​Optimistas bien informados

Lluís Rabell
Traductor, activista y político

¿Cabe ser optimista en cuanto al devenir del conflicto catalán? Un viejo chiste soviético decía que los pesimistas no eran sino optimistas bien informados. Así pues, si no hay ningún contratiempo de última hora, el próximo día 26 se reunirá la mesa de diálogo pactada entre el PSOE y ERC. Pedro Sánchez y Torra encabezarán sendas delegaciones: una, representando la pluralidad del gobierno de España; otra, comprimiendo a duras penas la división que reina en el mundo independentista. No es razonable esperar resultados a corto o medio plazo de ese espacio de diálogo. Su principal mérito consiste en existir, que no es poca cosa. Sobre todo por una razón capital, que supone un cambio de paradigma respecto al enfoque negacionista y judicializado, mantenido por los anteriores gobiernos del PP: la mera existencia de esa mesa significa el reconocimiento de que nos hallamos ante un problema de naturaleza política, que como tal debe ser tratado.


Encuentro PSOE ERC pacto investidura


Por eso es tan importante que la mesa se constituya. Y por eso va estar tan amenazada por parte de quienes, a uno y otro lado, cuentan con que una estrategia de tensión pueda reportarles beneficios electorales y, al cabo, poder. Es el caso, clamoroso, de la derecha española, PP y Ciudadanos, espoleada por una extrema derecha que ha identificado en el rechazo a la agitación independentista uno de sus principales vectores de crecimiento. Pero es también el caso de la derecha legitimista catalana, galvanizada en torno a Puigdemont, en despiadada competición con ERC por la hegemonía del campo soberanista – y el control de unas instituciones autonómicas cuyo administración, recursos y presupuesto suponen disponer de preeminencia política y de influyentes redes clientelares. La mesa de diálogo es percibida como una iniciativa de ERC y, tarde o temprano, asistiremos a diversas maniobras para hacerla saltar por los aires, a fin de “demostrar” la imposibilidad de negociar nada con España. La descabellada pretensión de Torra de incorporar un mediador internacional no es más que un anuncio de lo que vendrá.


Por todo ello – y por la complejidad y enquistamiento del problema territorial – resulta tan importante preservar ese espacio… como avanzar en otros ámbitos que, sin resolver la cuestión de fondo, pueden generar una atmósfera favorable, rebajando tensiones e incidiendo en la vida cotidiana de la ciudadanía. Ver a los dirigentes condenados empezar a disfrutar de beneficios penitenciarios tiene un efecto balsámico. Una reforma del Código Penal que permita tipificar adecuadamente los hechos de 2017, puede ser el camino idóneo para atender a la situación penal de estos líderes desde el respeto al Estado de Derecho. Algo fundamental, pues, sin reconducir este entuerto, es impensable que prospere una negociación. Del mismo modo, será vital que en esta etapa se produzcan avances en materia de financiación autonómica, de traspasos competenciales e inversiones del Estado, cuestiones para las cuales las comisiones bilaterales o los encuentros de representantes autonómicos se antojan los marcos más adecuados. Tarde o temprano habrá que llegar a discutir de un reconocimiento pleno de la realidad nacional catalana y de un reparto equilibrado del poder territorial.


La independencia no puede ser objeto de un acuerdo, aunque tampoco debería ser proscrita como un objetivo alcanzable por vías constitucionales. A su vez, habrá que explorar las potencialidades de desarrollo federal del marco autonómico o su reforma. Al final, las urnas deberán refrendar un nuevo pacto de convivencia de la sociedad catalana, hoy dividida, y el encaje en una España reconciliada con su diversidad nacional. Una perspectiva mucho más razonable que el de consultas binarias, a cara o cruz y desgarradoras, como el Brexit. El camino será largo –-tardaremos años en recorrerlo-- y estará sembrado de minas. Pero la democracia deliberativa y el pacto son mucho más adecuados para resolver cuestiones complejas como ésta. La vía de la razón democrática frente a tentación nacional-populista. ¿Optimistas? Mucho dependerá del esfuerzo de las izquierdas para que prevalezca el primer término de tal disyuntiva.

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