jueves, 5 de diciembre de 2019

​A vueltas con la segunda vuelta

Alejandro de Diego Gómez

La actual situación de inestabilidad política parte del resultado de las elecciones del 20 de diciembre de 2015, tras las que Mariano Rajoy declinó la propuesta del Rey de someterse a una sesión de investidura, tomándole el testigo Pedro Sánchez que salió derrotado en las 2 sesiones, lo que provocó la repetición de las elecciones. Tras ellas vino el famoso “No es No” de Sánchez que le llevó a ser relevado de la Secretaría General del PSOE, a la abstención de este partido para que Rajoy fuera finalmente investido Presidente, a la vuelta de Pedro Sánchez a la Secretaría General de su partido y posterior presentación de una moción de censura que le llevó a la Presidencia del Gobierno. Pero la imposibilidad de aprobar unos Presupuestos supuso un nuevo adelanto electoral, que, tras fracasar los pactos con Unidas Podemos, forzó la última repetición electoral, la del 10 de noviembre, tras la que, lo que a uno le quitaba el sueño hasta 2 días antes ahora ya tiene sosiego y las competencias que el otro exigía en lugar de sillones ahora tienen acogida, a pesar de haber firmado un documento lleno de generalidades, por lo que es difícil de creer salvo que haya algo que no conozcamos (¡qué lejos han quedado los días en que se exigía luz y taquígrafos!).


Para que salga adelante ese Gobierno de coalición ya hay 6 partidos que han anunciado su predisposición a apoyarlo, claro está, si se pliegan a sus condiciones territoriales particulares, en detrimento, lógicamente, del resto de territorios del Estado que prefirieron confiar su destino a partidos de carácter nacional en vez de a otros más locales. Pero que si se aplicara a nivel nacional la limitación del 3 % de los sufragios que establece la Ley Electoral a nivel provincial para poder obtener escaño ninguno de estos partidos tendría representación en el Congreso. Y son ellos, junto con Esquerra Republicana que obtuvo el 3,61 %, los que tienen en sus manos la gobernabilidad del país, no sólo la investidura de un Presidente sino el destino de toda la Legislatura, cuando suman en su conjunto 2 millones de votos que representan el 8,5 % del total de sufragios emitidos.


Pero es que además esos 2 partidos que pretenden coaligarse van a someter a refrendo de su militancia tal coalición. Es decir, van a ser unos pocos ciudadanos (los que tengan carnet de estas formaciones) los que van a decidir si esta fórmula es válida para aplicárnosla a todos los españoles y, finalmente, unos pocos diputados los que inclinarán la balanza para un lado o para otro. Y esto, que en otros tiempos podría ser democrático, creo que no responde a los estándares que deberían presidir una sociedad moderna y avanzada del Siglo XXI como es la española, salvo que algunos piensen que no es ni una cosa ni la otra y que está en el Siglo XXI por pura inercia.


Yo vuelvo a proponer (y son ya unas cuantas veces) un sistema de doble vuelta. Sé que no tenemos un sistema presidencialista sino parlamentario, y por eso lo que propongo no es la elección de un Presidente sino de una forma de Gobierno, de manera que, tras el resultado de unas elecciones, si ninguna formación obtiene mayoría absoluta, se iría a una segunda vuelta en la que lo que se plantearía a todos los electores es la forma de Gobierno, donde cada partido con opciones de formarlo (está claro que a la 2ª vuelta no irían todos) elegiría si acude en solitario o en coalición con otro u otros. Y es en esta fase previa donde, si quiere, puede someter esa fórmula a su militancia, en el bien entendido de que quien va a decidir finalmente es el conjunto de la ciudadanía, que le otorgaría a la opción ganadora 176 escaños y los otros 174 se repartirían entre las demás formaciones según los resultados obtenidos en la primera vuelta.


Es evidente que este sistema supone un cambio profundo no sólo en nuestra mentalidad (sobre todo en la de los partidos) sino también en nuestra legislación electoral, que debería incluir la revisión de las circunscripciones en que se divide el país, superando la actual división provincial no sólo por anacrónica sino por distorsionadora del resultado final. Pero supondría grandes ventajas desde muchos puntos de vista: para empezar no habría condiciones o hipotecas que pagar durante toda la Legislatura, así como se daría estabilidad al Gobierno y se acabaría con la repetición de elecciones, no como hasta ahora que, a poco que se tuerzan las cosas, podemos acabar no en las terceras como algunos dicen, sino en las quintas en poco más de 4 años, con un gasto y un desgaste muy superior al que supondría esta otra fórmula que yo propongo.


'A vueltas con la segunda vuelta' se publicó originalmente en Pressdigital.

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