domingo, 8 de diciembre de 2019

Comín tocando el piano, la mamá y TV3

Carmen P. Flores

Ya es conocido por todos que la mayoría de las madres son capaces de cualquier cosa para defender a sus hijos. Dicen que es algo natural, no en vano han estado dentro de sus vientres durante nueve meses. El cordón umbilical no se corta con el parto, sigue ahí.


En algunos casos, ese lazo con la madre lleva a algunos hijos a aprovecharse hasta límites escandalosos, diría que poco éticos. Este es el caso de Toni Comín, que estos días ha sido la estrella de TV3, en compañía de su madre. Una entrevista de la televisión panfletaria del independentismo donde la presentadora se desplazaba a Bruselas y en la casa -eso parece- del huido, con piano de por medio y mamá a su lado, hablaban de lo duro que es el exilio, lo mal que lo está pasando y una larga lista de quejas relacionadas con la falta de democracia. Todo ello para lavar la imagen del niño Comín, un transformista político de primera... Qué trabajo impagable de TV3 con el dinero de todos.


Faqs comin

Toni Comín y su madre en el FAQS de TV3. / FOTO: @FAQSTV3


El programa en cuestión lo realiza la productora de Andreu Buenafuente, descendiente de almerienses, nacido en Reus, como le gusta contar de vez en cuando, ahora menos.


Ya decimos que una madre es capaz de cualquier cosa por un hijo. En el caso de Comín, ésta, pese a su edad avanzada, se desplazó hasta el lugar donde se encuentra su hijo -¿habrá pagado el viaje TV3?- para escenificar una escena de familia dividida, de madre amantísima y la del hijo obediente que preguntó en su día a su madre si quería que se quedase en Barcelona antes de huir. "Me dijo que me fuera, que no quería verme en la prisión, que esa situación ya se había vivido en casa", decía Toni Comín con esa vocecita de niño que no ha roto un plato en su vida. Recordemos que el caso vivido se refería a las seis semanas de prisión que vivió su padre al ser condenado por el régimen de Franco por un artículo escrito en una publicación francesa.


A lo largo de la entrevista las imágenes eran conmovedoras, todas unas escenas dignas de las películas lacrimógenas del cine español. Mientras, su hermanísima Betona, que había estado en la Conselleria de Salut cuando él era el responsable de la sanidad catalana, sigue en la primera línea agitadora pidiendo ahora que la gente se una a la cacerolada contra el Rey. Quién te ha visto y quién te ve Betona -la que ha vivido del apellido. Tiene otros hermanos que son lo contrario, quieren pasar desapercibidos-… antes con socialistas y después con los que gobiernan ahora, mejor dicho, con los ex convergentes que les siguen dando trabajo a través del Govern. Su esfuerzo le ha costado a la independentista de nuevo cuño…


Cuando sentada delante de la TV veo esas imágenes de propaganda televisiva del huido, el trato preferencial que se le da, me viene a la memoria las miles de madres cuyos hijos se encuentran en las prisiones catalanas, sin los privilegios que tienen algunos de los presos vip, con videoconferencias incluidas, según explicaba la candidata por JxCat, Laura Borrás. Personas a las que TV3 no les dan la oportunidad de hablar de la situación de sus hijos, de las condenas -más de una pasada de rosca-, de la actitud y trato de más de un funcionario frustrado. O no hablan de los precios abusivos del economato -más que en cualquier supermercado de la calle- para comprar algunos productos alimenticios cuando la comida es incomible. Tampoco pueden explicar por TV3 cómo sus hijos les explican cosas de dentro y les piden que no protesten porque después las consecuencias las pagan ellos, o cómo cuando están enfermos tienen que esperar días para que les visiten el médico del centro. Todas estas cosas son irrelevantes, lo importante es el procés y sus protagonistas, presos o huidos que se han convertido en el centro de una Catalunya cuyos dirigentes la están llevando a un callejón sin salida. Pero no hay que preocuparse, como dicen unos cuantos "si no te gusta te marchas a otro sitio". Toda una lección de tolerancia y despotismo al creerse que Catalunya es su masía.


"En resumen, no solo las cosas no son lo que parecen, ¡ni siquiera son como se llaman!", decía Quevedo.

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