Fallece la periodista Isabel Ramos tras una larga enfermedad a los 57 años

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Isabel ramos lavanguardia

La periodista Isabel Ramos (web La Vanguardia)


Isabel Ramos Rioja (Logroño, nacida el 3 de junio de 1961), periodista que desarrolló su trabajo profesional en La Vanguardia desde 1983, murió el pasado sábado en Barcelona bien entrada la noche rodeada de algunas de las personas que más la querían.


Según cuenta su obituario escrito por Antonio Cerrillo en La Vanguardia, su muerte, no por esperada, ha dejado de producir esa mezcla de sensaciones que aúna la rabia, la impotencia y un dolor inmenso que van a permanecer largo tiempo entre quienes la apreciamos y queríamos.


Isabel Ramos se ha ido para dejarnos a todos sobrecogidos pensando cómo han sido estos 12 años de lucha contra una enfermedad machista que sólo le dio pequeñas treguas, períodos en los que se aferró a la vida con una vitalidad e ilusión increíbles. Su integridad, resistencia y fortaleza son la última lección de esperanza y dignidad que nos dio.


“Mujer valiente”, es la expresión más utilizada entre quienes lloraron su pérdida en el grupo de amigos de whatsapp.


Cuenta Antonio Cerrillo que Isabel siempre fue una mujer que vivió entre dos mundos (más lo que fue creando a lo largo de su vida): entre la insuperable melancolía hacia su tierra riojana, y el país que le acogió y supo valorar sus cualidades; entre un pasado familiar feliz que marcó sus primeros pasos y un futuro de incertidumbre que temía tenso e imperfecto; entre unas raíces de cultura cristiana y un anhelo por comprender y descubrir las vetas culturales árabes y mahometanas.


Gran conocedora del castellano, sorprendía su dominio del francés, el catalán, el inglés y el árabe, y ese interés por el mundo musulmán, propio de quien quiere cerrar la herida que ha escindido el mundo en dos bloques que se dan la espalda.


Su patria fue, al final, su lengua y su cultura de adopción, a las que quería con un amor apasionado. Por eso, no podía soportar una expresión incorrecta o un barbarismo (aunque ciertamente en los últimos años, sus advertencias se hicieron más livianas y llevaderas); saltaba de la silla materialmente si, al corregir un texto, detectaba un error de bulto; siempre ilustraba con detalles pedagógicos las fronteras difusas y concéntricas entre árabes y mulsulmanes.


Escribió sobre sectores desfavorecidos de la sociedad, inmigrantes, niños de la calle o menores, pero su pasión era la política y la sociedad del Magreb y sus protagonistas, a los que le dedicó tiempo y esfuerzo.


Retrató la ruinosa decadencia del Instituto Cervantes de Tánger; y con el fotógrafo Kim Manresa atravesó las dunas de Mauritania tomando té en las puestas de sol. Con este mismo fotógrafo, se documentó por primera vez en un reportaje -de enorme repercusión- el drama de la ablación en numerosos países de África.


Otros compañeros la recuerdan defendiendo con vehemencia los derechos de la mujer en una reunión con miembros de la comunidad islámica en el Raval de Barcelona.


Siempre fue una embajadora de La Rioja en todas partes, pero sorprendía aún más esa capacidad para conectar con personas y situaciones lejanas e insospechadas, que, en última instancia, ponían a prueba y caricaturizaban nuestra estrechez cultural.

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