Esto no va de votar contra nadie

Manuel Fernando González Iglesias

Dicen que en España siempre votamos contra algo o contra alguien. A mí me parece que la afirmación es una verdad a medias. Aún siendo así, un cincuenta por ciento es mucho voto como para que los grandes partidos se asusten y traten de activar el voto que antes era seguro y ahora... ya veremos.


Esto que les escribo no es un invento de algunos periodistas sin color político, ni tampoco ganas de amedrentar a nadie de forma específica, sino la evidencia palmaria de lo que la mayoría de la gente viene percibiendo nítidamente en la última semana de campaña donde, por ejemplo, el fenómeno VOX ha acongojado al mismísimo Partido Popular, pero también al PSOE, que no sabe ni con quien pactar ni si ganando en las urnas podrá seguir en el Gobierno.


A los independentistas tampoco les ilusiona que ERC se pelee con el PSC por el liderazgo en Catalunya, ya que Puigdemont y los suyos pueden perder su particular "referéndum" territorial, lo que les complicaría el futuro en su tortuoso camino hacia la añorada Ítaca.


Y en las autonómicas de la Comunidad Valenciana, coincidentes con las Generales, Ximo Puig se ha puesto de perfil, como también han hecho otros barones del PSOE -dicen los politólogos- para no contaminarse del llamado efecto Sánchez, muy destructivo según en qué zona del Estado estemos votando.


Hacía tiempo que una jornada electoral no había despertado tantas expectativas, especialmente entre los dirigentes que hasta hace poco navegaban tranquilamente en el inmenso océano electoral de la derecha, durante años ocupando sillones de primer nivel en el Gobierno, las Comunidades Autónomas y los Ayuntamientos.


Ahora mismo son tres las derechas peleándose bravamente ante todo su electorado, que se los mira asombrado, mientras en la orilla izquierda un camaleón llamado Podemos –que sorprende por sus mutaciones- y un PSOE -desgarrado de sus orígenes de izquierda española- se hacen muecas esperando que la tormenta catalana amaine y no les caiga encima un pedrisco de nacionalismo español que les arruine la jornada.


Añadan a este guirigay la nada despreciable trama de los/las sorayistas populares, que están esperando un batacazo de Casado -sobre todo si se produce el sorpasso electoral de Ciudadanos- para lanzarse a la yugular del hijo político de Aznar y devolverlo al lugar que tenían reservado para él Rajoy y Feijóo, el gallego silente.


¿Y los de Rivera? ¿Se tragarán lo del cordón sanitario y tendrán que pactar con los socialistas como les dice una parte de la banca y las grandes empresas de este país o se dejarán manejar por VOX, entregando su futuro al populismo de extrema derecha que tanto le han criticado sus socios parlamentarios europeos? Otro enigma que despejaremos el mismo día de las votaciones.


Vds. hagan como siempre, vayan a votar y elijan no por su ideología -que esa utopía ya la ha matado la actual generación de políticos- sino por aquello que Vds. crean honradamente que es mejor para su país, para su familia y solidariamente para el resto de sus convecinos.


Olvídense de los ídolos y vuelvan a meter la papeleta en la urna, si les parece, con una sonrisa en los labios, como si estuviéramos en los primeros tiempos de la Transición.


Eso no es votar contra nadie, sino hacerlo democráticamente y por el futuro más inmediato.

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