Te extraño

Lilia Cisneros Luján

Para Yvette Cruz Cisneros

Domicilio: el Cielo

Tema: Te extraño


Mi extrañada hija,


Vaya que tu recuerdo tiene competencia, mi amada Yvi. La madrugada del 5 de febrero pero de 2014, dejaste de estar en esta dimensión, tan llena hoy -seis años después- de violencia, de afán destructor contra el planeta, de nuevas pérdidas para mí y hasta los 103 años de la promulgación de la constitución mexicana, que se ha convertido en un verdadero Frankestein.


Este último año, partieron otros seres que tú sabes cómo fueron amables y cariñoso no solo conmigo sino también contigo: Tu tío Enrique, en marzo dejó atrás solo el recuerdo del llanero solitito y por supuesto tres de sus siete hijos apenas en edad preescolar porque “le salían bonitos”. María de los Ángeles recorrió el mismo camino que tú, solo que en menos tiempo y nos dejó en abril, ¡vamos!, hasta el queridísimo Doctor Dallal está ya en la dimensión en la cual todos nos encontraremos No recuerdo si alcancé a compartirte que al final de nuestra fructífera relación primero de psicoanálisis, luego de consejero y primer patrono Presidente del Instituto del Niño Quemado, sin pasar por alto el mucho apoyo que te dio tanto en tu adolescencia como en los tropiezos de tu vida adulta, descubrí que era cristiano y maestro del seminario metodista. Tuve el gozo de platicar con él unas 5 semanas antes de que nos dejara –a finales de octubre- y desde ese día supe que ya no lo vería más. Le habían operado una hernia y al parecer ya estaba muy recuperado…. Pero en realidad eran sus últimos días. Falleció sin broncas, sin dolor, sin problemas, pero al fin fue otro menos. De los amigos de la bohemia -que cumpliendo tu encargo me sigo ocupando de mantenerla- ni te doy nombres, no a todos los conociste, pero se fue el que me acompañaba esa canción que te gustaba “Coincidir”.


Y de verdad mi niña linda, en serio te digo que el mayor privilegio de ser vecina de este mundo por un rato, ha sido el haber coincidido 42 años más nueve meses contigo, mi extrañada hija. Ahora si soy una auténtica “abuelita” estoy donando muchas cosas que aún conservaba: el vestido que te pusiste en la boda de Hellen, el del coro del colegio Alemán, la ropa de seda y lino que compramos cuando trabajaste en Guadalajara en el ejercicio de tu primera carrera –la hotelería- tus muñecos de peluche –solo sigo conservando el Snoopy que nos acompañó a tantos viajes- y busco un orfelinato para llevarles, tus sábanas –de princesas, ositos, etc.- y las de tus hijos que este año se convierten en adultos.


Como ves hija, “estoy soltando”, voy a rentar la casa –en este país y a mi edad imposible tener empleo- no tuviste el privilegio de ser “cincuentona” como una vez me dijiste para ver crecer a tus hijos; pero a cambio tampoco tienes la angustia que muchos amigos están pasando porque todo el país se está desmoronando.


Hablando de sobrinos, además de los últimos tres de Enrique, ya Silvis se convirtió en mamá, o sea, nuestro "sobrinerío" de primer y segundo grado, va aumentando. Me visita con frecuencia Kay y ha venido su hermano Tlaca, que por cierto se han puesto muy guapos. Los hijos de Ixchel son tres, vinieron en diciembre y todos ellos han sido destinatarios de juegos de Iñaki, que me dio permiso de regalarlos, con la única condición que se los diera a niños que sepan dar las gracias y fueran tan felices como él fue cuando jugaba con esos.


Como te dije antes mi amor, el tiempo ha reparado mis emociones [1]; pero no puedo dejar de llorarte, de extrañarte. Al igual que en su momento lo hizo tu abuelo, mi hermano tu tío Enrique, habló conmigo varias veces, me agradeció muchas cosas y de alguna manera me dijo que le “echara un ojito a sus hijos”. Al final cumpliendo su voluntad quedó en el mismo sitio donde está tu abuela y aunque no lo creas esas visitas, fueron algo así como el principio de esta nueva etapa de mi vida.


A veces es difícil entender los designios de Dios, este año no pondré flores en la iglesia, no tengo dinero y me ganaron la fecha, tampoco regalaré separadores de libros a hermanos en la fe que ni te conocieron, -porque la iglesia ha crecido como no te imaginas- y si acaso desayuno con alguien será con quien te recuerde y te extrañe como yo lo he estado haciendo estos últimos seis años, sin tu presencia física, pero con la imagen clara de un ser humano, al cual todos, empezando por Dios, amamos. Contigo en brazos, acepté con emoción la existencia de Dios y la labor redentora de su hijo, ese hijo al cual una madre vio sufrir y fallecer, ese  hijo por cuya vida es que tú te has salvado, ese Cristo que por medio del Espíritu Santo me da fuerza para esperar el momento en que habremos de reunirnos de nuevo.


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 [1] Nota de mi carta del año pasado: El tiempo mí amor ha reparado mis emociones; por el perdón ya no derramo lágrimas evocando a quienes me impidieron estar contigo en tu último suspiro. Dios, la salvación de su hijo y la experiencia que me pediste enseñara a tus hijos en mi casa, me recordaron que Él nunca se equivoca, que no es un Ser de improvisaciones y que para aquellos que somos parte de sus planes la promesa de la resurrección, es tan real que a la muerte de un cristiano se le llama “dormir”.

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