la enviaban, por ejemplo, a los pisos de María Madre en Bilbao en el año 65, que eran casas de acogida de niñas embarazadas de buena familia. Tenían pisos en Bilbao y en Madrid, y estar en uno de estos pisos costaba 25.000 pesetas al mes. Estamos hablando de los años sesenta. Estas personas parían anestesiadas en clínicas privadas que pagaban los padres de la embarazada y esos bebés eran dados en adopción.


María Madre decía que el negocio no lo tenía en los bebes, que ella no vendía bebés, que ella el negocio lo hacía con esta red de pisos. En esas adopciones participaban monjas, Acción Católica... Y durante el embarazo joven oficialmente había estado estudiando un año en la capital o en Bilbao. Al año volvía como si no hubiese pasado nada.


Estuve hablando con una madre, en Barcelona, donde también se aplicó este método en el convento de Santa Isabel, y explicaba que después de parir su padre le dijo 'bueno, venga, vámonos a comprar ropa y vamos para casa', dando a entender que no había pasado nada. Ella me explicaba: 'El sentimiento que yo tenía era que acababa de parir, era una niña, estaba dejando a mi hija allí, y mi padre me estaba diciendo, venga, vámonos, que aquí no ha pasado nada'.


Cuentas que tener dinero, influencias y contactos eran los elementos para que parejas que no podían tener hijos se hicieran con los recién nacidos de otros.


Existía la figura de la mediadora, que era una persona muy próxima a la Iglesia, muchas veces de Acción Católica, que sabía qué niña había quedado embarazada, o tenía contacto con los conventos y sabía qué niñas tenían acogidas. Les llamaban mediadoras, pero era como si fueran un comercial. Ellas buscaban una pareja que quisiera adoptar o que quisiera registrar como biológico y hacían el trapicheo entre unos y otros. 


Esas madres fingían el embarazo con cojines y se pasaban nueve meses fingiendo el embarazo. Si era invierno era mucho más fácil porque debajo de los abrigos era más fácil que nadie les pueda tocar la barriga y en el momento del parto se registraba como hijo biológico de la madre embarazada del cojín. Llegó un momento en que había más demanda que hijos producidos y cualquier mujer que entrara en un hospital podía ser víctima.


¿Has visto algún tipo de remordimiento?


Hay casos que sí. Hay madres que ahora se encuentran con que no sabían que su hijo o su hija podía ser robado. La mediadora les había dicho otra cosa. Normalmente, les decían o que eran niñas jovencitas de buena familia o que eran prostitutas. Volvemos otra vez al ángel y a la prostituta. O era una prostituta que no podía quedarse con el bebé porque no sabía qué vida le iba a dar, o era una hija soltera de buena familia. 


En cierta manera, les vendían que les hacían el favor, les decían que si les pagaban la instancia en un convento o una institución, no se iba a prostituir durante la gestación. Pagaban lo que les pedían porque pensaban que ellos estaban ayudando.


Estos son los casos de madres que después ayudan a sus hijos. En el caso de Inés Madrigal, de Madrid, cuando archivan el caso, es la madre la que le acaba diciendo 'denúnciame a mí, que te registré como biológica, para ver si así podemos tirar de la manta'.


Supongo que uno de los aspectos más emotivos es presenciar los reencuentros. ¿Cómo son?


Hay diferentes tipos de reencuentros. Hay adopciones en las que la madre renunció voluntariamente, otras en las que se vio forzada. Después hay encuentros de niños robados. Normalmente, se retira la denuncia, no se sigue adelante, porque los hijos están registrados como biológicos de unas madres que por posición social o por lo que sea tampoco les interesa y, además, son las madres que les han criado, y los padres. 


Ahí tendríamos el corazón partido, entre la madre que les ha parido y que no la conocen de nada y la madre que les ha criado.


Ahí, ¿cuándo puede haber un buen intento? Cuando la madre que registró como biológico no sabía que el bebé era robado, y cuando la madre biológica respeta a la otra madre. Si no, todo eso salta por los aires a las 48 horas.


¿Hay sensación de fracaso en los reencuentros?


Hay un fracaso sobre los reencuentros alto, en cuanto a la integración familiar. Los reencuentros son muy emotivos en el primer momento pero el resultado es triste porque encajar a una persona es muy complicado, y surgen preguntas como: '¿Por qué no me buscaste?', '¿Por qué te creíste que me había muerto?', y la madre contesta: 'Porque el médico me lo dijo', y él le dice: 'No luchaste por mí'. Es muy complicado. Hay reencuentros que han ido muy bien, otros que no, y otros que navegan como pueden.

1 Comentarios

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Sii la verdad es real mente muy triste esto.. ya que muchos hoy por hoy yasen en una tumba sin a ver podido descubrir la verdad!! Y eso es algo que me parte el alma.. y que bien que alguien se levante a favor de esta terrible causa Dios te ilumine estimada mujer para terminar la.taewa que por este mundo emprendiste y AMEN

escrito por Claudia 06/oct/18    07:52

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