“Dos divas y un destino”: ópera de pequeño formato en el Teatro Gaudí

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Ir a teatro a las siete de la tarde me retrotrae a mi juventud, cuando esa era la hora a la que empezaba la sesión de tarde en Madrid. Porque entonces, en todos los teatros de España había dos sesiones diarias, de lunes a domingo, la segunda, a la once de la noche. En Barcelona, como éramos más laboriosos y, por tanto, más madrugadores, empezaban un poco antes: a las seis de la tarde y once menos cuarto de la noche. Pero no me había equivocado, la representación de "Dos divas y un destino", un "show lírico, cómico e interactivo", empezaba en el Teatro Gaudí exactamente a las siete y, aún con entreacto, como antes, a las nueve estábamos en la calle para ir a casa y cenar viendo el telediario. Como Dios manda.


La verdad es que tuve que tomar buena nota porque ahora es muy fácil despistarse. La mayoría de los teatros empiezan a las ocho y media, pero los hay que a la ocho, las nueve, e incluso a las diez. Hay que estar bien informado para no encontrarte con la sorpresa de que te den con la puerta en las narices, cosa que ya me ha pasado alguna vez. No fue el caso del teatro Gaudí, porque el público estaba avisado de que la función empezaba a la siete y que era un espectáculo de ópera.

¿Ópera en una sala cuadrangular de modestas proporciones? Pues sí, claro, porque el teatro lírico en su esencia son las piezas que componen cada obra, arias, duetos, concertantes, coros, etc. Lo demás, vestuario y escenografía son elemento secundarios y prescindibles. Se puede por tanto concebir un espectáculo de ópera de pequeño formato escogiendo piezas unipersonales, por ejemplo, arias.


Teatro Dos divas y un destino


Así lo pensaron Ángela Lorite y Alba Martínez, mezzo y soprano ligera que, de común acuerdo, espigaron una selección de arias bien conocidas del público operísticos extraídas de "La Traviata", "Romeo y Julieta", "Rigoletto", "Don Carlo", "Cosi fan tutte", "Carmen", "Le noze de Fígaro", "Contes de Hofman", "Il Barbieri di Siviglia" y "La flauta mágica". Decidieron, desde luego, cantar con música en directo, si bien hubo que optar por el piano, que estuvo a cargo de Akiko Nomoto quien, además de las arias citadas, interpretó otras dos piezas musicales de Granados y Falla.


Las intérpretes pudieron optar por concebir un recital convencional, con la solemnidad a que invita el género operístico. Pero tuvieron el acierto de, manteniendo un estricto rigor en la interpretación vocal, aderezar su actuación con un ligerísimo hilo argumental -dos divas envidiosas, competitivas y celosas; una admirada y ambiciosa; otra la eterna segundona que carga con los papeles menos gratos- que dio pie para incluir pequeños rasgos de humor, algunos gags y diversas muestras de complicidad con el público, invitado en ocasiones a participar activamente en el espectáculo. Una escena austera y sin alharacas, con un canapé, dos mesitas auxiliares y poco más, crearon el ambiente adecuado, aunque Lorite y Martínez se lucieron más en el vestuario.


Un espectáculo sencillo, fácilmente transportable, que, sin embargo, brilló con luz propia por la excelencia de las voces: sugerente, cálida, tierna, en un caso; fuerte, poderosa, desbordante, en el otro. Más que suficiente para configurar una velada grata que fue coronada por aplausos merecidos y entusiastas del público.

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