jueves, 21 de noviembre de 2019

​La ruta y la franja de la seda, oportunidad para la cooperación con China

Javier Paulinich
Embajador. Secretario Permanente del Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe (SELA)

China posee la segunda economía más grande del planeta. Es un actor fundamental de la globalización y tiene por delante grandes retos ante las demandas por un entorno internacional equilibrado, seguro y con un sistema multilateral que garantice los principios fundamentales de una interacción basada en obligaciones y derechos, bajo el respeto mutuo de las naciones, justicia y solidaridad entre los pueblos. Es, por ello, que la propuesta que nos presentan definida como “Una comunidad con un futuro compartido para la humanidad", refleja las aspiraciones y la visión que tiene China en su actuación ante la comunidad de naciones. La iniciativa de Beijín conocida bajo el nombre de: “Un Cinturón, una Ruta”, entendida como una enorme plataforma de cooperación internacional para establecer redes de comercio e infraestructuras terrestres y marítimas que estimulen el crecimiento y el desarrollo económico.


En la actualidad, cuenta con un amplio apoyo y la participación de más de 100 socios comerciales y organizaciones internacionales en todo el mundo, que incluyen a varios países miembros del Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe (SELA). En este contexto, la conectividad comercial ha aumentado considerablemente.


Para comprender las razones que le han permitido al gigante asiático un desarrollo económico y su afianzamiento en el proceso de globalización, habría que remontarse a finales de la década de los setenta, cuando China inició un proceso de reformas económicas y de apertura comercial encaminadas a ampliar la participación del sector privado y la economía de mercado. De un país pobre, retrasado y cerrado pasó a ser un país abierto con un crecimiento económico formidable. Dicho proceso ha permitido el tránsito a una economía de mercado con un éxito no registrado en otras transiciones. Tras su adhesión a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001, asumió derechos y obligaciones, e intensificó su participación en la globalización económica a través de la producción de bienes y servicios exportables. De esta manera, creó las condiciones internas para asegurar un desarrollo económico sostenido con altas tasas de crecimiento hasta llegar a ser competitiva internacionalmente.


La economía china se transformó en una formidable fábrica exportadora de bienes industriales con amplia participación de empresas extranjeras. El país, también, se convirtió en un alto demandante de materias primas, energía e inversión extranjera directa (IED), pasando a ser un actor determinante en la economía mundial. Ya en 2018, el Producto Interno Bruto (PIB) de China había crecido 6.6%, un equivalente al 66% de Estados Unidos y un 16% del PIB mundial, convirtiéndose en la segunda economía del mundo.


Los cambios experimentados a nivel económico se deben, en gran medida, a la adopción de un modelo de desarrollo basado en su inserción en cadenas globales de valor. El crecimiento exponencial de su economía con una alta demanda insumos en los sectores industrial, minero y forestal, y una urbanización acelerada, produciendo, eso sí, un déficit ambiental y desafíos para el desarrollo sostenible.


En el plano político es un interlocutor respetado. A partir de su fundación el 1 de octubre de 1949, China ha demostrado una inclinación por el diálogo, la negociación, la cooperación, la búsqueda de intereses comunes con sus contrapartes, así como la creación de alianzas estratégicas.

Desde allí favorece el multilateralismo, se opone al proteccionismo, aboga por la liberación y facilitación del comercio e inversiones, y el respeto de los canales establecidos para la resolución de diferencias comerciales en la OMC, por ser factores esenciales para la calidad y sostenibilidad del crecimiento económico de los países.


La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha destacado la creciente cooperación entre China y la región de América Latina y el Caribe, pues en 2018 el comercio entre ambas partes superó los 307.000 millones de dólares. Es, además, su segundo principal socio comercial detrás de Estados Unidos, representando en 2017 el 11% de las exportaciones regionales y el 18% de sus importaciones.


Luis Carranza, presidente de CAF – banco de desarrollo de América Latina, ha señalado que en nuestra región quedan aún retos enormes, como por ejemplo reducir las brechas de infraestructura, de desigualdad y de productividad. “En esto, China es un aliado muy importante debido a la complementariedad de los modelos de desarrollo de ese país y de nuestra región”.


En el marco de la responsabilidad compartida, sin duda, China tiene por delante retos y oportunidades con América Latina y el Caribe (ALC). Nuestra región es importante para China y para nosotros es clave fortalecer los vínculos y el conocimiento mutuo. Sobre la base del proyecto de China de crear una comunidad con un futuro común para la humanidad, en lo que concierne a la región latinoamericana, considero pertinente las siguientes recomendaciones:


1. Impulsar la cooperación Sur-Sur para seguir apoyando los esfuerzos internacionales de ayuda a los Países en Desarrollo (PED) y mejorar la vida de sus poblaciones, a los fines de reducir las brechas de desigualdad existentes. 


2. La creación de una alianza estratégica con ALC, que esté regida por el desarrollo pacífico y donde prevalezcan el respeto mutuo, la equidad, la justicia y la cooperación en beneficio de todos, orientada a aumentar la eficiencia de los procesos de negocio que atraigan más inversiones extranjeras.


3. Como actor importante en el sistema mundial de gobernanza económica y firme defensor del sistema multilateral de comercio, China podría compartir sus experiencias de desarrollo y fortalecer asociaciones más estrechas con ALC que busquen respaldar el multilateralismo, respetar el mercado, promover el desarrollo equitativo y la paz entre las naciones. 


4. Dentro de la política de promoción de facilitación del comercio y las inversiones, tomar en cuenta la condición exportadora de los países de la región de productos básicos agrícolas y mineros, y permitir un mejor acceso a su mercado, para evitar un posible desplazamiento de la actividad comercial y financiera de las economías latinoamericanas. Se podría trabajar en una forma de desarrollo conjunto.


5. Establecer estrategias concertadas que superen las limitaciones y potencien las capacidades para alcanzar un desarrollo sostenible, inclusivo, de calidad, y en armonía con el medio ambiente, en consonancia con los ODS. 


6. Incorporar activamente a ALC en el nuevo modelo de cooperación internacional y de gobernabilidad mundial. Tratamiento especial para las pequeñas y medianas (Pymes) con aprovechamiento de las potencialidades comerciales y desarrollo de proyectos de conectividad. Asimismo, oportunidad de internacionalización, lo que aumentaría su competitividad en los mercados internacionales y disfrutarían de los beneficios del comercio.


7. Establecer un Foro ALC-China de manera permanente y que involucre a los organismos intergubernamentales de la región, como podría ser el SELA, junto a otros, con el fin de promover consultas y explorar mecanismos de cooperación para fortalecer el desarrollo económico y social que tenga como fundamento el bienestar de la población.


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