​Cuando algunos políticos se van de rositas...

Manuel Fernando González Iglesias

Hay días en el que ejercer de periodistas es una bendición de Dios. Lo digo por el gran artículo de mi amiga Carmen Freixas en este diario sobre el asesinato de una mujer en el Raval, a la que su proxeneta había apalizado en numerosas ocasiones sin que el gobierno de Ada Colau haya sabido evitar toda una serie continuada de violencias como era su obligación moral y política.

Se ve que todavía en Barcelona ser prostituta es una profesión ilegal sin derechos, a la que cualquier asesino puede poner punto y final cuando le venga en gana. Ayer en el popular barrio barcelonés todos fuimos feministas y gritamos contra este vil atropello que por lo que parece no da votos.


Es la filosofía de algunas políticas y políticos en ejercicio mirar para otro lado, sin que la ley les meta mano por sus malas decisiones o porque se creen que el dinero público es suyo y los impuestos de los ciudadanos hay que gastarlos en pleitos, sobre todo cuando la razón no les asiste, ya que ellos saben que si pierden ante un tribunal y este les condena al pago de costas, estas se pagan con cargo al presupuesto municipal.


Para que no piensen Vds. que quiero engañarles, les señalo dos sentencias muy recientes cuyas costas las ha de pagar el Ayuntamiento de Terrassa, o sea, todos los egarenses.


La semana pasada hube de acudir al Banco de Santander para firmar los papeles de un cobro de costas que correspondía a los honorarios de mi abogado y procuradora que me habían defendido de la denuncia presentada por el entonces alcalde de Terrassa Jordi Ballart por la publicación de un artículo escrito por el colectivo ISIDORO, lleno de humor valleinclainesco, que definía al Señor Ballart como incompetente por una serie decisiones políticas que eran públicas y notorias y que nuestro colectivo denunciaba en uso de su derecho a la libertad de expresión.


El Juez que juzgó el caso en los Juzgados de Terrasa desestimó primero las medidas cautelares que pedía el alcalde Ballart y su equipo, y luego absolvió a este editor que firma esta sección que Vds. están leyendo, que hubo de sentarse en el banquillo al negarse, como es su obligación profesional, a facilitar los nombres de los integrantes del colectivo que el demandante quería conocer seguramente con no muy sanas intenciones.


Además de la absolución, Su Señoría condenó a Ballart y a los suyos a pagar las costas. Cantidad que como he señalado, satisfizo la semana pasada el municipio del Vallés. Y eso, digo yo mismo, el absuelto, es legal pero injusto, porque quienes deberían haber pagado son los demandantes y no los contribuyentes, que nada han tenido que ver en la demanda, ni en el juicio ni en la sentencia.


Les pongo otro ejemplo aún más reciente. Ayer publicábamos en rigurosa primicia en nuestro diario otra sentencia que, sobre el asunto de la remunicipalización de las Aguas de Terrassa, emitió otro Juez y otro juzgado, que supone un tremendo batacazo judicial a las ideas bolivarianas del mismo personaje político, que al dimitir dejó como herencia cargada de sin sentido supremacista y expoliador a sus compañeros de Consistorio, para que ahora apanden con una sentencia desfavorable que además obliga ,cómo no, al pago de costas -unos diez mil euros más o menos- con cargo del presupuesto municipal.


Pues mira qué bien, otra muesca más, recursos aparte, en el curriculum del Niño de marras que, por si no hubieran tenido sus conciudadanos bastante con su savoir faire en el pasado reciente, se nos vuelve a presentar de nuevo a la Alcaldía, se supone que para hacer buena la frase de que el asesino siempre vuelve a la escena del crimen o si Vds. y el interesado lo prefieren, como diría Hegel, que la historia siempre se repite, para así -es un suponer por experiencias recientes- demandar a los disidentes, gratis total, o mejor aún, a periodistas y empresas que él considera que no le bailan el agua -nunca una frase vino más a cuenta- pero que también defienden sus legítimos intereses que también, muchas veces, son los de su ciudad.


¿Y por qué pasan estas cosas? Pues muy sencillo, porque cuando toca pagar, esos políticos siempre se van de rositas.

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