​Malos tiempos para la Lírica

Manuel Fernando González Iglesias

Mientras Torra viaja por Norteamerica a cuenta de los catalanes en busca de la internacionalización deseada para "su procés", sus enemigos internos aseguran a las voces autorizadas de siempre que lo mejor para Catalunya y España es que el President esté lejos, para que así los suyos puedan negociar sin trabas y bajo la mesa los golosos Presupuestos que les ofrece el socialista Sánchez sin quedar demasiado tocados en su imagen de patriotas de tomo y lomo.


Es tan vergonzoso todo que solo el cabreo que llevan encima los socialistas silentes que se ven venir las consecuencias electorales de tanto amor sanchista por los indepes, nos saca del sopor de tanto monotema un día sí y otro también. Menos mal que el Supremo nos va a despertar a final de mes de tanta rutina para situarnos donde parece ser que estamos realmente, aunque ya lo hayamos olvidado. O sea: en medio de un volcán que amenaza con erupcionar arrastrando a su paso convivencia y estabilidad económica de una sola tacada.


Y si nosotros no vamos por el mejor camino, los grandes de Europa no tienen mejor aspecto. A Inglaterra la va a partir por la mitad su rechazo al Brexit. Francia, que padece la revolución de los chalecos amarillos, enfila una crisis institucional muy grave. En Italia el supremacismo neofascista de su actual gobierno escandaliza ya a los demócratas de medio mundo porque, que se sepa, es el enterrador oficial del cementerio del Mediterráneo. ¿Y el resto de las naciones que componen la Unión Europea? Pues mal, muy mal, gracias... porque el auge de los gobiernos antieuropeos y la riada de ultras que ocupan las calles de sus ciudades quieren hacer desaparecer de nuestras vidas las ideas liberales que heredamos de los Padres fundadores y que nos han mantenido en paz tras una post-guerra angustiosa.


El 2019 ha caminado apenas su primera quincena, y lo que se vislumbra en el paisaje común es un nuevo gobierno en Andalucía, al que sus adversarios políticos no les va a conceder ni un solo día de tregua porque la presencia de Vox ha meneado las conciencias y despertado en mucha gente la intolerancia y los peores deseos de un frentismo irreconciliable que no nos llevará seguramente a nada bueno. En principio, el dato es desalentador. Tomar posesión de un Gobierno mientras el Parlamento está rodeado de gente de una sola ideología protestando, no es la mejor manera de decir al mundo mundial que tenemos una democracia asentada y tolerante.


Uno, que está en las antípodas de la ideología de la ultraderecha, no comparte la idea de que algunos señores de la izquierda fleten autobuses para convocar una protesta de esta naturaleza, porque suena más a movida interesada que a pureza ideológica nacida de la indignación popular Pero, como en esta fase de nuestra historia estamos todos un tanto desquiciados, nos tomaremos la noticia con el mismo entusiasmo con que recibimos las genialidades que genera la intervención del President Torra en su viaje patriótico a la patria de Trump para hablar mal de España y de los españoles, que según su parecer supremacista, somos todos unos franquistas y unos opresores de Catalunya.


Malos tiempos para Lírica que dirían mis paisanos vigueses de Golpes Bajos. Por cierto, Coppini, ¡Cuánto echamos muchos de menos tu voz!



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