miércoles, 23 de octubre de 2019

Psicología y Bachillerato

Carlos García-García
Doctor en psicología y psicólogo clínico

En mi época (no me creo que ya esté hablando así), uno elegía hacer el BUP de ciencias o letras y, después de aprobar el selectivo, entraba en la carrera que le daba la gana si tenía la nota para ello. O sea, que podía estudiar ciencias y entrar en filología o estudiar letras y entrar en ingeniería industrial. La suerte que corriera después era asunto suyo. En mi caso, hice letras y luego entré en psicología, que cursé sin dificultad aunque, claro, recibiendo alguna clase extra para aprobar asignaturas feas para mí como estadística o psicometría.


Ahora hay cinco tipos de bachillerato: Ciencias Tecnológicas, Ciencias de la Salud, Humanidades, Ciencias Sociales y Arte. Comparten asignaturas comunes y se distinguen por sus optativas. Hasta aquí no hay mucha diferencia con el sistema anterior excepto por el número de alternativas y de asignaturas optativas.


La diferencia sustanciales que, ahora, el bachillerato que un alumno elija a los 16 años condicionará las carreras a las que podrá optar posteriormente. Así, si uno quiere ser ingeniero o arquitecto tendrá que escoger la opción Técnica, si quiere ser economista tendrá que decantarse por la de Sociales, etc. Esto es así porque en el selectivo las asignaturas específicas de su bachillerato sumarán puntos extra a su nota final de acceso a la universidad. Sin embargo, aún siendo un sistema que condiciona excesivamente el futuro, lo cierto es que, finalmente, la mayoría de los alumnos acaban cursando una carrera que les cuadra. Pero, una vez más, la psicología hace excepción.


En algún momento entre los años setenta y ochenta se decidió arbitrariamente (porque no hubo un consenso basado en criterios rigurosos), que la psicología debía emanciparse de las humanidades y abrazar las ciencias naturales. No les importó que pagáramos un precio carísimo con tal de parecer científicos. Toda la complejidad psicológica del ser humano (sus sentimientos, pensamientos, emociones, contradicciones, angustias, inhibiciones, etc.), quedó reducida a sustratos bioquímicos y conductas observables, medibles y, supuestamente, tratables mediante la técnica (por cierto, ¿cuánto influye en el resultado “objetivo” la subjetividad de quién observa, mide y trata los fenómenos psicológicos?). Bajo esta hoja de ruta cientificista, la psicología dejó de ser una digna aplicación de la filosofía y otras ciencias sociales para convertirse en una mala imitación de la psiquiatría que, a su vez, es una mala imitación de la medicina.


En las Facultades fueron desapareciendo asignaturas como filosofía, antropología o lógica y fueron sustituidas por otras como psicobiología o psicoendocrinología. No critico la presencia de éstas sino la ausencia deliberada de las otras. Como resultado de ello, el psicólogo es cada vez más técnico y menos culto, lo cual va en la dirección opuesta a lo requerido para tratar con el malestar psicológico humano.


Antes, los alumnos de psicología solíamos provenir del bachillerato de letras. Pero hoy, si un adolescente tiene la idea peregrina de ser psicólogo, debe (¡debe!) cursar el bachillerato de Ciencias de la Salud. Las asignaturas optativas que le darán los puntos extra son matemáticas, física, química, biología y, atención, geología. Sin embargo, en la carrera (plan de estudios de la Universidad de Valencia) tan solo un 9% de las asignaturas obligatorias están directamente relacionadas con las matemáticas, un 12% relacionadas con la biología, un 3% relacionadas con la química, y ninguna relacionada directamente con la física ni, por supuesto, con la geología. 


Entonces, ¿para qué el bachillerato de ciencias? Este es, sin duda, provechoso para las carreras de medicina, farmacia, fisioterapia, enfermería, odontología, etc. Pero no para la de psicología que, en todo caso, es una ciencia híbrida con mucho mayor fundamento epistemológico en las ciencias sociales que en las naturales.


Además, como profesionales, nuestra relación con cualquiera de estas materias es anecdótica dado que nuestro trabajo consiste en ayudar a quien nos consulta a resolver los problemas con su vida, no con su organismo. Pero ya saben, a la psicología universitaria le mola disfrazarse. ¡Cuánta impostura!

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