La guerra fría sube de temperatura

Ludmila Vinogradoff
Corresponsal internacional

Rusos en Bolivar

La Guerra Fría sube de temperatura sin que nadie la invocara después de más de medio siglo de permanecer en el invernadero. Ahora a la chita callando asoma sus garras fuera de tiempo, lugar y actores mientras sus creadores originales descansan el retiro de la ancianidad o la indiferencia de sus herederos.


Caracas se ha convertido en el centro de nuevos actores de la no tan fría confrontación de la post guerra mundial sino de un nuevo escenario de intrigas y espionaje de las potencias Rusia, China y EEUU que han desplazado a La Habana como su centro de operaciones.


Viéndolo mejor los cubanos, unos veteranos y beneficiarios de la guerra fría de los años 60, han preferido mudarse a la capital venezolana donde han desarrollado y puesto en práctica las mejores enseñanzas de la antigua URSS.


El mundo de espías, hackers, intrigantes, contratistas, perros de la guerra de los rusos, chinos y cubanos ha encontrado en Caracas el territorio continental y la punta de playa ideal para desembarcar estratégicamente al continente americano siendo la cabecera de Sudamérica.


En Caracas los neo soviéticos han logrado lo que no pudieron en La Habana tras 60 años de dominio. Primero Hugo Chávez y luego Nicolás Maduro, les han abierto las puertas a los rusos, dejando de ser de ser el patio trasero de los EEUU.


Y en esa entrega del territorio venezolano, el gobierno de Donald Trump ha decidido descartar la amenaza de la intervención militar para sacar a Nicolás Maduro, dejando desarmada y debilitada a la oposición que lidera Juan Guaidó.


EEUU se ha ido por las sanciones individuales contra los jerarcas chavistas, que han hecho daño al régimen ciertamente pero no lo suficiente porque todavía continúa en el poder. También cerró su sede diplomática, lo que ha perjudicado la tramitación del visado de los venezolanos perseguidos o simplemente turistas.


Los militares rusos y chinos se pasean a sus anchas en Venezuela. Visten uniforme del ejército venezolano para camuflarse y se alojan cómodamente en el hotel del Círculo Militar de Los Próceres en Caracas cuando no están en las zonas fronterizas con Colombia o al sur en la frontera con Brasil en el estado Bolívar, instalando equipos satelitales de radiocomunicaciones digitales o misiles de mediana distancia.


Los militares venezolanos se hacen la vista gorda y los dejan hacer, especialmente a los agentes rusos. Ha tenido Juan Guaido, presidente encargado de Venezuela, que reclamar y llamar la atención de los responsables de la Fuerza Armada Bolivariana para que no permitan la invasión de los militares rusos.


La injerencia rusa no solo es militar y armamentista sino cibernética y económica de explotación de los yacimientos de oro, diamante, coltán en el Arco Minero y de la industria petrolera. En lo cibernético los proveedores han tenido que cerrar más de 4.000 correos rusos del régimen de Maduro que saboteaban las redes sociales.


Washington ya no domina el patio trasero caribeño del continente. Ha perdido fuerza en Caracas donde se vive una guerra fría recalentada por los mercaderes de armas, los delincuentes de las multinacionales, los islámicos del Hizbolá, los guerrilleros colombianos y el narcotráfico, toda esa fauna del crimen organizado que ha invadido el país bajo la complicidad de Maduro.

Donald Trump se ha desentendido de Caracas mientras Vladimir Putin se adueña de la cancha de juego.   

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