El Teatre Akadèmia programa una divertida versión de 'El burgués gentilhombre' de Molière

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El castillo de Chambord es uno de los recintos palaciegos más espectaculares de Europa. Está situado en el valle del río Loira, en la provincia de Loir-et-Cher y se dice que tiene el mayor parque de Europa. Es allí donde a Francisco I gustaba cabalgar mientras practicaba la caza. Al pabellón real, que empezó el citado rey, le añadieron nuevos elementos su hijo Enrique II, Luis XIII, Luis XIV y Chambord llegó a tener 440 habitaciones, 365 chimeneas, 70 escaleras y 14 escalinatas. Una desmesura total. Curiosamente, todo este esfuerzo fue casi baldío y tanto Francisco I como Luis XIV lo usaron tan sólo algunos días. Pues bien, en una de estas brevísimas estancias de Luis XIV Molière tuvo ocasión de estrenar en 1670 una de sus más famosas comedias: 'El burgués gentilhombre', concebida como un espectáculo completo que incluía texto, música y ballet.


La Compañía Els Pirates ha actualizado esta obra en una nueva versión titulada 'La mascarada' que se presenta en el Teatre Akadèmia. Si la vara que permite medir la vigencia de una obra escrita hace muchos años es su concordancia de fondo con el presente habremos de convenir que todos los grandes temas que subyacen, por ejemplo, en el teatro clásico, de Shakespeare a Lope o Calderón, perviven en la sociedad contemporánea, aunque sea, como cabe suponer, con otros ropajes. Lo mismo pasa también con géneros menos trascedentes, como la comedia, al punto de que, tras las divertidas, desopilantes y un tanto absurdas situaciones imaginadas por Molière se deduce una crítica perfectamente aplicable a vicios, corruptelas y vanidades actuales.


El esperpento de Monsieur Joudain, un vanidoso nuevo rico que pretende esconder su condición y revestirse del aura de nobleza de sangre que le falta, es de tan rabiosa actualidad que, dejando de lado la mentecatez con que Molière diseño al personaje, permitiría identificar a más de un coetáneo nuestro.


Teatro La mascarada Akadu00e8mia



"La mascarada --dicen los de Els Pirates-- habla de locura, hipocresía y engaño a partes iguales". Con sujeción a las limitaciones de espacio del local citado, la versión incorpora todos los elementos originarios de la comedia de Molière. El texto va acompañado de canciones, música y algunos elementos coreográficos, de modo que los seis intérpretes tienen que lucir una asombrosa versatilidad, además de travestirse una y otra vez para representar personajes sucesivos. La compleja escenografía del teatro a la italiana se resuelve ingeniosamente con el uso de unas mamparas desplazables y algún mueble adicional que se desplaza por el espacio escénico con rapidez, apareciendo y desapareciendo según las necesidades del momento. Y aún queda espacio para un piano, en el que se interpretan, con acompañamiento de instrumentos de cuerda, algunas de las piezas de la obra.


Todo ello adornado con el tono bufo propio de la farsa concebida por el comediógrafo que permite criticar con sal gorda sin que nadie se sienta aludido. 'La mascarada' es un espectáculo completo, muy divertido, que los adaptadores --parece que ha sido un trabajo colectiva-- han actualizado con algún guiño de contemporaneidad como el de que la criada de la señora Joudain se enamora del congénere del novio de su hija, que en esta versión resulta ser no un lacayo, sino… otra criada.

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